Catalejo

Consentimiento expreso o contrato para tener relaciones sexuales

En diversos países musulmanes tener sexo fuera del matrimonio puede ser castigado con penas de cárcel o flagelación. En algunos de esos estados, los más liberales, se admiten los contratos matrimoniales a tiempo parcial, desde una hora hasta lo que se pacte, como ocurre en Irán con el denominado sigheh.

Salvando las distancias, algo de eso está ocurriendo con los contratos digitales para tener relaciones sexuales, en la que los componentes de la pareja se graban para dar su consentimiento explícito en su relación amorosa.  La app We consent , es uno de los vehículos para ello. Las filmaciones se guardan durante 7 años a buen recaudo en la nube, sin que puedan utilizarlas las partes. Sólo se usarían éstas si hay algún procedimiento judicial en curso, para aportarlas como prueba, en caso de denuncia por violación basada en una hipotética falta de consentimiento. La plataforma surge en USA, en defensa de otras plataformas que ponen en una lista negra a supuestos acosadores masculinos.

La avalancha de denuncias en USA contra hombres ha hecho que éstos se protejan, pues ya en algunos estados, como el de California, se considera que hay violación si la mujer no consiente expresamente, no bastando, por tanto, el consentimiento tácito. Allí, la palabra de la mujer está por encima de la del hombre y la mera denuncia puede ser base suficiente para una condena. Condena que por cierto es mucho menor que la que se aplica en la legislación española,  ya que en el grado máximo, a excepción de que sea la víctima una menor de 7 años, acarrea la pena de 8 años (inferior a la que se impuso a ‘La Manada’ que era de 9 años de cárcel más cinco de libertad vigilada) y en el grado mínimo sería de 3 años.

Además, en California, incluso en situaciones de consentimiento expreso, siempre que haya vicios de intención, como por ejemplo los estados de embriaguez, se considera que hay violación, con lo que el hombre tiene que estar totalmente seguro, antes del acceso carnal, no solo del consentimiento expreso de su par sino también de que ésta no sufra ningún estado que anule o altere su voluntad real producto de unas copas de más o de haber consumido alguna sustancia psicotrópica.

Ante tanta responsabilidad masculina, los hombres están cada vez más temerosos y van cambiando la manera de interactuar con las mujeres, convirtiendo lo que sería un disfrute romántico, pasional y espontáneo en algo frío y racional. Debido a esto, los hombres están creando diversas tribunas en defensa de sus derechos.  Algunos, los llamados MGTOW (Men going the own way), es decir los varones que van por su cuenta, que se reúnen en torno a la página web www.mgtow.com, llegan al extremo de rechazar cualquier relación afectiva con las mujeres. Consideran que existe un ginecentrismo en la sociedad actual y que no merece la pena luchar por tener una familia, cuando en cualquier momento una fémina te puede destrozar la vida para siempre.  Igualmente, creen que el matrimonio es una institución en beneficio de las mujeres y, por tanto, un engaño para los hombres para, así, tenerlos sometidos.

Otro medio es el de Varones Unidos, que en sus páginas web denuncian casos de misandria (odio al varón).  Uno de los más graves es el que se ha producido por el Centro de Consejería y Salud Mental (CCSM)  de la Universidad de Texas que ha presentado un programa de salud exclusivo para los varones, por considerar la masculinidad como una enfermedad que hay que tratar y corregir. Otro caso puesto en evidencia es el de un grupo de mujeres que han quemado, rociando de combustible, a un chico discapacitado en Argentina. O la queja de que la mayoría de los indigentes sean hombres, sin que haya programas específicos de género para paliar la lacra de esos marginados.

En definitiva, aunque se haya celebrado hace unos días el 50 aniversario del Mayo del 68, que produjo el advenimiento de una revolución sexual, esa libertad y ese modo de comportarse parece que va tocando a su fin. Estamos entrando en una nueva era.

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