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'Camarón, más allá de la leyenda' reúne en Madrid, dentro de un atestado patio de Conde Duque, a familia y músicos del llamado 'nuevo flamenco' que merodearon al genio de La Isla. Hora y media de emotivo y honesto tributo a una figura clave de la música española en el 25 aniversario de su muerte.

‘Camarón, más allá de la leyenda’ reúne en Madrid, dentro de un atestado patio de Conde Duque, a familia y músicos del llamado ‘nuevo flamenco’ que merodearon al genio de La Isla. Hora y media de emotivo y honesto tributo a una figura clave de la música española en el 25 aniversario de su muerte.

Como prometió el saxofonista y flautista Jorge Pardo en la previa, fue una gran fiesta en un desgraciado día. El músico madrileño, íntimo colaborador del genio de La Isla y miembro activo de la inicialmente incomprendida revolución que supuso La leyenda del tiempo, se encargó de ejercer como director de orquesta de un sentido y familiar homenaje que la capital de España, a la que arribó Camarón hace casi 50 años para hacerse fijo en el tablao de Torres Bermejas, rindió a este icono de la música española. En el patio central de Conde Duque, con numerosísimo público en el interior y con muchos aficionados en la calle ansiosos por hacerse con una entrada, después de colgarse el no hay localidades, los grandes músicos que rodearon a la Leyenda y gran parte de su familia, encabezada por sus tres hijos Gema y Rocío (voces) y Luis (guitarra), ofrecieron hora y media larga de recital netamente camaronero. 

Volvía el fuerte calor a Madrid al caer esta tarde de 2 de julio y, aun así, el rostro de José Monje Cruz en blanco y negro que presidía el escenario del centro cultural helaba a muchos de los congregados alrededor de la efeméride. 25 años sin Camarón y, en cambio, su efigie tan presente. Con su estirpe en las tablas, y con otros compañeros que emprendieron aquel viaje disruptivo que removió los cánones clásicos del flamenco, Camarón se hizo más presente que nunca. Sin que muchos supieran en muchos momentos, como decían los versos de Rafael Fernández ‘El Nene’, si está viviendo en el cielo, si está vivo o si está muerto. Todo empezó con un antes y un después. Fue el que marcó La leyenda del tiempo, que volvía a ser representada, como dijo Pardo, tras un único concierto hace 40 años después de que los discos se devolvieran a las tiendas y apenas se despacharan 5.500 copias del LP. Sonó como se le recuerda, como un himno marca de la casa Camarón, tan clásica a la par que rabiosamente moderna.
A los vientos más jondos del panorama flamenco, se unió otro instrumentista mítico de aquel disco, el percusionista brasileño Rubem Dantas, así como otros dos miembros de un póker de artistas del llamado nuevo flamenco. Intérpretes sin precedentes en el género, como son el bajo de Carles Benavent y la batería de Tino di Geraldo. Los cuatro sostuvieron con su habitual solvencia y buen hacer la trastienda musical de un directo, Camarón, más allá de la leyenda, sin demasiadas florituras ni artificios, pero que fue muy efectivo en su propósito: honrar con la máxima honestidad y humildad posible la honda memoria de un cantaor universal e inmortal. El himno de la noche se extendió para presentar a los integrantes del espectáculo y, rápidamente, dieron paso a aquel Romance de la luna de Lorca que aflamencó el cantaor cañaílla reconcentrando el alma y el espíritu de la etnia calé. Un mix de tangos camaroneros (Como el agua, Rosa María, Nuestros sueños, Caminando, Te lo dice Camarón…) dio paso a una ronda de fandangos y a que Bernardo Vázquez, el otro integrante del trío cantaor, y el que más peso soportaba sobre sus espaldas de todo el elenco, interpretará una seguiriya de Paco de la Luz y aquellas Campanas del alba.

“Estamos muy ilusionadas, pero a la vez muy tristes por el día que es hoy; y sentimos mucho que tanta gente no haya podido entrar. Queremos mandar mil besos al cielo para él”, dijo Gema Monje para saludar a tantos aficionados de la capital arracimados en torno a la llorada figura de su padre. Uno de los que le conoció bien fue el mencionado Jorge Pardo, que tuvo espacio para marcarse un solo de flauta en el que casi se deja los pulmones. Fue aquella taranta que, como él mismo explicó, le enseñó Camarón. Unos minutos con aires de Levante en Conde Duque de los que el músico logró salir airoso y que al respetable pareció partir en dos. Como cada integrante del elenco prácticamente tuvo su minuto de gloria, luego llegó el turno de Dantas, Benavent y Di Geraldo, que interpretaron en clave instrumental la bulería por seguiriya Dicen de mí, una premonitoria letra de Rafael Fernández ‘El Nene’, con música de su hermano Diego Carrasco, que Camarón incluyó en Soy gitano (1989); y que, a la postre, se ha convertido en un esperanzador réquiem: “Dicen de mí/ay que si yo estoy vivo o muerto/Y yo les digo, les digo y digo/Mientras mi corazoncillo hierva/voy a vencer a mi enemigo”. En esta versión libérrima de Benavent, Dantas y Di Geraldo incluso sonaron falsetas de otro genio del flamenco que se fue de forma prematura: Manuel Moreno Moraíto.

Antes del cierre definitivo, las bulerías La luz de aquella farola, Volando voy y José Monje Cruz, una canción por bulerías de Diego Carrasco que sirve de celebración de ese Camarón eterno, de ese José siempre tan ¡presente!, dejaron claro que, aunque Camarón rechace imitaciones, ha dejado un poso enorme en el patrimonio jondo contemporáneo y en esta cadena genética de un arte con 200 años de historia documentada. Como bis de esta noche para preservar la memoria, los tangos Soy gitano, otro de los grandes hits del astro de La Isla, significaron el éxtasis para los trece artistas congregados en torno a la cita y para un público que, rendido, ya no tuvo más remedio que terminar (en sentido figurado, claro) por romperse la camisa. 

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