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Hoy les proponemos una selección de frutos del hippiesmo y el orientalismo, desde su era dorada en los años sesenta hasta la contemporaneidad. Hemos de recordar que las religiones de la India, o una comprensión bastante sui generis de las mismas, sirvieron de credo oficial para una revolución que tenía el amor por bandera y como himno el rock and roll. El yoga, el tantra, la meditación, el vegetarianismo se aparecían como métodos, compatibles e incluyentes, para una experiencia mística que el anquilosado cristianismo reservaba únicamente a sus monásticos.

Los idiosincráticos constructos que fueron capaces de producir ese espíritu sincrético, de Budas de ácido y Tao sin preservativo, son de un grato interés antropológico. No iba a ser menos la música con la que esas personas de otra época, tan cercana y a la vez tan lejana, marcaron sus anhelos, aspiraciones y búsquedas en el flujo de la vida.

Alan Watts

 

Alan Watts fue uno de los primeros orientalistas que se salieron de la maceta académica y se invistieron como gurús por derecho propio. A él le debemos parte de la popularización en Occidente del Chan y el taoísmo.

Y quizás le debamos mucho más de lo que habitualmente se le reconoce. Considerado por algunos el primer disco propiamente psicodélico, This is it (1962) es un "espontáneo happening musical" perpetrado por el Watts en su época más mística (léase, lisérgica).

La experiencia con alucinógenos es lo único que podría explicar el descontrol de los intérpretes, que pasan súbitamente de la risa boba o la gastroenteritis a brotes de ira cavernícola.

Eden Ahbez

 

Este personaje con aires de Jesucristo fue uno de los primeros hippies de la historia, con permiso de los Wandervogel decimonónicos. Se le recuerda principalmente por el himno Nature Boy, que haría celebre Nat King Cole. Cuando el mundo quiso conocer a su autor, se lo encontró viviendo bajo la primera L del famoso signo de Hollywood en las montañas de Santa Mónica, vestido con taparrabos.

Se alimentaba de vegetales crudos y decía vivir con tres dólares a la semana. Probablemente ya era vegetariano, asceta y fumeta en los años cuarenta, cuando pertenecía a un grupo, los Nature Boys, que moraba en las cuevas del monte en un estado de semidesnudez. 

Cromagnon

 

Vendida a los productores como una oda hippiesca a la unidad de todo lo existente, Orgasm (1969) de Cromagnon consistió en realidad en hombres primitivos berreando y dando golpes. Su momento más melódico, Caledonia, se parece curiosamente al black metal

Poco se sabe del dúo de compositores que lo perpetraron, y aún menos sobre la que fue denominada la Tribu de Connecticut en los créditos: los artistas acompañantes que se desgarraron sus preciosas gargantas. Se ha dicho que formaban parte de una comuna primitivista; persiste el rumor de que se trataba de The Residents. La realidad parece ser más prosaica.

Sergius Golowin

 

Sólo una discográfica sin dos dedos de frente se atrevería a poner a los mejores músicos de un país a trabajar en un álbum de rock ácido a capricho de un dudoso escritor esotérico con el objetivo de recitar plegarias en honor de Krishna.

Ese escritor era el checo Sergius Golowin; ese álbum, Lord Krishna von Goloka (1973); y esa discográfica, la mítica Kosmische Musik.  

Deuter

 

Deuter era otro compositor kraut de principios de los setenta con querencias espirituales y álbumes instrumentales con demasiado protagonismo del sitar y el sonido ambiental como para no anticiparse al new age. Pronto estaría venerando a Osho y dirigiendo su música hacia la meditación.

El título del tema que hemos escogido resume a la perfección el espíritu de esta antología. También valen los sutras ácidos de Ceremony: Buddha Meet Rock, que grabaron en 1970 unos tales people, en Japón. 

Gurmeet Ram Rahim Singh

 

Gurmeet Ram Rahim Singh, el gurú que bate récords.

Y no podíamos hablar tanto de la Madre India sin darle voz a la misma. Gurmeet Ram Rahim Singh nos parece una buena muestra contemporánea de ese Oriente que se canta a sí mismo. Ostenta el liderazgo espiritual de la organización Dera Sacha Sauda, amiga de los récords mundiales: mayor campamento de donación de sangre, mayor número de árboles plantados simultáneamente, mayor número de personas lanzando dinero por los aires... y así hasta diecisiete.

Podríamos añadir el de canciones religiosas más chabacanas, aunque habría que debatir cuál de sus bailongas tonadillas multilingües lo merece más.

Normal, con ese parecido al Sevilla…

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