Cultura

Dani de Morón: “Sentirte libre es maravilloso, aunque pagues la cuota de autónomo”

Descubrió su amor por la música con la Mega Drive y, después de casi 25 años tocando, ha “digerido” que cuando no tiene una guitarra entre las manos “es absurdo no poder mantener una conversación” porque suene música en su cabeza

Cuenta Dani de Morón, que en realidad es Daniel López Vicente (Sevilla, 1981), que la guitarra se convirtió casi en una obsesión desde que cayó en sus manos a cuenta de un amigo de la familia, hoy en día su ingeniero de sonido, Domi Serralbo; y también cuenta que siempre soñó con tocar el piano pero que al vivir toda su vida en Morón, donde tener una sonanta bajo el brazo puede ser tan natural para un niño como que tu madre te mande a por el pan, tenía que ser guitarrista flamenco. Cuenta Dani que la musiquilla de los himnos de los juegos deportivos de la Mega Drive —la consola de toda una generación a camino entre lo analógico y lo digital—fue la que le despertó la curiosidad por la música y lo que no cuenta, porque es humilde sin aparentar serlo, es que es dueño de una guitarra cuántica, que puede encontrarse en un sitio y a la vez en todos los lugares del universo flamenco. Puede lucirse como solista de ensueño y, al mismo tiempo, puede ser gregaria de cualquier garganta de relumbrón.

Es lo que logra Dani de Morón en 21, su tercer trabajo de estudio en el que ha grabado algo inédito hasta ahora en el flamenco, un guitarrista rodeado de once cantaores y cantaoras, una grabación, además, con alguno de los más grandes y mediáticos del momento. En el disco se encuentran con sus seis cuerdas El Pele, Miguel Poveda, Duquende, Estrella Morente, Jesús Méndez, Rocío Márquez, Arcángel, Pitingo, Marina Heredia, Antonio Reyes y Esperanza Fernández por soleá, guajira, seguiriya, fandangos, tientos, tangos, bulerías, malagueñas, abandolaos, bulería por solea y cantiñas. El álbum finaliza con una granaína del moronero en solitario.

¿Cómo empezó todo?

Creo que la guitarra llega como llegan las cosas a tu vida, uno intenta ser futbolista, tenista torero…, yo no, pero sé que pasa… quieres parecerte a tus ídolos. Yo realmente llego a la música a través de la vídeo consola de moda de la época, la Mega Drive, en la que tenía juegos de baloncesto y de fútbol que me gustaban y donde sonaban los himnos nacionales que intentaba hacer con un teclaíto que me regalaron mis padres. Y eso me hace llegar al conservatorio con once años, con la particularidad de que en aquella época en el primer año se estudiaba solfeo y el instrumento no se cogía hasta segundo. Tenía la intención de tocar el piano, pero curiosamente el ingeniero de los tres discos que llevo, Domi Serralbo, es muy amigo de la familia y como no tenía un teclado para dejarme se presenta con una guitarra, decidiendo lo que pasaría después. Empiezo a dar clases de guitarra clásica y no me enganchaba, pero al año siguiente dejé el conservatorio y di clases con un guitarrista de Morón, alumno a su vez de Manolo Morillo, uno de los contemporáneos de Diego del Gastor, y nace toda la ilusión que no había tenido nunca en la música al ver solo partituras y papeles, exactamente la misma ilusión como cuando iba a jugar al fútbol en el Morón. 

¿Qué significaba entonces y qué significa ahora para usted la guitarra?

No entiendo en ese momento que aquello es un instrumento importantísimo para nuestra cultura, o que es una forma de dialogar con otras músicas del mundo, no entiendo nada de eso, lo veo todo natural como un niño hasta que llego a entender lo que representa, cómo nos proyecta a los andaluces aunque sea un instrumento de todo el mundo, la personalidad que tiene la guitarra, entiendo el peso que tiene ser guitarrista flamenco en el panorama musical, y sobre todo, y no tengo la menor duda, se convierte en una forma de hablar. Hasta que me operé de miopía con 23 años, tenía una timidez tremenda, y esto era una forma de expresar cosas. Para mí la guitarra es otra forma de hablar y de comunicarme con los demás.

¿Partía de tradición musical en su familia?

Mis padres son aficionados al flamenco, más que a otro tipo de música, pero no hay más tradición musical en mi familia. Cuando sacamos el otro día el disco en vinilo —21 también se ha editado en este formato—, mi padre se puso a desempolvar vinilos y tenía auténticas joyas que no había oído porque hacía tiempo que en mi casa no tenía un plato; pero eso demuestra la afición que siempre han tenido, aunque no me hayan inculcado en principio eso. Eso sí, siempre me han apoyado.

Y la música siempre estaba ahí…

La música siempre estaba ahí. Hablo de un recuerdo, cuando no tenía más de tres años, y estaban mis padres en un recital allí en Morón y recuerdo la imagen de un hombre con una camisa blanca impoluta y su traje negro junto a una guitarra roja, que luego supe que era una Esteso, y oí a alguien decir “os dejo con el maestro…”. Luego se lo he recordado a mis padres y me decían, ostras, si eso fue Turronero con Enrique de Melchor. No fue nada, fue un flash, pero que me vino, por la guitarra roja tan característica de Esteso, cuando empiezo a tocar. Algo te hipnotiza por una fotografía que tienes en tu cabeza.

“Siempre que estudio el cante, analizo las líneas melódicas, y muy pocas veces me paro a escuchar la letra. Me cuesta mucho retener una letra”

Cualquiera diría al ver a once cantaores en su disco que es usted un cantaor frustrado.

No, no, para nada (risas). Me gusta el cante con locura y lo que más me gusta es tocar para cantar, pero nunca he intentado cantar. Siempre que estudio el cante, analizo las líneas melódicas, y muy pocas veces me paro a escuchar la letra. Me cuesta mucho retener una letra, muchísimo. Retener un texto que me estudie no, pero las letras sí porque siempre estoy analizando la línea melódica. Si me preguntas por una letra que me guste, podría pensar en miles o en ninguna, pero no tengo claridad para arrancarme en un sitio para cantar una letra.

En una entrevista, el maestro Balao decía que por la noche se despertaba con música en la cabeza. ¿Le ha pasado?

Sí, sí, hay veces que sueña uno y escucha una guitarra sonar muy bien; el sonido que tiene uno en la cabeza cuando estás soñando, o ahora mismo, es como una ilusión que tienes por plasmar eso en la realidad, pero poquitas veces pasa. Es el filtro que tienes ahí en medio y es lo que tienes que trabajar durante tantas horas para poderlo conseguir, poner en la guitarra lo que uno tiene en la cabeza.

Dani de Morón, en un momento de la entrevista con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

¿Cómo surge la idea de este disco?

La idea surge incluso antes de hacer los dos discos anteriores, en 2012 y 2015 cuando salieron, porque ya tenía en la cabeza hacer algo así, pero no tenía lógica aparecer en el panorama discográfico de esa manera. Seguí componiendo, a ordenar cosas que tenía, hago el primer disco y de ahí me pongo a componer el segundo, lo saco, y ya después sí dije, ahora es el momento de hacer esto. Ya podía contar con los que yo quería contar desde el principio, que eran ellos, que son los que están, creía que iba a tener interés para ellos por cómo se lo iba a contar porque no era que hicieran una letra o un tema mío, sino que sacaran un cante clásico para poderlo tocar a mi forma, nunca demostrar cómo es o cómo no es, porque eso es personal, pero sí que si decido cambiar algún acorde sea desde el conocimiento de lo que hay. 

¿Hay hoy en día muchas presuntas innovaciones desde el desconocimiento?

Creo que se nota mucho cuando algo se cambia desde el conocimiento a hacerlo sin tenerlo, más que nada porque te tienes que poner a dar explicaciones toda la vida. Cuando lo cambias desde el estudio y el conocimiento, y el trabajo, no tienes que explicar nada, se ve que el lenguaje se conoce. 

“Creo que se nota mucho cuando algo se cambia desde el conocimiento a hacerlo sin tenerlo, más que nada porque te tienes que poner a dar explicaciones toda la vida”

Cualquier guitarrista sueña con un disco o un recital como solista, usted es muy generoso al ceder, a priori, el protagonismo a grandes estrellas del cante.

La generosidad es que ellos hayan querido estar conmigo y, por otra parte, es algo que no se ha hecho nunca. Un cantaor es habitual que llame a siete u ocho guitarristas para que cada uno lo lleve a un mundo distinto, pero nunca un guitarrista se rodea de muchos cantaores para que lo lleven a un mundo distinto. Eso me pareció muy interesante y poderlo hacer y verlo hecho…

¿Qué es lo que le ha dado más satisfacción del trabajo?

Por un lado, la reacción de ellos, de estar contentos y satisfechos porque saben el trabajo que hay detrás de todo esto, y por otro, la satisfacción de que levantes el teléfono y vengan, y estén a todas y con toda su generosidad y máxima predisposición. Y por supuesto, la satisfacción de que cuando te propones algo para hacer, lo haces. No es ver para creer, hay que creer antes de verlo. Hay que creérselo de verdad y quererlo hacer para que pase, y las cosas pasan cuando hay trabajo detrás.

¿Qué hace cuando no tiene una guitarra entre las manos?

Bueno, hago muchas cosas, porque una vez me planteé que cuando tuviera la guitarra en las manos me concentraría al máximo en ella, pero cuando la soltase no la tendría en la cabeza. Siempre estás escuchándola porque esto es un lenguaje y es tu forma de vivir, pero me resultaba muy absurdo estar sin la guitarra en las manos y no ser capaz de mantener una conversación, te arruina la vida y se la complicas a quien tienes al lado. He conseguido equilibrar eso, todo lo demás depende de muchas cosas, pero esto lo he conseguido, lo he sabido digerir porque también uno cuenta con la guitarra o con su voz lo que uno vive y si uno no vive nada y está todo el día metido en un cuarto… que también lo estoy… (risas).

¿Cuál es el último vídeo con el que ha estado indagando en YouTube?

Lo último que estoy estudiándome es un disco de un pianista norteamericano, Robert Glasper. Es un disco en directo grabado por Capitol en Los Ángeles y es uno de los que estoy estudiándome mucho a partir también de esa grabación en YouTube.

Dani de Morón, en otro momento de la entrevista con este medio. FOTO: MANU GARCÍA.

¿Hay más información que nunca al alcance pero menos criterio y personalidad que antes?

Es una cosa curiosa. Cuando damos cursillos por ahí siempre digo lo mismo: el alumno ahora se cree que por tenerlo grabado en el móvil tiene la música que le han enseñado, y en verdad la última generación analógica, que puede ser la mía, recordamos clases cuando aún no teníamos grabadora en la que teníamos que salir corriendo a casa para recordar durante tres o cuatro horas lo que habías aprendido. En mi caso, primero, porque no quería que se me olvidara; y segundo, porque a mi padre le costaba dinero aquello y no iba a consentir que me diera mil duros para las clases y que a mí se me olvidaran las cosas. Sentía esa obligación con él y con mi madre. No me metían presión de ninguna manera pero me la creaba yo. Entonces, lo que hablamos de los medios, lo bueno es tenerlos todos pero con la mentalidad analógica. La memoria es la nuestra y hay que plasmar desde la cabeza, aunque a la hora de ordenar un disco, y soy un maquinita total en mi estudio, te ayude como herramienta. Pero al revés no funciona. Conozco a chavales que tienen toda la información, la de los cursos y la de todas las plataformas digitales que tenemos, pero no la tienen dentro, interiorizada.

La sobreinformación acaba desinformando…

Quizás sea a lo mejor más interesante mirarlo pensando en que mientras más conozcamos mucho mejor, pero tiene que haber una especie de filtro. Cuando mi gente me ve viendo un vídeo como el que te decía me dicen pero qué ves ahí, pues estoy viendo a la distancia que tiene el micro del piano, con cuántos micros se graba una batería, el porqué de esto y de lo otro… Hay que tener toda la información posible para después pasarla a tu terreno, aunque aparentemente veas algo que no tiene nada que ver en el flamenco. O cuando estudias una malagueña y decides cambiar ciertos acordes porque se te viene a la cabeza que algo más tiene que haber, y eso está en ti, no lo ves fuera.

¿Qué representa en su vida Morón?

Para mí en Morón está la figura de Diego del Gastor y de Paco del Gastor, el único guitarrista profesional de allí y un hombre que ha llevado una carrera brillante. Son los dos puntales y para mí llevarme tan bien como me llevo con Paco es un lujazo. Elijo vivir en Morón porque es donde quiero y para mí que la gente me dé los buenos días ya me hace sentirme reconocido. No quiero una estatua. La guitarra en Morón cae relativamente fácil en tus manos. Todo se lo debo a que mis padres no son de allí, pero se conocen en Morón. Mi madre es de Salamanca y mi padre es de la Lantejuela, pero se conocen allí, y eso hace más fácil entrar en este mundo. Diego del Gastor es alguien muy importante en la historia de la guitarra, transforma variaciones y las convierte en himnos con los pocos medios que había en ese momento, pero cuando pienso en Morón lo llevo con orgullo más por el hecho de que mis padres se conocieran allí que por la música que representa Morón.

Tuvo la oportunidad de participar en nueve conciertos de la última gira de Paco de Lucía. ¿Cómo fue estar cerca de Dios?

Es una persona maravillosa que te contagia ilusión. A la vista está cómo pasó sus últimos días: con proyectos en la cabeza. Te transmitía cosas geniales, todo era bueno. Es una persona que parecía mentira que hubiera andando por el mundo toda su vida, porque tenía ese espíritu que tiene la gente de Cádiz, parece como si no hubiese salido nunca de ahí, esa rapidez mental, esa picardía, esa forma de ver las cosas con sentido del humor… Lo que supone musicalmente es lo que todo el mundo puede saber.

¿Y qué frase se le quedó grabada?

Es que era todo en general. Me cuesta mucho quedarme con algo, era más el mensaje y era eso: la exigencia, la autoexigencia y, sobre todo, las ganas de vivir que te transmitía. Veías que cuando un hombre como él seguía con la ilusión de tocar, de estar, de viajar, de contar… imagínate lo que tendremos que hacer los demás.

Sobre Paco de Lucía: “Es que era todo en general. Me cuesta mucho quedarme con algo, era más el mensaje y era eso: la exigencia, la autoexigencia y, sobre todo, las ganas de vivir que te transmitía”

Como él, ¿usted también admite que mantiene una relación de amor-odio con la guitarra?

Es que la guitarra es muy injusta en ese sentido. Hoy que llevo todo el día de entrevistas y no la he cogido por la mañana, que siempre es cuando la suelo coger fuerte, pues ya parece que llevas sin tocar un año. Es un instrumento muy duro, que físicamente te exige muchísimo, hay que estar en una comunión total para poder contar algo con la guitarra, de ahí que entiendo que a mayor sabiduría y genialidad, mayor exigencia y autoexigencia.

“El flamenco de moda no envejece a lo flamenco, todo lo contrario”, dice Luis Clemente. El otro día se preguntaba Soleá Morente en una entrevista con este medio que por qué una flamenca no iba a poder hacer trap. ¿Usted qué opina?

Yo digo que lo que es moderno se queda antiguo. Las cosas buenas no tienen tiempo. Si alguien dice de algo es moderno, digo uf, peligro, porque se va a quedar antiguo. Es inherente. En cuanto a lo demás, por qué no va a poder hacerse. Lo que sí creo es que cuando un guitarrista flamenco se mete en otra música, si lo hace con conocimiento y con respeto, va a funcionar, pero siempre va a seguir sonando flamenco porque es su lenguaje aunque no quiera. Pero la moda no tiene mayor importancia, creo que uno debe intentar aprender de los maestros y de todo, también de otras músicas, y si se mete en algo tratar de aportar. La guitarra flamenca tiene tanta personalidad que, aunque uno se ponga a tocar con un cuarteto de jazz, va a sonar flamenca.

“Cuando un guitarrista flamenco se mete en otra música, si lo hace con conocimiento y con respeto, va a funcionar, pero siempre va a seguir sonando flamenco porque es su lenguaje aunque no quiera”

Y que suene a verdad, ¿no?

Claro, claro, eso siempre. Uno debe de hacer lo que siente de verdad, lo que pasa que si lo haces con conocimiento te vas a ahorrar muchas explicaciones, no tendrás que dar explicaciones nunca más, vas a hacer una cosa y se va a sostener por sí sola.

¿Cómo ha sido su relación con otras músicas? ¿Sobran prejuicios en el flamenco a la hora de ‘contagiarse’?

Yo intento vivir las cosas con naturalidad. En mí no está comprarme un disco de un jazzista porque me puede beneficiar, en mí está escuchar música de muchos géneros distintos, igual que hay géneros que no me trago. Pero me gusta escuchar música, no me supone ningún esfuerzo estar abierto a diálogos. Entonces, como prejuicios en mí no hay, pues intento entender que tampoco los haya en los demás. En lo que yo conozco y de lo que me rodeo siempre veo valentía, conocimiento y predisposición a hacer las cosas.

Otro momento de la conversación. FOTO: MANU GARCÍA.

¿Qué temperatura marca el termómetro flamenco?

Hay gente muy preparada en el flamenco, capaces de defender lo que hacen en cualquier entorno y, sobre todo, porque somos conscientes de que lo grande que tiene el músico flamenco es la intuición. Si tocas para cantar, tienes unos códigos y en dos segundos que abre la boca el cantaor intentas ponerte ahí para servirle. La guitarra está preparada para adaptarse a todo si el músico de verdad tiene esa forma de entender la música.

¿Quiénes son sus referentes actuales?

No sabría decirte quién no lo es, la guitarra goza de una salud enorme y decir un nombre se interpretaría como que el resto no lo son; y, además, viene una nueva generación con unos puntales que van contando muchas cosas. 

¿Dónde se ve el día de mañana?

Con la cabeza puesta ya en otra historia, y cuando acabe esa historia empezaré otra… esa inquietud es importantísima a la hora de hacer las cosas. Yo con que me dejen hablar y contar las cosas, y uno poquito a poco tenga más cobertura para hacerlo… Siempre he hecho lo que he querido y, aunque suene increíble, nunca he tocado algo que no me ha gustado. Sentirte libre es maravilloso, aunque pagues la cuota de autónomo (risas). La libertad no es hacer lo que te da la gana, es conocer tus limitaciones, saber hasta dónde puedes llegar, trabajar poco a poco y con ilusión, y ser como uno es. Pero, sobre todo, creo que el día de mañana la guitarra flamenca debe estar en sitios grandes porque es uno de los instrumentos del mundo a nivel expresivo más grandes.

¿Tanto elogio produce vértigo, exceso de responsabilidad?

Me abruma sentir tanto cariño de los compañeros. Uno nota que es verdad y no he sentido nunca ojana hacia mí. Y a la hora de hacer un trabajo como éste es cuando te das cuentas, no ha sido venga, tú ya me llamas, ha sido ahí estoy. El exceso de elogios y cariño te da cierto vértigo, pero no me mete presión a la hora de hacer cosas. Es una alegría que estas cosas pasen y luego intento estar a la altura de devolverles todo lo que me hacen sentir ellos.

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