La poeta gaditana Blanca Flores presenta 'Carne de Cuneta', su séptimo poemario, en la Fundación Caballero Bonald, donde la autora expone su voz más madura e íntima para que el lector reflexione.

Blanca Flores se aleja de sus poetas favoritos para encontrarse a sí misma en Carne de cuneta. Con voz de mujer, la escritora gaditana refleja una crisálida de experiencias vitales propias o ajenas. "La mujer madre, mujer hija, niña que recuerda, la mujer que visita un cementerio y encuentra lo que allí hay, la reflexión en cuanto al amor, la pérdida del amor...", enumera. Desde que en 2010 publicara su primer poemario, Por debajo de la puerta, Blanca Flores ha pasado por una serie de situaciones y vicisitudes que han hecho posible que ahora vuelque su yo más intrínseco en su séptima obra poética. "Los dos primeros los saqué con más miedo. Pero ya en Eco de un solo de saxo me lancé y Fresas en noviembre fue toda una sorpresa. En Carne de cuneta sí se ve una mujer con determinadas etapas superadas, pérdidas, contratiempos, la maternidad, ver cómo tus hijos crecen…". Como ella, su poesía fluctúa y evoluciona. Siete años después de esa ópera prima poética Blanca Flores presenta en la Fundación Caballero Bonald su lado más visceral y personal en un puñado de 100 páginas. 

Con mirada a la nada —o al todo— y ojos vidriosos, Blanca Flores recuerda su estrecha relación con los poetas gaditanos del siglo XX, concretamente de los años 50. "Tiendes un poco a dejarte llevar por aquellos escritores o poetas que tú has considerado tus maestros. Yo he sido muy lectora de Fernando Quiñones, de Caballero Bonald, Julio Mariscal, aparte ya de mi propia predilección a Federico García Lorca o Miguel Hernández, esos ecos aparecen, sientes cierta influencia y ese tipo de poetas preferidos se vislumbra casi siempre con mayor facilidad en las primeras publicaciones", comparte. No obstante, la última literatura de la que se ha empapado tiene firma de mujer: "Soy muy lectora de poetas contemporáneas como pueden ser Carmen Moreno, Josefa Parra, Pepa Caro…". Es doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura, pero en la actualidad ejerce como Inspectora de Educación. Al igual que en su trayectoria profesional, Flores intenta innovar en todos y cada uno de sus poemarios. De los siete que ha llegado a publicar, conserva varios inéditos, no guardan semejanzas ni de construcción, ni de términos ni de recursos literarios. 

"Soy feminista sin dejar de ser femenina. Creo que se puede reivindicar desde tu identidad femenina tu posición como mujer"

"Carne de cuneta no tiene nada que ver con Fresas en noviembre, que son flashes de poemas breves. Este es más filosófico. Sin embargo Vaivén era una poesía muy elaborada y Eco de un solo de Saxo era una poesía muy musical donde además el nombre iba en consonancia con los poemas y el ritmo de estos". En su última publicación la gaditana se adentra en el mundo de la costura. "Es un campo semántico que me gusta y yo de todas maneras, soy feminista sin dejar de ser femenina. Creo que se puede reivindicar desde tu identidad femenina tu posición como mujer. Siendo madre, teniendo tus gustos y preferencias y no teniendo por qué renegar de ello", defiende. ¿Qué más? ¿Qué esconde la obra y por qué Carne de cuneta? Blanca Flores arriesga, tira de simbología y sobre todo de un concepto que ahora está muy de moda: la resiliencia. "A lo largo de la vida, tú te encuentras en situaciones que puedes ser un despojo en el camino y por otra parte hay una expresión que usamos mucho también que es carne de cañón, que a pesar de las vicisitudes, de las dificultades, los contratiempos y las contradicciones sigues ahí sin alcanzar, a lo mejor, todo lo que te habías propuesto, pero sigues adelante", explica. "Esa sensación de lucha y de un continuo volverte a levantar y seguir adelante. Este poemario nace ya de una cierta trayectoria de determinadas etapas profesionales, vitales, sociales… y por una parte es más mi voz propia con reivindicación de lo que nosotras mismas como mujeres no conseguimos por el hecho de ser mujeres", continúa. Involucrada en movimientos sindicalistas y en la militancia de un partido político, Blanca Flores confiesa que se ha encontrado con gente que le ha puesto zancadillas por intentar que la mujer ganase presencia en determinados espacios masculinizados. "Existe el techo de cristal. Que debamos seguir luchando por esa libertad, por esa voz, por esa igualdad… incluso por tus propios sentimientos, es algo duro", incide. 

No obstante, donde ella ve reinvindicación, el lector puede ver pasión. La poeta destaca que la poesía es voluble. El texto es firme, imborrable, pero la interpretación que el lector le dé al texto varía según las emociones y las experiencias más recientes, incluso cuando el escritor se coloca en el lado del lector. "Hay veces que el lector te da otra interpretación de lo que tú has escrito. Hasta el propio escritor que escribe con una perspectiva, y que luego le pasa algo en la vida: un desengaño amoroso, la muerte de un ser querido… y vuelve a leer el texto de nuevo, la interpretación que a lo mejor tiene ahora es totalmente distinta. Yo creo que esos son efectos un poco terapéuticos de la literatura. Yo creo en el efecto terapéutico de la literatura. Creo que cuando uno pasa por una determinada etapa de su vida, buena o mala, relacionarse con los demás, la naturaleza, leer y escribir, son las mejores actividades que uno puede llevar a cabo para su propio bienestar humano", apostilla. 

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