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Rafael y Enrique son pareja desde hace treinta años y miembros fundadores de Jereslesgay.  Ambos rozan los sesenta años, padecieron la represión de la dictadura y la evolución hacia la consecución de derechos durante la transición y la democracia. Hace justo una década pudieron contraer matrimonio, uno de los grandes avances en derechos sociales que se han producido en España. 

El 30 de junio del 2005 fue aprobada la ley del matrimonio homosexual en España, convirtiéndose así en el cuarto país del mundo en reconocer este derecho. Desde entonces cada año, en los Juzgados de Jerez contraen matrimonio entre 15 y 20 parejas a las que se suman los enlaces civiles celebrados o tramitados por el Ayuntamiento. Rafael y Enrique, residentes en Jerez, fueron una de las primeras parejas homosexuales en dar el paso y ejercer su derecho. Rafael reconoce que la ley fue aprobada por un partido al que él ni siquiera vota, aunque es cierto que durante su mandato hubo muchos avances en igualdad y derechos sociales. “Cuando fue aprobada recuerdo que tomé una bocanada de aire y dije por fin nos podemos casar, pero no por nosotros como pareja, que después de veinte años nos considerábamos totalmente una familia, sino por el logro alcanzado”. Enrique aclara que les parecía injusto que el día que uno de los dos faltase -a diferencia de las parejas heterosexuales- el otro no tuviera derecho a lo que con tanto esfuerzo y trabajo han conseguido tener como su casa, “por eso sentimos un gran alivio al casarnos”.

Ambos de origen madrileño y asentados en Jerez, se conocieron hace treinta años en casa de unos amigos y “todo surgió como en cualquier pareja”, relata Rafael. Conviven desde el año 89, y desde un principio fueron aceptados por la familia del otro y tratados como una pareja más. Por motivos laborales se trasladaron a Jerez, en cuyo centro histórico han establecido su hogar. En cuanto la ley fue aprobada empezaron a planear su boda. El 21 de octubre del 2006 contrajeron matrimonio en la Bodega Doña Lola, “muchos amigos aún la recuerdan porque fue muy participativa”, evoca Rafael con los ojos brillantes. 

“Siempre hemos llevado una vida de pareja completamente normal. Cuando nos damos a conocer la gente no nos discrimina, en parte, gracias a la buena reputación que hemos ganado en nuestros trabajos -Rafael es trabajador social y Enrique enfermero-, aunque no sabemos si nos criticarán a nuestras espaldas. Nos suelen decir que es una pena que seamos gays”, cuenta Rafael, el más extrovertido de los dos. A algunos también les parece extraño que mantengan una relación sentimental desde hace tres décadas, pese a que tienen muchos conocidos homosexuales que también llevan décadas juntos. El secreto, dice Enrique, no existe, "como en todas las parejas, para que no se rompan cada uno tiene que tener su espacio y respetarse”.

Homofobia y pleno derecho a ser padres y madres

Rafael fue consciente de su homosexualidad a los 15 años, cuenta, “lógicamente quería morirme, pensé que era un castigo de Dios, me sentía fatal”. Rafael y Enrique han vivido cómo a finales de los años 70, la Guardia Civil y la Policía les podían denunciar "por provocar, aplicando la ley sobre peligrosidad y rehabilitación social -aprobada por el régimen franquista-, cuando estaban mirando escaparates en la Gran Vía”, rememora Rafael, aunque sabe que han sido muy afortunados porque sus familiares nunca les han rechazado. Puntualiza que no han sido héroes siempre, que han ido avanzando muy poco a poco. “Admiramos a los jóvenes de ahora, que son muy valientes y van dados de la mano, lo que nosotros no hacemos ni estando casados. Yo no tengo necesidad de visualizarme meramente por ser folclórico, no necesito decirle a nadie que soy maricón, necesito decírselo a quien no lo entiende”, apostilla Rafael.
A los pocos años de estar asentados en Jerez, en el año 2000, esta pareja fundaría junto a otros miembros la asociación Jerelesgay, con el fin de contribuir al “respeto de la sociedad a la diversidad sexual y en la consecución de los derechos de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales en la comarca de Jerez de la Frontera”. Ambos opinan que, en general, la ciudad de Jerez es "muy cerrada", y que en ella "hay mucha homofobia", pero "como en otros lugares". “En Madrid también existe discriminación, pero al ser una ciudad muy grande puedes vivir más libremente”, afirman. 

"Jerez es muy cerrada y hay mucha homofobia, pero como en otros lugares"

Según explican, a la asociación llegan demandas de comentarios y actos homofobos por parte los profesionales de los centros escolares y las universidades donde son rechazados y llegan a producirse enfrentamientos. “Discriminan a los chicos por el mero hecho de tener pluma, lo que no significa que sean homosexuales”. En el siglo XXI aún hay muchos jóvenes que no salen del armario por miedo. En ocasiones los propios familiares intentan mantenerlos ocupados inscribiéndoles en actividades de todo tipo porque no lo asumen, cuentan y se lamentan de que los recursos de la asociación son muy limitados, “lo q hacemos es asesorar, mediar y hacer ver a la gente que deben respetarnos”.

“Discriminan a los chicos por el mero hecho de tener pluma, lo que no significa que sean homosexuales”

En cuanto a la paternidad, Rafa y Enrique llegaron a plantearse la adopción mucho antes de casarse, pero desistieron ante las trabas que se encontraban. Ahora que legalmente podrían hacerlo se sienten muy mayores para criar hijos. Sin embargo, reclaman la igualdad de derechos para las mujeres lesbianas a las cuales la Seguridad Social no les cubre la inseminación artificial. Asimismo, creen que debería haber medios para que una pareja compuesta de dos hombres o de dos mujeres pudieran tener hijos biológicos. En el caso de los hombres pueden recurrir a la a paternidad subrogada, optando por un vientre de alquiler, pero en España el procedimiento es ilegal y llevarlo a cabo en el extranjero conlleva un coste muy elevado. “Seguimos sin ser considerados una familia como las demás”, concluye Enrique.

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