Brasil será el país del futuro y siempre lo será. Facebook se desploma en bolsa y, atención, Twitter no importa nada. Instagram tampoco. Y, siento ser tan franco, Netflix estará desfasado el año que viene. La propiedad privada del usuario no vale nada. Las cinco grandes compañías se sortean tus datos y la lucha contra los piratas no se da. El algoritmo prevalece y el alma humano perece.

La hipocresía abunda en el mundo y desprendernos del pasado que se nos despidió veloz en la próxima boca de metro es abandonarse a la voluntad del sufriente en la ausencia. Quien muere no podrá llevar sus riquezas consigo, es mejor compartir. Ante los obstáculos que puedan surgir siempre hay un cable a tierra en cualquier estación de servicio que te salve de oficio; porque lo que hoy te duele mañana te hará más fuerte.

La vida es una mala noche en una mala posada. En el foro se trata de lo divino y de lo humano. La espiral del silencio cala en cada oriundo estratificándolo. Si la religión es una rama de la ciencia ficción no podemos afirmar en la dimensión tiempo. Y, así, de nada en nadería se nos presenta la posmodernidad como patrón filosófico genérico.

En la sophia perennis el hombre afianza su relación con el mundo y las esferas. Siempre hay una concatenación de hechos que obvia la génesis de las cosas. Los yunques y los crisoles de nuestras almas trabajan para el polvo y para el viento. Desengañaos, somos física y química.

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