Cultura

“Creo en la fe en el trabajo y en el pico y la pala”

El actor, director y dramaturgo gaditano José Troncoso estrena este miércoles en el Teatro Español 'Lo nunca visto', una apuesta con su compañía La Estampida por el teatro de creación. "El público es un misterio", confiesa a lavozdelsur.es

Atiende por teléfono a lavozdelsur.es casi a las puertas del camerino del teatro de Palencia donde este lunes, día en el que tradicionalmente la profesión descansa, tiene bolo con su compañía. Casi sin parar, en poco menos de 48 horas, José Troncoso (Cádiz, 1975) estrena en el madrileño Teatro Español, en la sala Margarita Xirgu, un montaje que él mismo ha escrito y dirigido para su compañía, La Estampida. “Estamos casi sin parar, pero muy contentos; lo del Español es una maravilla que nos haya tocado, porque aunque tampoco es un regalo, porque ha sido cuestión de persistencia, nos tiene muy contentos de haberlo conseguido”. Lo nunca visto lleva tres años rodando por escenarios de dentro y de fuera, pero es ahora cuando al fin ha conseguido colocarse en un escaparate de máxima proyección en la escena nacional como es el teatro de la plaza Santa Ana.

Residente en Madrid desde hace 15 años, pero gaditano al cubo —“yo soy de Cadi, Cadi, Cadi—, nacido en la calle Diego Arias, su padre tenía la mercería de los Niños, que cerró hace ya algunos años en la calle Concepción, y ya rememora José cómo había teatro hasta en su forma de atender a sus clientas. Ese Cádiz iniciático, esas vivencias, le marcaron y, claro, están puestas bajo los focos. “Me acuerdo de todo, y de todo lo que me acuerdo me sigue acompañando en las obras y sigue siendo una fuente de inspiración absoluta. Si hacemos un teatro vivo, hacemos un teatro de alguna manera con nuestras vivencias”.

Actor, dramaturgo, director y profesor de interpretación, lo que pocos saben de Troncoso es que empezó Ingeniería Química, “era la carrera con más salidas en aquel momento”, pero acabó licenciándose en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. “Llego de rebote al teatro —relata— porque empecé a estudiar Ingeniería Química, aunque como siempre se me había dado bien dibujar, al final de primero mi madre me dijo si quería irme a Sevilla a estudiar Bellas Artes, me preparé el examen de ingreso y entré. Ya en Bellas Artes, me terminé de escacharrar, porque descubrí el teatro, había un grupo universitario, por las tardes iba al Centro Andaluz de Teatro (CAT), empecé a dirigir, y con 23 años me dieron el premio al mejor espectáculo en el Festival de Palma del Río, por Subida en la montaña, con Pepa Díaz-Meco, mi primera maestra”… Lo cuenta todo a trompicones y como si no hubieran pasado años.  “Ya cuando me quise dar cuenta, estaba trabajando como actor. Creo que la profesión me eligió a mí, no yo a ella. Un poco al revés”, confiesa.

Troncoso con las actrices de ‘Lo nunca visto’.

Estudia Teatro Gestual en la Ècole Philippe Gaulier y se forma con los más diversos maestros internacionales y nacionales. Y descubre que no hay método, ni fórmula para romper la cuarta pared y expresar algo parecido a la verdad que conecte con el espectador. Él, que coqueteó con la química y acabo Bellas Artes, no tiene fórmula magistral para haber logrado pintar algo en la escena actual. “Las fórmulas no existen, el público es un misterio y no se sabe qué compuesto va a hacer que la fórmula sea magistral o sea un fracaso, pero en este caso la única fórmula que utilizamos es la honestidad, somos coherentes con lo que somos y con lo que nos rodea, miramos un poco cuál es el panorama, nos interesa mucho el mundo de lo social, de lo invisible, de esa gente que no suelen contarse sus vidas en el escenario, y nos ocupamos de ellas”.

A diferencia de la tónica imperante en el teatro español contemporáneo, lo suyo con La Estampida es “teatro de creación puro y duro”. “Con La princesas del pacífico, que fue nuestro primer montaje y estamos a punto de cumplir las 200 funciones, llevamos cuatro años en cartel, de gira por toda España, las actrices recibieron los premios andaluces de teatro ex aequo, tuvimos dos candidaturas a los Max… fue una cosa muy fulgurante. Fue de alguna manera llegar y pegar”. Era algo distinto. En el Sur, apenas La Zaranda, en su eterna inestabilidad, sigue siendo faro algo más de 40 años después de un teatro de laboratorio, capaz de concebir la escena como una ceremonia sagrada. ¿La Estampida por qué dan ganas de salir corriendo? “A veces dan ganas, pero creo que cuanto más huye y más corre uno, más cerca se queda del problema. Pensamos que la huida es imposible, cuando te quieres alejar de algo es porque haces muy presente ese algo. Y nosotros, de hecho, con esa Estampida lo que hacemos es parecernos cada vez más a lo que somos, a nuestra esencia”.

“Nos interesa mucho el mundo de lo social, de lo invisible, de esa gente que no suelen contarse sus vidas en el escenario, y nos ocupamos de ellas

La duda, la búsqueda. ¿Llegan a alguna conclusión? “Conclusiones ninguna, Dios nos libre. El día que lleguemos a alguna conclusión nos empezaremos a morir. Llegamos a la conclusión de que esto es una búsqueda y un crecimiento continuo, no se acaba”. Y en ese crecimiento, el Teatro Español. “Ha sido una larga espera, el espectáculo se creó hace tres años, se hizo un ensayo abierto en el teatro Guindalera —una activa sala en Madrid— y hemos tenido la suerte de estar mientras esperábamos en sitios bonitos, como el festival de teatro de Caracas, y girando por España. Ahora, gracias al apoyo de Carme Portacelli —la directora— y el Teatro Español, tenemos las mejores condiciones en pleno centro de Madrid para exponer nuestro trabajo”.

Pero si algo no quieren en La Estampida es que se les considere alternativos, esa etiqueta que encierra todo aquello que escapa del entretenimiento banal y de la obsesión por la taquilla a toda costa, y que a menudo no encuentra todo el apoyo que merece lo que no entra en los parámetros de la rentabilidad comercial. “Nosotros no somos alternativos, siempre decimos ¿alternativos a qué…? De hecho, queremos ser comerciales en el mejor sentido de la palabra, queremos que nuestro espectáculo se venda lo máximo posible. Y en cuanto al apoyo, la verdad que no nos podemos quejar. En Cádiz se nos ha apoyado siempre y en Madrid se nos empiezan a abrir las puertas. No nos podemos quejar de nada. Al hacer algo tan personal como lo que hacemos, de repente se ha convertido en un espacio en el mercado en el que el público nos ha acompañado desde el primer momento. Ha sido fácil porque nos recomendaban, el boca-oreja ha sido espectacular, y eso ha permitido que Las princesas del Pacífico siguieran adelante, y que ahora siga adelante Lo nunca visto”.

Una escena del último montaje de La Estampida.

En este montaje se incorpora a la compañía una actriz nueva, Ana Turpin, que se suma al elenco que completan Belén Ponce de León y Alicia Rodríguez. Personas y personajes en una tragicomedia grotesca que habla “del intento de hacer algo novedoso en el arte. De cómo el arte salva, pero también mata. Cómo una profesora de danza y teatro que no tiene ningún tipo de talento decide coger a dos exalumnas y montar, contando sus vidas, un espectáculo que no se haya visto nunca, algo innovador, pero algo completamente imposible en el arte, y menos con su poco talento”.

Una ama de casa que huye del marido y una politoxicómana responden a la llamada, y las situaciones que se generan se miran en Valle y Fellini. O, más cerca, en La Zaranda: “Es el mejor referente que puede haber a nivel de proyección mundial. Y no solo por esa proyección, sino por la manera artesanal de hacer las cosas, que es la manera como yo creo que hay que hacer las cosas, y la que yo defiendo: la del pico y la pala, y la fe en el trabajo“. Y con un toque cómico. “Pensamos que el humor hace que te relajes y la información te entre de otra manera. Los grandes dramas deben ser contados desde la ligereza, normalmente cuando uno está mal, quiere estar bien. Y ellas vienen a traer luz, un mensaje positivo, pero desde esa cosa grotesca de saber que no harán nada en su vida”.

Lo que no haría sería renunciar nunca a La Estampida, que ahí está mi corazón, mi casa y mi sitio de libertad en el mundo

Un trasfondo social, pero sin mensaje, que cada cual se quede pensando al caer la función. “Huimos de lo panfletario, del mensaje. Simplemente, exponemos en el escenario y la opinión está en el público. Creemos que esa es la mejor manera de tratar lo social, no haciendo juicios de valor”. Curtido en teatro, pero también en la tele y el cine —Thi Mai, Taxi a Gibraltar, La zona…—, no entiende que haya que renunciar a nada, aun habiendo logrado el Premio Mejor Actor de Reparto Unión de Actores 2016 por sus papel sobre las tablas en Historia de Usera, de Fernando Sánchez Cabezudo. “¿Qué no haría por dinero? Depende de cómo esté la cuenta bancaria. Lo que no haría sería renunciar nunca a La Estampida, que ahí está mi corazón, mi casa y mi sitio de libertad en el mundo. Me quitan eso y me da algo, vamos”. Eso sí, José Troncoso es positivo: “Todo es gratificante. Hasta a la serie más cutre o al proyecto más indeseable puedes aportarle tu granito de arena llevando tu luz y buen hacer, tu forma de hacer las cosas”.

Su Cádiz, que “se ve muy lejos y te conformas con los cielos de Madrid”, lo ve, “desgraciadamente, como un maravilloso sitio para volver, y tengo a mi familia allí, pero la pena es que no acompaña un tejido profesional que los artistas de allí podamos quedarnos allí”. En Andalucía, “es imposible, no difícil. Hay que moverse. Para mí el CAT fue una experiencia maravillosa, un privilegio de instalaciones, los profesores era gente activo con una referencia real de lo que pasaba en el teatro… era maravilloso”. Ahora sigue en coma. ¿La política? “Cuando hable de valores, hablaremos de política. Mientras que la política solo hable de economía, yo no tengo nada que decir. Estaría bien que los políticos intentasen que la sociedad creciese en cuanto a valores y conciencia, no solo a nivel económico“.

Sala Margarita Xirgu del Teatro Español. Del 18 de septiembre al 13 de octubre. De martes a domingo a las 20:30 horas.

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