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El artista jerezano recorre el mundo para completar el proyecto 'Color humano'.

Daniel Casares Román (Jerez, 1976) viaja sin rumbo ni fronteras a través del mundo, con la única intención de congelar en el tiempo las emociones de las diferentes facetas del ser humano, y sus diferentes colores. Es pura pasión por lo antropológico, por aquellos que, sin razas de por medio, conviven en un mismo planeta. Con la única compañía de su Leica, deja que el mundo decida cuál será su próximo proyecto fotográfico, pues consigue encontrar la belleza del hombre sin importar el lugar en el que está. 

¿Cuál es el fin de su proyecto?

Color humano rinde homenaje al ser humano en toda su amplitud y grandeza, y viene a ser una reflexión gráfica sobre el 'Homo sapiens' y todo lo que culturalmente le rodea, ya sean creencias, formas de vida, etc. Por otro lado, a nivel personal, creo que es importante y positivo para cualquier autor que se marque su propia dirección y se centre en un solo tema que desarrolle a lo largo de los años.

¿Cuál es el color humano?

¿Acaso hay un solo color humano? Decidí llamar así al proyecto, primero por el juego de palabras entre 'calor humano' y 'color humano'. 'Calor' porque busco fotografiar los momentos más íntimos y auténticos de las personas, y 'color' porque es una apuesta puramente gráfica. Mi lenguaje es la imagen, la luz y el color, y esos son los parámetros que manejo para contar lo que le quiero mostrar al mundo. 

"Lo que me enganchó tanto y me hizo ver que quería dedicarme a este mundo fue el hecho de pensar durante días en cómo saldría la imagen al revelarla"

¿Cuándo decidió que dedicaría su vida a la fotografía?

A la edad de 11 años, cuando hice mi primera foto. Lo que me enganchó tanto y me hizo ver que quería dedicarme a este mundo fue el hecho de pensar durante días en cómo saldría la imagen al revelarla. Tras ese instante, en 1991, decidí dejar de 'jugar con la cámara' para estudiarla en serio. Nació entonces un compromiso con la fotografía, y comencé a publicar mis primeros trabajos en la prensa local. 

¿Su mayor sueño?

Que una de mis obras sea famosa y yo la persona más anónima del mundo, y que me pirateen una imagen. Hay personas que se meten en fotografía por la fama, confundiéndola con el prestigio, y eso no es algo complementario en la profesión. Tu obra puede ser muy famosa y tú tienes el deber de no serlo, porque jamás puedes ser más importante que tu propio trabajo.

¿Qué diferencia encuentra entre un fotógrafo y un viajero?

Yo creo que son aspectos, si me apuras, antagónicos. Existe una diferencia muy grande. Para el fotógrafo el destino de viaje carece de importancia y nada prevalece por encima de la obra fotográfica. Esto implica en muchas ocasiones matar al viajero incluso, dejando el disfrute en un segundo plano, porque va con la intención de narrar algo gráficamente. Sin embargo, el viajero es un coleccionista de fotos para el recuerdo, con intención de disfrutar del destino.¿Cuál es la experiencia más bonita que ha vivido tras un objetivo?

Ha habido muchas. Quizá destacaría un reportaje que realicé sobre la 'Fundación Theodora', que se encarga de preparar espectáculos para niños hospitalizados. El trabajo fue en Madrid, haciendo primerísimos primeros planos de la cara de los niños. Aquello fue tan emocionante que, digamos, me costaba incluso enfocar. 

¿Qué es lo que más le apasiona de su profesión?

La posibilidad de conocer al ser humano en profundidad y observar las diferencias y semejanzas entre culturas. Al final te das cuenta de que somos hijos, por no decir víctimas, de nuestra propia civilización, y la forma de vivir los problemas amorosos (por ejemplo) o la muerte misma es totalmente diferente entre países. Sin duda alguna, los reportajes documentales y con carácter antropológico son los que más me apasionan. 

¿A qué se dedica para subvencionar sus viajes?

Considero que tengo dos trabajos, el que me da de comer y el que me alimenta el alma. Principalmente, realizo cursos de fotografía y otros tipos de trabajos comerciales. Aún así, creo que la clave está en darle prioridad a tus pasiones. Yo apenas gasto en otras cosas que no sea en mis viajes. Por ejemplo, yo no tengo cámara digital, simplemente la alquilo cuando la necesito o me la prestan. Tampoco tengo muchas herramientas. Uso una Leica con dos objetivos, y nada más. Todo lo que ahorro va destinado a mis viajes. 

"Creo que la fotografía es para disfrutar del camino, ya que las metas llegarán por sí solas, a su ritmo"

¿Cuál es su próximo objetivo a fotografiar?

Ahora estoy inmerso en un proyecto que tiene que ver con la comunidad gitana y, no en vano, estoy yendo rutinarias veces a las Tres Mil Viviendas en Sevilla. He tenido la suerte de que me han acogido genial y, la verdad, me parece un regalo para cualquier fotógrafo. 

¿Qué proyectos de futuro se trae entre mano?

De momento seguiré por la misma línea antropológica, ya que aún quedan muchos temas por fotografiar, pero no voy con prisas. Creo que la fotografía es para disfrutar del camino, ya que las metas llegarán por sí solas, a su ritmo. La cuestión es seguir trabajando en las cosas que te causen interés y curiosidad y dejarse sorprender por lo que el camino te quiera regalar, fotográficamente hablando. 

¿Qué se necesita para ser un buen fotógrafo?

Una cabeza pensante con buenas ideas, ganas de contarlas y una predisposición a pasarlo mal si hiciese falta por conseguirlo. Porque la cámara hasta te la pueden prestar.

¿Hasta dónde llega o debe llegar la mirada de un fotógrafo?

A minimizarse. Eso demuestra que su mirada es honrada. En el momento en que el fotógrafo pretende tener más protagonismo que lo que quiere fotografiar, para mí pierde el interés de su mirada fotográfica. Debe crearse un hilo entre el objeto fotografiado y el espectador, siendo el fotógrafo simplemente quién apretó el botón, y no una interferencia en la foto. 

¿Cómo se capta la esencia de una escena en una instantánea?

No teniendo prisas. La gran mayoría de mis trabajos no son producto de un encuentro fugaz, sino el resultado de permanecer mucho tiempo conociendo a la persona o la comunidad a la que pretendo fotografiar, de manera que se crea un vínculo que me permite hacerme 'invisible'. Es así como se obtiene una obra muy natural y con ese aire de autenticidad.

¿Cómo animaría a los jóvenes de hoy para que vivan como fotógrafos?

Que se comprometan y no relacionen la fotografía con lo lúdico. Luego, que se formen y se definan por un género fotográfico y, dentro de ese género, por una especialidad. Por último, que no mitifiquen la herramienta. Lo que menos importa es la cámara. 

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