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Cuando el meridiano 0 pasaba por Cádiz

La Camorra fue mucho más que una tertulia internacional. La documentación depositada en el Archivo Histórico Nacional revela las múltiples facetas del edificio, que merece recuperar su valor.

La Camorra fue mucho más que una tertulia internacional. La documentación depositada en el Archivo Histórico Nacional revela las múltiples facetas del edificio, que merece recuperar su valor.

Se celebra este año el Tercer Centenario del paso oficial de la Casa de la Contratación desde Sevilla a Cádiz, es decir, del monopolio del comercio entre las colonias americanas y España. En realidad, esa función ya era desempeñada desde mucho antes, el Guadalquivir cada vez más cegado apenas soportaba la subida desde Sanlúcar de la Flota de Indias. A mediados del siglo además la Corona fortaleció el avance de la ciudad con la creación de la Academia de Guardiamarinas y el Observatorio de Marina creado por Jorge Juan en el antiguo Castillo de la Villa, que se convirtió en el lugar que marcaba el meridiano 0 de las cartas náuticas de España y otros países durante muchos años.

Cádiz conoció en el siglo XVIII un enorme esplendor. El reducido espacio insular de apenas cuatro kilómetros cuadrados se amuralló. La vieja catedral medieval fue considerada poco adecuada para una ciudad a la que acudían no sólo mercancías de todos los continentes conocidos sino también gran cantidad de foráneos. La población crecía y se encargó al arquitecto Vicente Acero un gran proyecto para una nueva catedral. En esa ampliación urbanística el antiguo arrabal de Santiago va a encontrar una nueva disposición que lo convertirá en el Barrio de las Escuelas. Limitado en su parte oriental por una nueva plaza que permitiese la visión de la movida fachada barroca del nuevo templo, su avance quedaba bloqueado en su parte más occidental por el amplio Convento de los Descalzos. Precisamente en esta parte más cercana al Huerto del Cenobio se formó una irregular manzana que dejaba un amplio espacio interior que iba a servir para la ubicación de un magnífico Coliseo de la Ópera Italiana construido en madera y que desde 1761 hasta 1779 ofreció magníficas temporadas de música como ha demostrado Doña Cristina Díez en su tesis recientemente defendida.

En algunas de las viviendas de la calle más oriental de la manzana, la denominada Empedrador, se van a acondicionar varios lugares que permitían diversiones para extranjeros. De una parte, para residencia y ensayo de la orquesta de la Compañía Operística el dueño de la empresa adapta una casa que probablemente por el jaleo que realizaban sus inquilinos fue denominada como de La Camorra (palabra que entonces no tenía la acepción que le aportó la organización napolitana del mismo nombre a partir de 1830). También fue, según nos cuentan sus propios inquilinos, una tertulia internacional de los numerosos comerciantes extranjeros que convierten una finca de la calle Empedrador en lugar para “desahogarse de las continuas tareas y fatigas en sus escritorios que tanto cansan y molestan su ánimo”. Utilizan para tal objetivo salas para la lectura, la charla y los juegos tanto internos de billar, como el chaquete (una especie de backgammon), y los naipes no prohibidos, además de actividades al aire libre en sus jardines como especialmente las bochas, una especie de petanca muy popular en el siglo XVIII.

Recientemente hemos encontrado en el Archivo Histórico Nacional unos documentos que remontan estas tertulias a 1740 con una continuidad que permite, una vez derribados el Coliseo y la casa de los Músicos, comprar “el pavimento” para labrar un nuevo edificio de tres plantas con un amplio salón teatral en la parte baja y otras cinco amplias dependencias que incluían biblioteca, salas de juegos y reuniones. Como si fuera una empresa, hasta veintisiete accionistas patrocinaron la obra a censo reservativo gastando 70.000 libras y dedicando sumo cuidado en la decoración del teatro con una elegante fachada de cinco arcos de medio punto que daba a un jardín interior de naranjos. Para la decoración interior del Salón Bajo se contrató a estuquistas portugueses e italianos.

Construido probablemente el edificio en torno al año 1783, va a disponer de una amplia vigilancia gubernamental por ser la numerosa colonia francesa (en torno a 1.800 individuos de los 60.000 que poblaban en esos años la ciudad) la que utilizó con más asiduidad el edificio. Probablemente para representación de obras teatrales que recordasen al desaparecido Teatro Francés del Mentidero, que ofreció un amplio repertorio durante los años 1769 y 1779, pero también para la lectura de numerosa prensa gala que llegó a la sala de lectura de La Camorra a través de suscripciones recogidas en Correos como manifiesta el propio Inquisidor en la constante búsqueda de motivos para su cierre. La gran sorpresa que nos han deparado los papeles de un expediente del Archivo Nacional es que la propiedad era muy internacional, con 27 comerciantes de 14 nacionalidades diferentes, entre los que se encontraban los cónsules de Dinamarca, Suecia, Prusia, Estados Pontificios, Holanda y Saboya. Aunque sólo tres de los dueños se declaraban franceses, los siete que aparecen como españoles delatan en sus apellidos su ascendencia  (Delotz, Mercy, Behic, ….), que puede certificar su nacionalidad como generación de hijos de comerciantes galos nacidos ya en España, a los que se denominaba jenízaros.

En el verano de 1791, por el avance de la Revolución, el Gobierno español impide a sus dueños las reuniones en el edificio conocido como La Camorra. Los propietarios inician un largo periplo para lograr la reapertura que nos ha permitido conocer estos nuevos datos. Las notas que aportaban las autoridades locales al traspasar las peticiones al Consejo de Castilla señalaban que la amplia comunidad francesa había aportado 83.000 libras recaudadas en Cádiz para contribuir al funcionamiento de la Asamblea Nacional Francesa. Podemos intuir por tal motivo que el edificio fue lugar de reunión y recogida de este “donativo revolucionario”.

Tras el Acuerdo de Basilea en 1795 La Camorra volvió a sus usos anteriores hasta que en 1808 el comienzo de la Guerra de la Independencia provocó su confiscación definitiva sin que nadie más volviese a solicitar su propiedad. El edificio posteriormente fue utilizado con múltiples funciones desde Depósito Hidrográfico a Escuela lancasteriana de la Sociedad Económica Gaditana de Amigos del País, ateneos y liceos varios, Conservatorio de Música, lugar de ensayo de algunos de los más míticos coros carnavalescos del Tío de la Tiza, Escuela de Comercio, Cabaret, Casa del Pueblo y sede estable de la Compañía de Títeres más longeva de España (La Tía Norica).

Destruido en la década de los sesenta del pasado siglo para construir un colegio, el arquitecto municipal Don Antonio Sánchez Esteve tuvo la notable pericia para esconder entre sus muros la magnífica fachada neoclásica que es posiblemente recuperable de manera íntegra. La Camorra está enladrillada… Somos cada vez más los gaditanos que conociendo y reconociendo su historia reclamamos su puesta en valor. Sólo falta la voluntad política.

Juan Antonio Vila Martínez es Doctor en Historia y profesor de Enseñanza Secundaria.

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