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Crepúsculo jedi

La crítica de Star Wars: Los últimos jedi

STAR WARS: LOS ÚLTIMOS JEDI (The Last Jedi, Estados Unidos, 2017); Dirección: Rian Johnson. Guión: Rian Johnson; Fotografía: Steve Yedlin; Música: John Williams; Reparto: Mark Hamill, Carrie Fisher, Adam Driver, Daisy Ridley, John Boyega, Oscar Isaac, Andy Serkis, Donhnall Gleeson, Laura Dern, Benicio del Toro …

Si usted es “de los nuestros”, de la hermandad de la Todopoderosa Fuerza y el Santo Láser, y está interesado en cuestiones trascendentes cómo la sempiterna batalla de la luz y las tinieblas o cómo matar al padre, el episodio VIII de Star Wars, Los últimos jedi, es su película. No le decepcionará porque profundiza en esos temas.

La anterior entrega, Rogue One (2015), era una pequeña digresión que aligeraba la historia de carga filosófica y contaba sin complejos un aventura de espionaje y héroes anónimos. El episodio VII, El despertar de la Fuerza (2015), fue una maniobra de reciclaje que intentaba sin éxito desembarazarse de la sombra de Lucas.

Los últimos jedi echa a volar por su cuenta, de la mano de su guionista y director Rian Johnson, para ilustrarnos sobre la decadencia de todo héroe, y darle el relevo a una nueva tríada de defensores de la República. Es básicamente la historia de una persecución por las autopistas interestelares a la velocidad de la luz, a la manera de la interminable serie Galáctica, pero también el relato del crespúsculo de los monjes guerreros.

Rian Johnson viene a decirnos que, como en el caso de templarios, shaolins o soheis, la lucha de los jedi contra las sombras no está exenta de vanidad y arrogancia. La República debe en algún momento marchar sin la tutela de ninguna sangre real; los grandes nombres, Han, Obi Wan, Yoda …etc, van pasando y se incorporan a la saga nuevos personajes, hombres y mujeres comunes que cubren la ausencia de aquellos, y que cobran protagonismo en detrimento de los muñecos analógicos y digitales tan queridos de Lucas.En manos de Rian Johnson la franquicia se humaniza y no es tarea fácil la suya: mantener la constantes vitales de una space opera cinematográfica. Como guionista y director se esfuerza por poner su sello personal en una historia que, además de seis directores diferentes, lleva contándose cuarenta años, casi medio siglo de referente iconográfico popular.

La escritura de Johnson aporta matices al maniqueísmo usual en la serie: el jedi maduro en su retiro reconoce la vanidad, la arrogancia inherentes al poder con que fueron investidos. Su contraparte, Kylo Ren, admite que no se mueve solo por odio y ambición, también es un chico asustado e inseguro. La interpretación de Adam Driver, desdeñada en el episodio VII, se consolida poco a poco, aportando un grado de vulnerabilidad que estaba ausente en Darth Vader.

Johnson también hace comentarios relevantes, e inéditos hasta ahora en la serie, por medio de un nuevo personaje, Benicio del Toro, sobre los verdaderos ganadores de cualquier guerra, los fabricantes de armas. Un baño de realismo en medio de tantos gestos épicos.

Los últimos Jedi tiene el valor añadido, emotivo, de la despedida de Carrie Fisher. Como el Bela Lugosi, de los años dorados de Hollywood, identificándose con su papel de Conde Drácula, Mark Hamill y Carrie Fisher han estado siempre prisioneros de esa misma luz dorada.  Son dos actores fagocitados por Luke y Leia, una vida personal marcada por unos fantasmas.

Si la premisa de apertura de esta reseña no se cumple en su caso, si usted no es un adepto, encontrará Los últimos jedi entretenida y con momentos vibrantes, pero también algunos algo cargantes. En cualquier caso los momentos de acción, los combates entre cruceros estelares, las batallas de cazas, los momentos humorísticos, sirven de contrapeso a las disquisiciones filosóficas sobre la naturaleza de la Fuerza. ¡Imbatible!

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