Sociedad

Cumplir 18: la temida cuenta atrás para quedarse en la calle de niños y niñas que migraron solos

Andalucía Acoge inicia la campaña #Nomedejesenlacalle para recoger firmas y pedir a la Junta de Andalucía que se comprometa con el futuro de los jóvenes que han crecido bajo su amparo y que se quedan sin recursos al llegar a la mayoría de edad

Abdeslam tenía 15 años cuando murió su padre, quedando él, su madre y sus tres hermanos en situación de pobreza extrema en Marruecos. Al ser el hermano mayor, tomó una difícil decisión: tenía que hacer algo para ayudar a su familia, así que durante la noche puso rumbo solo hasta la valla de Melilla y la saltó. “Había oído que otros chicos lo habían hecho. Tenía miedo pero sabía que cuando llegara a España estaría a salvo, que habría futuro”.

Al entrar en nuestro país siendo menor, ingresa en un centro de menores. Allí estudia y se forma como peluquero, pero al cumplir 18 años se queda en la calle. Actualmente vive en una casa medio en ruinas en Jerez junto a otros dos chicos en su misma situación. Cuando le pregunto cómo es vivir en la calle le cuesta contestar, sus ojos se llenan de lágrimas: “Vivir en la calle es muy duro. La primera noche tenía tanto miedo que llamé a un amigo para que estuviera conmigo. Conseguimos unos colchones, pero hace frío y entra el agua de la lluvia”.

Durante el día suele seguir la misma rutina: pone su despertador para desayunar y a las 13:30 debe estar en el Hogar San Juan para poder asearse y comer. También acude junto a varios compañeros a clases en el colegio San Juan Bosco para preparar las pruebas de acceso a la educación secundaria. El resto del tiempo lo pasa en la calle, en alguna plaza o banco: “El tiempo en la calle siempre es igual, un día es igual al siguiente”

No obstante él sigue teniendo muy claro su objetivo: “Seguir estudiando para conseguir un trabajo y poder ayudar a mi madre y mis hermanos pequeños”. Al hablar de su familia se esfuerza de nuevo, en vano, por contener las lágrimas: “Hace meses que no sé nada de ellos, me quitaron mi móvil y perdí todo contacto. Seguro que mi madre estará preocupada por mí”.

Chicos extutelados que acuden al Colegio San Juan Bosco a preparar las pruebas de acceso a la Educación Secundaria.

Al igual que él, M. Reda llegó a nuestro país siendo menor de edad, pero lo hizo oculto junto a la batería de un autobús que realizaba el trayecto Tánger–Tetuán–Ceuta. Después llegó en barco hasta Algeciras y allí fue identificado como menor de edad por las fuerzas de seguridad y trasladado a un centro de menores. Al cumplir los temidos 18 años es asistido por la Fundación Cepaim en Algeciras y posteriormente llega a Jerez, donde consigue plaza en el albergue, aunque allí sólo puede ir para dormir: “El resto del día estaba siempre en la calle, desde las 8 de la mañana hasta las 9 de la noche. Así durante un año”.

Como ellos, son muchos los jóvenes que al cumplir la mayoría de edad, pasan de estar tutelados por el estado a estar en la calle, sin referentes familiares, sin recursos económicos ni permiso para trabajar. Una situación de extrema vulnerabilidad a la que las ONG y entidades sociales intentan dar respuesta a duras penas y con recursos insuficientes: “Dejar a estos chicos y chicas con 18 años en la calle es romper sus procesos formativos y laborales. Los condenamos a una situación de exclusión que no deberíamos permitir como sociedad, más aún cuando sólo un día antes éramos responsables de su protección. A esta situación se ven abocados chicos y chicas sin importar su nacionalidad”, denuncia Elena Tajuelo, presidenta de Andalucía Acoge, entidad que, ante la alarmante situación de desprotección de estos jóvenes, ha puesto en marcha la campaña #Nomedejesenlacalle.

M. Reda, joven extutelado frente a la costa de Cádiz.

Esta campaña pide la colaboración de la ciudadanía en una recogida de firmas a través del portal change.org para pedir a la Junta de Andalucía que se comprometa con el futuro de estos jóvenes que han crecido bajo su amparo. ¿Cómo? Mediante la puesta en marcha programas de preparación para la vida independiente, desde dos años antes de cumplir la mayoría de edad y por el tiempo que sean necesarios. Y que al menos hasta los 25 años, los chicos y chicas que han sido tutelados por la administración tengan acceso a los programas de orientación y formación, así como a pisos de autonomía (recursos de alta intensidad). Además piden que todos estos programas estén recogidos como prestaciones garantizadas en el Catálogo de Prestaciones Sociales, siendo aplicables a todos los jóvenes que hayan estado al amparo de la Junta, tanto españoles como extranjeros, independientemente de su origen.

“Hay gente que se queja cuando ve a estos chicos y chicas en la calle todo el día, cuando son los propios jóvenes los que menos desean estar así. Lo que quieren es poder estudiar, formarse, trabajar y tener un futuro, como cualquier joven de su edad, muchos de ellos además con la carga sobre sus hombros de querer ayudar a su familia porque se encuentran en situación de precariedad máxima”, afirma Tamara García, educadora social y referente de apoyo a jóvenes extutelados de CEAin. “Yo entiendo que ante el desconocimiento pueda haber recelo, pero animaría a cualquier persona a que se sentara al menos cinco minutos a charlar con cualquiera de estos chicos y chicas, y conocer su historia. Tan solo eso cambiaría muchísimo la percepción sobre ellos”.

Chicas menores no acompañadas y extuteladas: un colectivo invisible y en extrema vulnerabilidad

Según datos aportados por Andalucía Acoge, el 25% de jóvenes que salen del Sistema de Protección de Menores al cumplir 18 años son chicas que se encuentran en los centros residenciales de Andalucía. Muchas de ellas se ven abocadas a vivir en situación de calle o, con algo de suerte, en algún recurso habitacional de emergencia, aunque son muy pocos los recursos específicos para ellas. Es el caso de Houda, que llegó a nuestro país con 13 años pero no por decisión propia. Su madre tenía cáncer y murió en 2011 en Melilla, donde vivía junto a sus hijas. Su padre estaba en paradero desconocido desde que emprendió un viaje a Marruecos del que nunca regresó, así que al fallecer su madre, Houda y su hermana se quedan solas.

Los servicios sociales las trasladan entonces al centro de menores La Gota de Leche en Melilla, donde pasa 4 años y tres meses que dedica a formarse en todo lo que puede, realizando cursos de azafata, cocina, y formación profesional como auxiliar de informática entre otros. Todo ello sumado al aprendizaje del idioma español. Al cumplir los 18 años, su vida amenaza con dar un giro de 180 grados: “Tanto mi tarjeta de residencia como mi pasaporte estaban caducados, y la única manera de arreglar esta situación era localizar a mi padre, al que yo no veía desde que era muy pequeña. Finalmente descubrimos que se encontraba en la cárcel en Marruecos”.

Houda, chica extutelada en el centro El Rebaño de María.

Es entonces cuando le ofrecen la posibilidad de ir al recurso El Rebaño de María en Cádiz, lo cual supuso para Houda la luz al final de ese túnel que la abocaba a vivir en la calle de un día para otro. Actualmente Houda se está sacando la ESPA (Educación Secundaria para Personas Adultas) y ha realizado un curso de animación sociocultural. -“Yo sólo quiero trabajar y tener estabilidad. Sólo quiero estar en paz” – responde cuando le preguntamos qué sueña para el futuro.

Sakina y Asmae son dos chicas extuteladas que también tuvieron la suerte de ocupar una plaza en el centro El Rebaño de María. Sakina llegó a España sola con 15 años en busca de una oportunidad: “En Marruecos no había futuro, ni para estudiar ni para trabajar”. Ahora aprovecha todo el tiempo en el centro para realizar todos los cursos que puede: cocina, peluquería, informática… También con el propósito de formarse llegó Asmae hace un par de años a nuestro país: “Mi familia no me dejaba estudiar, así que pagué a una persona que me ayudó a cruzar a Melilla”.

Sakina, Houda y Asmae, chicas extuteladas en el centro El Rebaño de María

Mientras, estuvo en el centro de menores cumplió su sueño de estudiar, pero sabía que sus días allí tenían fecha de caducidad: “Conforme se iba acercando el día de mi 18 cumpleaños me iba poniendo más nerviosa, no podía dormir por las noches, hasta que alguien me propuso la posibilidad de entrar en este centro”. Actualmente se está sacando la ESPA, ha realizado un curso de animación sociocultural y está realizando un curso de auxiliar de enfermería, además de las clases de español: “Mi objetivo es terminar mis estudios y trabajar como cualquier ciudadano”. Un objetivo de emancipación que las tres comparten pero que debe cumplirse antes de finalizar los dos años que contempla el itinerario del recurso en el que se encuentran, tras cuya finalización, volverán a estar en situación incierta.

En busca de una oportunidad de futuro

Tanto Omar como Ayman llegaron a la costa de Cádiz en patera solos y siendo menores de edad. Al cumplir 18 años y salir del centro de menores entraron en un recurso de cinco plazas que gestiona la ONG CEAin en Jerez en el marco del proyecto Senda de apoyo a jóvenes extutelados. Desde ese momento comienzan un intenso itinerario de formación y aprendizaje del idioma que tiene como objetivo la emancipación plena al cabo de un año. Objetivo que también comparten necesariamente sus otros tres compañeros Hatim, Mohamed y Aziz.

Algunos de ellos, antes de cumplir la mayoría de edad, asistían a las clases de español que el voluntariado de CEAin impartía para los menores tutelados en Anide: “Durante estas clases los chicos y chicas establecen un vínculo muy importante. En este caso, veían en la figura de Manolo, su profesor de español, un referente positivo que ha tenido una influencia clave en su trayectoria y motivación”, explica Tamara García.

Aziz, joven extutelado acogido por CEAin en el proyecto Senda.

Manuel Alcalde, voluntario y miembro de la junta directiva de CEAin, entidad federada en Andalucía Acoge, acude cada semana al encuentro de un numeroso grupo de chicos y chicas extutelados en Jerez, a los que, de manera totalmente gratuita, enseña el idioma español y conceptos culturales básicos.

“Desde mi perspectiva de abuelo, que ya tiene un reducido futuro pero que sabe que la sociedad debe seguir avanzando mucho tiempo en el bienestar de todos, observo una fuerza y energía impresionante en la llegada de estos chicos. Como en muchos casos su socialización ha sido en culturas diferentes y con medios muy precarios, se requiere que dediquemos una especial atención a su formación e inclusión en nuestra sociedad. Ellos vienen ávidos de conocimientos y admiran nuestra forma de vida, sin perder totalmente los valores recibidos en sus primeros años: religión, lengua, tradiciones, etc.”, explica Manolo. “Mi experiencia en la enseñanza del idioma me ha provocado grandes satisfacciones, no tanto por los objetivos obtenidos sino por cómo esta pequeña dedicación voluntaria permite a estos chicos sentirse amparados y aceptados en un medio que les rechaza, cuando su ilusión y ambición es ser igual que nuestros nietos”.

Clases de español para chicos y chicas extutelados en CEAin, impartidas por el voluntario Manolo Alcalde.

Y es que, tal y como reclama estos días Andalucía Acoge en su campaña #Nomedejesenlacalle, todos los niños y niñas independientemente de su origen deberían poder tener acceso a las mismas oportunidades. “Por ello —concluye Manolo Alcalde— se deben crear estructuras públicas suficientes para la acogida y formación de estas personas que los amparen desde su llegada hasta el momento en que puedan situarse en la sociedad. Es una función que la administración ha de asumir dado a que ellos, queramos o no, aspiran a ser ciudadanos de nuestros países y por lo tanto participarán en nuestra sociedad.

Andalucía Acoge pide colaboración a la ciudadanía en esta recogida de firmas y difusión de la campaña #Nomedejesenlacalle, a la que también pueden adherirse asociaciones y entidades. Posteriormente, la petición será elevada a los organismos correspondientes, con los que Andalucía Acoge planea reunirse para poner sobre la mesa estas propuestas que puedan arrojar luz a la alarmante situación de tantos jóvenes en nuestro país. Y de tantos menores de edad que cuentan los días que faltan para un cumpleaños que no debería anunciar un final, sino un comienzo.

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