Cuando tu empresa es la que decide si mantienes la baja: "A la Junta le interesa que trabaje esté como esté"

Días después de la denuncia de un albañil que acude al 'tajo' en el Hospital de Jerez con bastón, otro compañero cuenta que se reincorpora como fontanero aunque no puede levantar un brazo. "Hay un montón de compañeros en la misma situación, ellos no miran nada"

Juan Marisca, el fontanero del SAS que denuncia su situación en el Hospital de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA
Juan Marisca, el fontanero del SAS que denuncia su situación en el Hospital de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA

Juan Mariscal no es el único. Su compañero Ismael Calvillo explicó días atrás que acude a trabajar con bastón al hospital de Jerez y el SAS le amenaza con el despido. En el caso de Mariscal, fontanero con 40 años trabajando para el servicio de salud, primero en el Hospital de Cádiz y luego en Jerez, la amenaza no es tal, pero sí vive un calvario por trabajar, primero, encadenando operaciones en las manos y ahora con una lesión en un músculo que le impide subir el brazo por encima del hombro.

"Llevaba tiempo con dolores. En una resonancia se vio que tenía una fractura en el supraespinoso". Apunta a una caída de una escalera en 2019, en el trabajo. "No lo declaré, me quedé enganchado en un techo, pero en el momento no noté nada". En cualquier caso, que sea un accidente en el trabajo no es explicación ni causa de su problema.

"Mi problema es con la UMVI (Unidad médica de valoración de capacidades). En julio tuve un juicio y estoy a la espera, porque en Cádiz, donde fui para que me vieran por la baja que tenía de los dolores, el médico me sentó en una silla, me preguntó mi nombre, dónde trabajaba y me dijo que me fuera. Cuatro días después tenía un mensaje de que me habían dado de alta", denuncia.

Isamel Calvillo, compañero de Juan Mariscal, que vive una situación similar. FOTO: MANU GARCÍA

Primero, con los problemas en sus manos, en ambas, por el síndrome del túnel carpiano, "me dieron el alta en su día con los puntos todavía. Me llegaron a decir que no me daban la baja hasta que estuviera a las puertas del quirófano. Se me llegaban a caer las herramientas". Ahora, a sus 62 años, con los problemas en el hombro, ha experimentado lo mismo. "El lunes o el martes tenemos unas obras en la cocina del hospital. El 90% de las tuberías van por el techo, y yo no puedo levantar el brazo. En cuando tenga que hacerlo, estaré en las Urgencias". Porque va más allá. "Hay un montón de compañeros con la misma situación, pero no lo denuncian en los medios, que yo no lo había pensado hasta ahora".

En el fondo, lamenta que por trabajar en el SAS no se le trata con ningún tipo de privilegio, sino todo lo contrario. "Las empresas tienen sus mutuas. El nuestro es el propio Servicio de Salud, es la Junta, que es lo mismo. Lo que les interesa es echarme a trabajar, dar altas por un tubo, esté como esté. Hay infinidad de compañeros así".

Mariscal explica que no quiere ni incapacidad ni adaptación. "Lo que quiero es que me curen. Si me adaptan el puesto de trabajo, al final acabas perdiendo dinero, porque no haces guardia, noches. Es mucha la diferencia. No quiero venirme a casa. Yo no quiero ir allí a pedir un favor y decir mira el dolor que tengo, echadme una mano. Aquí, de eso, olvídate. Las cosas no son de esa manera".

Mientras tanto, deberá seguir trabajando. "Es un riesgo de accidentes, para mí y para el compañero que tengo al lado. El martes tenemos que trabajar para una cocina entera nueva. De los veteranos, solo estamos dos esta semana por las vacaciones, el resto son chavalotes nuevos, así que nos mandan a nosotros. Esta gente no mira que te queden dos años o tres para jubilarte, nada".

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