OpiniónConversaciones con mi abuela

Deuda de gratitud con Mercedes Formica

Hace tiempo que vengo dándole vueltas a escribir algo sobre una mujer cuya figura y legado generó una gran controversia hace un par de años en sendos ayuntamientos del mismo color político. Así, mientras el consistorio madrileño gobernado por Manuela Carmena le daba el nombre de Mercedes Formica a una calle en su plan de revisión del nomenclátor franquista, meses antes, el ayuntamiento gaditano había retirado su busto de la Plaza del Palillero y lo trasladó al interior del Centro Integral de la Mujer. Unos la ensalzan y otros la esconden. Ambas decisiones generaron polémica, como no podía ser de otro modo en un país y un tiempo en el que cada día más juzgamos las decisiones políticas no por su justicia y razón, sino por el signo político de quien las toma.

Pero, ¿quién fue esta controvertida gaditana?

Mercedes Formica fue una jurista y novelista afiliada a la Falange que, sin embargo, y contra la ideología de su partido que defendía un ideal de mujer abnegada, sometida, fiel al movimiento y nacida para ser esposa y madre, acabó convirtiéndose en una firme defensora de los derechos de la mujer. Y ello a raíz de conocer que un hombre iba a quedar impune de haber asesinado a su esposa de doce puñaladas. Tras el crimen, Formica publicó un artículo: El domicilio conyugal, que generó un intenso debate en la sociedad franquista. Posteriormente, se entrevistaría con Franco y, gracias a su lucha, consiguió que se reformase el Código Civil de 1958, un corpus legal inhumano e injusto que  obligaba a la mujer a permanecer en el domicilio conyugal aunque el marido la moliera a palos bajo la amenaza de perder a sus hijos si lo abandonaba.

Como historiadora y persona de izquierdas, rechazo profundamente el falangismo, ideología en la que se apoyó el golpe de estado que acabó con el gobierno legítimo de la República y, durante cuarenta años, sustentó un durísimo sistema represivo que se ensañó con los ‘desafectos’. Y Mercedes Formica estaba afiliada a la Falange desde antes del golpe de Franco. Entonces, ¿qué debe pesar más para mí? ¿Su pasado falangista o su legado feminista? ¿Debo condenarla por ser falangista o defenderla por conseguir un gran avance para las mujeres?  Complicada tesitura.

Soy de izquierdas, pero soy mujer. Antes fue lo segundo que lo primero. De ahí que tenga una deuda de gratitud con Mercedes Formica. Por feminista y a pesar de ser falangista

Crecí creyendo que era una pena haber nacido mujer, —tú, abuela, en tu desconocimiento y tu dolorosa experiencia, solías quejarte de ello muy a menudo—. Me sacudí esa idea tóxica gracias a las lecturas feministas y la compañía y la experiencia de grandes mujeres. Y es por ese peso muerto que arrastré durante años, que hoy me siento obligada a defender a Mercedes Formica. Obligada a defender a cualquiera que luche por las mujeres, la mitad del mundo a la que, sin embargo, se le sigue escatimando una buena parte de él.  Flaco favor le estaremos haciendo a la causa feminista si condenamos al ostracismo a cualquiera, de derecha o de izquierda, que nos haya defendido. Lógicamente, hay excepciones, pero, por lo que sé de esta mujer, no creo que sea autora de crímenes de ‘lesa humanidad’ como para incluirla en ellas.

Somos hijos e hijas de nuestra historia, y albergamos toda una gama de matices entre el blanco y el negro, entre la heroicidad y la infamia. Algunas personas son capaces de trascender sus circunstancias, —y Formica lo hizo cuestionando sus propias ideas y enfrentándose a los valores y la convicciones sociales de toda una época— y luchar para mejorar la sociedad que heredaron. Otras, la mayoría, ni se lo plantean. Por eso, sería muy injusta si no le reconociese a esta mujer lo que hizo por la causa feminista, —no solo contribuyó a reformar el Código Civil sino que montó un despacho de abogados allá por los años sesenta para defender a las mujeres maltratadas o a las que habían decidido separarse—. Tanto, como si, paralelamente, no condenara su afiliación política.

Soy de izquierdas, pero soy mujer. Antes fue lo segundo que lo primero. De ahí que tenga una deuda de gratitud con Mercedes Formica. Por feminista y a pesar de ser falangista.

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