Festival de Jerez

Domesticar lo salvaje

Fuensanta La Moneta homenajea a su tierra con 'Granada. Solo tiene salida por las estrellas' exhibiendo su baile racial y primitivo bajo un supuesto halo de intelectualidad que no conecta

Desde De entre la luna y los hombres hasta Granada. Solo tiene salida por las estrellas ha pasado una década. Desde aquel primer espectáculo en solitario de gran formato que presentó Fuensanta La Moneta, con la dirección escénica de uno de los fundadores de La Fura, Hansel Cereza, hasta la producción que ha traído al marco del XXIII Festival de Jerez han transcurrido diez años en los que, lejos de aclarar ideas y depurar sus propuestas, la bailaora y coreógrafa granadina, temperamental e indómita en sus replantes, ademanes y escorzos, reincide en aportar una cáscara de supuesta intelectualidad a sus montajes. Algo que, visto luego su baile al desnudo, se le adivina totalmente ajeno a sus pulsiones y a la puesta en escena.

En este montaje insiste en no corregir los defectos de aquel trabajo, con la diferencia de que su danza tribal se vuelve más discreta que la que le recordamos entonces. Perdida en transiciones interminables para los cambios de vestuario y más preocupada por las marcas y el aplauso por la vía rápida —especialmente en los sucesivos replantes de la larga intro por bulerías— que por trascender y regar el escenario de verdad. Poco hay que decir de la flagrante desconexión entre lo que se plantea en la literatura del espectáculo y lo que realmente, y de forma previsible y más o menos tediosa, sucede en escena: una correlación de cuatro números coreográficos comandados por el baile racial y de tripas de La Moneta e intercalados por piezas (eternas en algún caso) netamente flamencas de cante y guitarra —incluido el homenaje al Camelamos naquerar del maestro Mario Maya en los bordones de Paco Cortés—.

De fondo, unos collages y un mapping con ínfulas que en ningún momento conectan con lo que sucede en las tablas (ni, por extensión, con el que suscribe) y que, se supone, evoca a la intelectualidad de la tierra natal de la protagonista de la función. Quizás el fallo sea ese: querer expresar la danza flamenca en el sentido más primitivo y salvaje, el fuego que se vivía en las cuevas del Sacromonte —hoy parque temático de tablaos— revistiendo ese deseo, de forma tangencial, de pieles que no abrigan y alimentos que no sacian. Querer y no poder con recursos escénicos demodé (ese recitado en off del final tan naïf) y una estructura pretendidamente teatral que, desgraciadamente, hace aguas. Y cosas como esa, en lugar de engrandecer su baile, acaban por fagocitarlo.

Como cantan en el arranque con la Habanera imposible, de Carlos Canos, Granada, no tengas miedo de que el mundo sea tan grande”. Un corazón bailaor enorme no le falta a La Moneta, y es justo valorarlo, pero quizás sí adolece de una mano que le ayude mejor a ordenar sus ideas o que, por el contrario, y más sencillo, le aconseje ser ella misma. No será poco.

Fuensanta La Moneta.
‘Granada. Solo tiene salida por las estrellas’ (*)
Baile: Fuensanta ‘La Moneta’. Cante: Mercedes Cortés, Ismael de la Rosa ‘El Bola’ yTomás García. Guitarra: Álvaro Martinete y Víctor Tomate. Colaboración especial: Paco Cortés. Baile y palmas: Raimundo Benítez, José Cortés ‘El Indio’. Dirección: Fuensanta La Moneta. Coreografías: La Moneta y Raimundo Benítez. Puesta en escena: Sara Molina. Iluminación: Diego Padín. Guion: Teresa Vílchez. Vestuario: José Tarriño y Viki Noguer. Día: 6 de marzo de 2019. Lugar: Teatro Villamarta. Aforo: Tres cuartos de entrada.

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