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Cuando la escuela moderna tiene más de 100 años

La revolución educativa que muchos piden hoy, fue una realidad hace más de 100 años gracias a maestros como Ángel Llorca

Hace un tiempo ya asomó por aquí Giner de los Ríos y su proyecto pedagógico, para poner en evidencia que además de buscar fuera y estar al día en las nuevas corrientes educativas, también hay que conocer a los pioneros de la “nueva” educación en España. Maestros que hace más de 100 años echaron a andar en este país experiencias educativas que fueron un referente internacional entonces y que, adaptándose a los tiempos, hoy podrían ser referente para los cambios que demanda la sociedad a nivel educativo.

Ángel Llorca fue uno de esos maestros. Los 150 años de su nacimiento y los 100 años de la puesta en marcha del Grupo Escolar Cervantes, que él dirigió, han propiciado que su figura sea rescatada en este año para dedicarle homenajes y exposiciones.  Y en mi caso ha servido para descubrirlo. Su carrera profesional se inició a finales del siglo XIX y en sus muchos años como docente, su forma de entender la enseñanza lo convierte en uno de los impulsores de la revolución pedagógica en la escuela pública española durante el primer tercio del siglo XX.

Ángel Llorca era de esos maestros partidarios más de dar pistas que soluciones, más de escuchar que de hablar, de dejar hacer, de acompañar. Ya en 1901 escribía “que los niños vean, que piensen, que hagan, que hablen”. Durante sus largos años de docencia fue partidario de dejar al niño ser activo en la escuela, sin estorbarle, de manera que la actividad del maestro se diese en función de la del niño para que este hiciese las cosas a gusto y hasta el máximo de sus posibilidades. Permitirle “mirar y ver, hablar de los visto, escribir y leer lo escrito, pasar de lo inconsciente a lo consciente, experimentar, dibujar, construir. La escuela ha de mover a la acción. Observar, pensar, contrastar lo observado y lo pensado, decidir para obrar”. Acostumbrar a los niños a observar y pensar desde pequeños como camino para convertirse en hombres que piensan por ellos mismos.

Persona inquieta, nunca dejó de formarse. En 1910  fue becado por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas para estudiar la enseñanza primaria en Francia, Bélgica, Italia y Suiza. En sus viajes por Europa visita las escuelas del movimiento de la educación nueva. Participa en congresos internacionales sobre educación y asiste a las clases de Jean Piaget y Edouard Claparède en el instituto Jean-Jacques Rousseau, una escuela universitaria dedicada a las ciencias de la educación. Siempre aprendiendo.

En  1918, Llorca tuvo la oportunidad de concretar su modelo de escuela y llevar a la práctica lo aprendido en las nuevas escuelas europeas en el Grupo Escolar Cervantes. Este colegio de la Glorieta de Cuatro Caminos de Madrid del que fue director, se convirtió en referente internacional al hablar de renovación pedagógica. Fue un momento en que en Madrid y Barcelona se pusieron en marcha  centros educativos de “ensayo y reforma”, en los que se aplicarían todo tipo de innovaciones con el fin de poner a la educación española en lo más alto.

Ahora, que está abierto el debate sobre la reforma educativa tan necesaria en España, se habla de la importancia de los espacios escolares, del mobiliario y hasta de su colocación como elemento educador. Es tendencia. En 1918, Llorca pudo tomar decisiones sobre el edificio que albergaría el colegio que iba a dirigir. En vez de pasillos se optó por grandes galerías que invitaban al encuentro, espacios en los que los niños pudieran estar, descansar, charlar. Hasta se habilitaron azoteas para tomar “baños de sol” para prevenir el raquitismo y disponían de piscina cubierta y duchas. El propio Llorca insistió en que los niños construyeran parte del mobiliario del colegio. Entre 1921 y 1926, con la ayuda de un carpintero del barrio, consiguieron que el antipedagógico mobiliario que había hasta entonces fuera sustituido por grandes mesas en las que trabajar en grupo, con cajones, transformables en minutos en auténticos laboratorios.

Cuando comenzó su andadura el Grupo Escolar Cervantes era un colegio en uno de los barrios menos alfabetizados de Madrid. Un centro con horario extendido de 9 a 21 porque concebía la escuela como lugar de encuentro, donde se guardaban espacios y tiempos para el juego y para la conversación no sólo para las asignaturas. Un centro con dos bibliotecas, una para familias y alumnado y otra móvil que utilizaban los alumnos en sus proyectos en las aulas. Un centro en el que se organizaban veladas familiares en las que se escuchaba música o se veían películas, en las que se traían a invitados (médicos, artistas, los propios maestros) a hablar de cultura, de higiene, de salud…Porque la formación de las familias era una prioridad para Ángel Llorca. En unos años el barrio se convirtió en el segundo más alfabetizado de Madrid.

El gran esfuerzo innovador que se realizó en este centro fue posible por Llorca y por el grupo de docentes de los que se rodeó. Eran docentes implicados que asumieron  la responsabilidad de expansión y creación de otros proyectos similares, nuevos grupos escolares de los que acabaron siendo directores. La plantilla se iba renovando a partir de jóvenes que se incorporaban con el proyecto de profesor-alumno, estudiantes que durante dos años recibían formación teórico-práctica y compaginaban sus estudios con su trabajo en el centro.

Un modelo de escuela reflexionado, interiorizado y cuidado. La enseñanza centrada en el alumno. Una escuela abierta, un espacio para el encuentro y la participación de alumnos, profesores y familias. Una educación integral. Un nuevo sistema de formación y selección de maestros y una escuela-laboratorio para la formación pedagógica. Y tiene más de 100 años.

La modernidad está en el pensamiento, más allá de la época o los medios.  Moderno es ahora implicar a las familias, las comunidades de aprendizaje, la innovación, el MIR docente, el espacio como tercer maestro, la importancia del ambiente y el mobiliario, la formación entre iguales, el trabajo cooperativo, los proyectos. Hace 100 años ya había modelos de escuelas que funcionaban así. 100 años de modernidad esperando a ser recuperados. Porque hay veces que para alcanzar el horizonte al que se aspira hay que aprender de lo que los pioneros hicieron muchos años atrás.

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