La cara Hache

Donar sangre

“Se necesita sangre de todos los grupos. Done sangre en centro de transfusión…” Eso es lo que decía el mensaje de texto que recibí hace unos días por parte del Centro de Transfusión Sanguínea de Sevilla.

Esta vez voy a ser breve. La semana pasada escribí un artículo sobre Alfred que tuvo bastante repercusión gracias a que el cantante se hizo eco del mismo. Ojalá este texto llegase aunque fuera a la mitad de personas. Sé que eso es casi imposible pero quiero hablar de algo que me parece fundamental. Soy donante de sangre y es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Una decisión sencilla pero que significa mucho.

Quiero hacer hincapié en que para mí se trató de una decisión sencilla. Me sorprende que para algunos no lo sea. Sé que cada uno es de su padre y de su madre, que las opiniones son respetables y que el miedo a veces no permite hacer determinadas cosas. Cuando recibí el mensaje sentí algo de impotencia porque hasta dentro de un mes no puedo volver a donar. Y recordé algunas de las frases que he escuchado sobre la donación de sangre. “Eso duele mucho”, “es una locura”, “qué asco” o “yo no querría una transfusión de sangre de una persona con una orientación sexual diferente a la mía” son algunas de las palabras con las que algunos se han referido a esta práctica.

Lo del pánico a las agujas es comprensible. Aun así sé que hay quien teniéndolo no ha dudado en pasar ese mal rato para ayudar. Pero lo de que es una locura o el asco que les produce a algunas personas lo de donar no me entra en la cabeza. ¿Es una locura salvar vidas? ¿Cómo puede dar asco algo que lo único que hace es el bien? ¿Cómo se puede mezclar algo como la salud con la ideología o la orientación sexual?

No hay que obligar a nadie a hacerse donante. Ni de sangre, ni de plasma, ni de médula, ni de órganos. (Aunque he de confesar que a veces se me pasa por la cabeza que debería ser obligatorio para quienes cumplen los requisitos). Pero quiero poner mi granito de arena con estas palabras por si a alguien le hacen reflexionar y se anima a hacerlo. Un pinchazo puede salvar vidas, y nunca se sabe si un día te hará falta a ti.

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