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Como una historia de amor

Cuando ustedes puedan disponerse a leer esta columna será domingo día cinco de enero, víspera de reyes, estoy escribiéndola en sábado pero solo será cuando las cabalgatas se estén preparando por casi todo el territorio cuando usted podrá sufrir o disfrutar, según el caso, estas palabras. Vísperas de reyes, vísperas de regalos y vísperas de lo que se presupone que será el próximo día siete un nuevo, por fin, Gobierno. Digo que se presupone porque dadas las circunstancias, dadas las estratagemas que están utilizando los sectores más conservadores del ámbito político, económico, judicial y social, hay que poner todo entre paréntesis, y si hay gobierno que se preparen porque se lo van a poner difícil, incluso he escuchado al líder de la derecha decir hoy –sábado- en la tribuna del Congreso de los Diputados que está dispuesto a llevar a los tribunales a Sánchez y al sumsum corda por traición. No se van a parar ante nada, y tienen poderosas instituciones colaborando en ello.

La resolución de la Junta Electoral Central de cesar al Presidente de la Generalitat Catalana es simplemente un pronunciamiento fuera de los términos estrictamente legales que se hace para torpedear la investidura de un gobierno que no quieren bajo ningún concepto que se ponga a trabajar. Y hablan, y no paran, de la patria, hablan y no paran de los símbolos, hablan y no paran de buenos y malos españoles, hablan y no paran de división.

Es una norma que me impongo la de no hacer demasiados artículos de opinión de materia política, no porque no me interese la política sino porque no me gusta. Hay demasiadas cosas para escribir, para opinar, para sentir…pero precisamente porque amo esa libertad de poder escribir lo que quiero, opinar lo que deseo y actuar según criterios de respeto y de empatía es por lo que no puedo permanecer callado solo para protegerme de asuntos que están delimitándose –y de que manera- en uno de los poderes del Estado. No creo que hoy en día tenga derecho a callarme, por eso os comento con pasión pero con racionalidad mi amor por las cosas que nos rodean, amor por las personas, cariño y afecto, comprensión y atención por aquellos que comparten conmigo una serie de valores que en mi modesta opinión pienso que podrían ser compartidos por la generalidad de la población.

Por eso quiero hablar de esta historia de amor que tenemos con esa gente que convivimos en una tierra que llamamos España. Porque España no son sus símbolos, no es su bandera, ni su himno, ni sus Jefes del Estado, nada de eso es España. Un símbolo sustituye al objeto pero no es el objeto. España son sus gentes tomadas como colectividad. España es todo aquello que es bueno para los españoles en común, en sus aspectos más comunitarios: la enseñanza pública, la sanidad, el cuidado de nuestros mayores, la cultura, nuestros idiomas…es lo que nos une  y lo que realmente nos hace fuertes como pueblo. Y todo ello agregando, sumando, incluyendo, proporcionando riqueza a nuestra relación de pertenencia –lo identitario-.

Respeto. Más respeto. Todo el respeto. Mi amor a España, es el amor a las libertades, es el amor a la igualdad, a la diferencia porque todos somos diferentes para vivir como iguales. Eso es la patria. Resulta por tanto inadmisible ese rugido de la caverna política, mediática, judicial, económica…metiendo miedo a la ciudadanía, dividiendo a los españoles, haciendo irrespirable la situación. Es inaceptable que poderes que son independientes no sean imparciales. Es inaceptable que se provoque una confrontación civil en Cataluña. Es inaceptable que se manosee de manera tan burda y bruta el concepto de España, la propia Constitución. Es un ataque programado a la democracia el que se está produciendo no solo en nuestro país, también en Europa, en América, con golpes de estado inasumibles…

Para terminar, un deseo: seguir amándonos, seguir queriéndonos, eso es lo correcto, que nadie nos distraiga en esa ingente tarea de acumular y distribuir cariño sin que ningún patriota de mentirijillas nos moleste porque será irrelevante. Si, esos patriotas que dicen que la izquierda está vendiendo España, mientras ellos vendieron por ejemplo pisos sociales de Madrid a fondos buitres extranjeros y así demasiados ejemplos de venta al por mayor de nuestro país…y se llaman patriotas, patriotas de sus bolsillos, de sus intereses. Nosotros a lo nuestro: amar y ser amados.

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Un comentario

  1. Menos mal que usted, como confiesa, opina poco sobre política, porque, con su desconocimiento de los rudimentos de la Teoría del Estado, sólo puede obsequiarnos sandeces como las que contiene su columna. Naturalmente que España no son sus símbolos, pero sus símbolos son muy importantes porque la representan (como los de cada Nación a ese Nación), por eso ofender a los símbolos de una Nación es ofender a la Nación; los símbolos no son el objeto ni (como usted dice) lo sustituyen, sino que lo representan; un crucifijo no es Jesucristo ni lo sustituye, pero lo representa, es su imagen, una fotografía de su padre no es su padre ni lo sustituye, sino una representación gráfica de su padre, pero, si alguien cuelga ese crucifijo boca abajo, lo quema y se orina sobre las cenizas, los cristianos, con toda razón, se sentirán muy ofendidos y si alguien le hace lo mismo a la fotografía de su padre, usted, también con toda razón, se sentirá ofendido y agredido moralmente, eso es lo que hacen los separatistas con los símbolos de la Nación española. Todos los españoles tenemos derecho a usar libremente los símbolos de nuestra Nación sin que ello entrañe un riesgo personal (incluso de muerte) como sucede actualmente; la izquierda española no usa, incluso reniega, de los símbolos nacionales porque reniega de lo que representan, de España, porque está contaminada por el krausismo negrolegendario. Pero España tampoco es “todo aquello que es bueno para los españoles en común, en sus aspectos más comunitarios: la enseñanza pública, la sanidad, el cuidado de nuestros mayores, la cultura, nuestros idiomas…es lo que nos une y lo que realmente nos hace fuertes como pueblo. Y todo ello agregando, sumando, incluyendo, proporcionando riqueza a nuestra relación de pertenencia –lo identitario-“; eso son sólo algunas (pocas) de las consecuencias de ser español en la actualidad. España es el Estado-Nación, la Patria, que hace que los españoles seamos ciudadanos isonómicos; esto es, que seamos ciudadanos libres, iguales y solidarios por encima de nuestro origen, y una de las (muchas) consecuencias que ello entraña es lo que usted menciona. España, como todas las naciones, tiene virtudes y defectos, superávits y déficits, pero el patriotismo (a diferencia del nacionalismo) consiste en amar a la Patria con sus virtudes y defectos, aunque procurando perseverar en las primeras y enmendar los segundos, como se ama a los seres queridos (con sus virtudes y defectos); el amor a España, el patriotismo, no sólo “es el amor a las libertades, es el amor a la igualdad, a la diferencia porque todos somos diferentes para vivir como iguales. Eso es la patria. Resulta por tanto inadmisible ese rugido de la caverna política, mediática, judicial, económica…metiendo miedo a la ciudadanía, dividiendo a los españoles, haciendo irrespirable la situación”, porque ése es un amor interesado, condicionado, no es un verdadero amor. Al margen de lo anterior, España es uno de los mejores países del mundo para vivir (en todos los aspectos), como lo sabe bien cualquiera que se haya movido asiduamente por el extranjero. Por ello, la decisión de Sánchez de formar un gobierno con el apoyo de fuerzas claramente antiespañolas, delincuentes y filoterroristas, a cambio de inaceptables y no explicadas cesiones de soberanía y de impunidad, es un acto antiespañol, una traición a España y a los españoles que jamás ocurriría en otra democracia occidental. Por eso, incluso su mal entendido “amor” a España es incompatible con la aceptación de un gobierno con esas hechuras antipatrióticas, lo que demuestra que usted realmente no ama a España, además de ser un incoherente.
    Sobre el resto de sus sandeces no formularé ningún comentario por pereza mental, por hastío de leer estupideces.
    Definitivamente, su propósito de no escribir sobre política es muy acertado y mentalmente saludable para usted… y para sus lectores.

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