Gastrovoz

“Cuando la burbuja de la alta cocina estalle, quedará lo auténtico y lo bueno”

El periodista y experto en oratoria jerezano Eugenio Camacho, con casi 30 años de oficio, accede a la Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo gracias a su labor con 'A boca llena' en la Cadena SER

El jerezano Eugenio Camacho (1973) trabaja por las mañanas como conductor del Hoy por Hoy en Radio Jerez. Una inconfundible voz a mediodía en las ondas jerezanas que se ocupa de la actualidad y las tertulias radiofónicas. Las tardes, las dedica a impartir cursos de oratoria por toda la geografía andaluza, especialmente en Sevilla. Entre medias, saca tiempo para defender A Boca Llena, un proyecto de periodismo gastronómico que arrancó en lavozdelsur.es hace tres años y que no deja de crecer, ahora desde Cadena SER, y de reportarle satisfacciones. Precisamente ahora, acaba de ser nombrado miembro de la pujante Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo.

Casado, con cuatro hijos, es licenciado en Comunicación y acumula casi treinta años de oficio. “Empecé en octubre del 91, antes de empezar la carrera, porque no me daba el corte y me preparé selectividad para sacar más nota. Como la selectividad tampoco me ocupaba todo el tiempo me busqué la vida en Onda Jerez para hacer mis primeros pinitos”. Luego fue director de la fugaz delegación que ABC abrió en Jerez y finalmente pasó a la emisora de la calle Guadalete y a darse vidilla enseñando a comunicar bien y escribiendo por puro placer de gastronomía.

¿Decir me han hecho académico debe llenar la boca, no?

Bueno, esto no es más que la oportunidad de seguir conociendo a gente y de seguir haciendo algo que siempre me había gustado. Siempre me ha gustado mucho la cocina, pero jamás me había planteado lo de la crónica gastronómica. No fue hasta la colaboración con lavozdelsur.es cuando tuve una especie de autodescubrimiento. Me encanta, es un desahogo. Cuando llegan las poquitas vacaciones de verano que puedo pillar, sigo con mis crónicas. Para mí es tan placentero como leer. No es algo que me cueste. Es que me gusta descubrir y contarlo.

El periodista, en un momento de su visita a la Plaza. FOTO: MANU GARCÍAio Camacho

Y además es que esto es muy agradecido respecto a la audiencia, ¿no? Que le gusta a la gente salir a comer…  

Sobre todo esto es agradecido. No conozco nada que una tanto como la gastronomía, ni siquiera el fútbol, la política o las cofradías. A todo el mundo le gusta mover el bigote. Y para el que escribe se agradece. Llevo 29 años en el oficio y nunca noté que me siguieran tanto como cuando he empezado a escribir de gastronomía. El retorno es agradecimiento de la gente porque les hables de sitio que luego van conociendo… Estamos en un momento histórico para la gastronomía, despierta pasiones.

Fernando Huidobro, presidente de la Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo, pide hacer un público con más criterio gastronómico, ¿falta conocimiento y menos dejarse llevar por la moda?

Faltar, falta. Pero es una cuestión sobre todo de mentalidad. Y ahí vamos dando pasos de gigante. En Francia, cada familia desayunaba con tres o cuatro tipos de pan, aquí eso no existía porque te conformabas con comprar el primer chusco. Ahora sí, ahora la gente descubre panes artesanales, con pasas, cúrcuma… la gente habla de masa madre o de fermentación lenta, hace cinco años era impensable. Hay un interés y ese interés lleva a tratar de conocer más. Falta bastante, pero estamos en buena disposición; ya nos pica la curiosidad y no es algo que se reduzca solo al gremio, sino que mucha gente tiene interés. Comer es algo que hacemos todos los días.

Hablaba de un retorno de agradecimiento, pero se habrá encontrado con algún restaurador cabreado…

Sí, sí.

El sectarismo, por ejemplo, me produce mucho ardor de estómago, eso sí. Y hay muchísimo, cada vez más

Por lo que suelo leer, tengo la impresión de que hay exceso de buena crítica en la crítica gastronómica, ¿todo está tan bueno como lo pintan?

Por aquí cerquita sí, por aquí estamos todos un poco que nos cuesta meter el puyacito cuando hay que meterlo, es todo demasiado amable en general. El aludido quizás no lo lleva bien, pero luego la gente lo agradece y al final el hostelero, el cocinero, acaba progresando si corrige lo menos bueno. No hay nada peor para el dueño de un establecimiento de restauración que se vaya un cliente insatisfecho sin que previamente le haya dicho el porqué de esa insatisfacción. La crítica es necesaria, aunque haya gente que lo lleve mal. No me gusta hacer sangre, pero si la cosa no está bien hay que decirla, y será una información mucho más interesante para todos que el mejor de los halagos.

¿La burbuja de la alta cocina está a punto de estallar?

Creo que esa burbuja tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. El interés por la gastronomía desde niños hasta adultos es muy bueno, pero tiene una parte peligrosa también: no te lo puedes comer todo, tienes que informarte, ser consciente de los grises, no todo es blanco o negro. Esa conciencia crítica es fundamental y eso debe quedar cuando esto estalle. No es normal cómo sube todo como la espuma, desde la oferta hasta la crítica, la demanda… Es que vamos muy deprisa y hemos pasado del cero al infinito. Al final, debe prevalecer lo bueno y lo auténtico.

Camacho pasea por la Plaza, en Jerez, este miércoles. FOTO: MANU GARCÍA

¿Qué le provoca ardores en este mundillo?

(Ríe) Me he encontrado con cosas mucho más positivas que negativas, la verdad. Me he encontrado con gente muy buena y generosa, que me ha ayudado un montón, como Pepe Monforte, Paz Ivison, Pilar Ruiz… Son personas que desde el principio me han estado apoyando y son espectaculares. Acidez de todo esto… no lo sé; yo tiendo a quedarme siempre con lo bueno y lo malo lo olvido casi siempre. Si tuviera que decir algo, me provoca acidez la mala cocina, el conformismo, la mentira, la vulgaridad, el excesivo conservadurismo de sitios que no pasan de la carrillada y las papas aliñás…

El otro día oía a una estrella Michelin valenciana afirmar que no deben hacernos pagar por diseño y decoración en los grandes restaurantes, sino por investigación y buen producto. ¿está de acuerdo?

Sí, en cierta forma, pero aquí entra en juego todo, el espectáculo forma parte de esa burbuja. Desde luego, al final quedará lo auténtico. La investigación es lo importante, aquí tenemos a un referente como Ángel León, que es muy criticado, pero no tendremos tiempo suficiente para agradecerle lo que está haciendo por la provincia de Cádiz y por situarla en el mapa. Está continuamente inventando… ¿por eso se le critica? Bueno, la envidia también está muy presente en la gastronomía. Pero Ángel es un ejemplo de por dónde debe ir la alta cocina.

Eugenio Camacho, antes de la entrevista con este medio. FOTO: MANU GARCÍA

¿Plato de nombre impronunciable y kilométrico o guiso del día?

Yo soy de guiso y de tapa. Más que un pescado o un buen chuletón, que también, muero con el cuchareo y las tapas.

¿Qué no se come ni por todo el oro del mundo?

Inconfesable. No debo decirlo, pero me costó muchísimo, por ejemplo, comerme una pata de gallo hervida, literal, en un garito chino en un polígono en Sevilla.

¿Cuándo ha sido la última vez que se ha chupado los dedos?

Hace poco estuve en La Campana, en Sanlúcar, y me comí unas kokotxas de bacalao con almejas, extraordinarias, maravillosas. Tienen unos guisos increíbles. O en el bar Cabildo, también en Sanlúcar, unos chocos al pan frito. En Roma hace poco también me he chupado los dedos con la porchetta, maravillosa.

Más que un pescado o un buen chuletón, que también, muero con el cuchareo y las tapas

Deduzco que es de salado…

Sí, soy más de salado, siempre lo fui.

¿Qué le dice su nutricionista sobre el éxito de ‘A Boca Llena’?

(Ríe) Mi amigo Juan Agarrado tiene el cielo ganado conmigo, nos entendemos con la mirada y nos comprendemos también.

Usted que dirige tertulias en Radio Jerez y aborda cada día muchas de estas cuestiones, ¿la política, a todos los niveles, hay quién se la trague?

Nos merecemos mejores políticos pero, al mismo tiempo, hay que ser más críticos y mucho más exigentes. No podemos aletargarnos o anestesiarnos. Y, por otra parte, sobra sectarismo y falta ideología. El sectarismo, por ejemplo, me produce mucho ardor de estómago, eso sí. Y hay muchísimo, cada vez más.

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