OpiniónFeminismo

Cuando estuve dos años sin ir a la playa porque me daba asco mi cuerpo

Abro Twitter y lo primero que veo son unas fotos de la actriz Blanca Suárez en bikini en una playa de Cádiz, en mi tierra. Ya está. Tiene estrías, como yo. Tiene celulitis, como yo. Tiene la panza hinchada después de comerse unas papas con las amigas, coño, como yo. Y claro, no han parado de llamarla gorda, que se ha dejado ir, que ha cogido unos kilitos de más…

Incluso el portal cotilleo.es ha publicado un artículo con las fotos diciendo que “la silueta de Blanca es difícilmente reconocible ¿qué ha pasado con su cuerpo 10? Blanca es humana y tiene estrías…”. Me muero con esto último de es humana. Ay omá. Vale, yo, que  tengo 24 años y todavía estos comentarios me afectan de manera inconsciente, no quiero ni pensar cómo le llegan estos mensajes a las adolescentes.

Confieso, porque no tengo reparos en destapar mis inseguridades por aquí, que cuando tenía 12 y 13 años me negaba a ir a la playa porque me daba asco mi cuerpo. No quería que los demás viesen mis muslos y se sorprendieran de la cantidad de grasa que podía acumular debajo de mi culo. Esto es real.

Mi hermano me decía de ir a la playa con él y con sus amigos, y yo rechazaba cualquier oferta. “¿Por qué?”, me preguntaba él. “No me apetece”, le mentía. Estaba insegura de mi cuerpo, como todavía lo sigo estando. Es más, esa inseguridad va aumentando con los años y ya no solo vivo insegura de mi físico, sino también de mi capacidad intelectual. Y es que, como mujer —y de esto me di cuenta cuando abrí los ojos a los 21 años—, he crecido con comentarios negativos que a resumidas cuentas decían: eres tonta, fea y gorda.

Una tía mía llegó a decirle a mi madre que menos mal que tenía buen cuerpo, porque la cara… Yo he llegado a preguntarle a mi madre: “Mamá, ¿me ves más delgada?”. Ella me miró, y con cara de repugnancia, me contestó: “¿Cómo vas a estar más delgada con la cantidad de ketchup que comes?”. Vale que mi madre no tenga ni pajolera idea de nutrición y desconozca que el ketchup es la salsa que tiene menos calorías. Pero oye, eso me lo dijo hace al menos una década y yo lo tengo grabado a fuego.

Ahora me dice que estoy estupenda, que vaya tipazo. Pero no. Yo jamás me lo creo. Sí, a veces me miro al espejo y digo, bueno, no estás mal hija mía. Pero es mirarme al trasluz y comprobar que las estrías, como aquellos comentarios que me hicieron daño, aún siguen ahí.

Hace poco entrevisté a una psicóloga sanitaria y me aseguró que las preadolescentes y adolescentes tienen grandes problemas de autoestima y que esto las lleva a sufrir trastornos alimenticios. Ella quiere erradicarlo desde Infantil, dando talleres de educación emocional para que las peques, cuando vayan desarrollándose, no crezcan con estos problemas y no vivan en una atmósfera de inseguridades.

“Yo tengo un grupo de amigas que son preciosas, inteligentes y bellas, pero todas sacamos la misma conclusión: tenemos que aprender a querernos más a nosotras mismas. No nos queremos, no nos aceptamos”, le dije. “¿Por qué te crees que quiero dar estos talleres? Para que las nuevas generaciones no crezcan como tú o como yo”, me devolvió. Esta es una ínfima parte de la historia de mi vida, acompañada de mis amigas las inseguridades, ¿cuál es la tuya?

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.