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Comilonas

Hay días en que uno piensa que vamos a acabar descubriendo América. Otra vez. La ‘última’ ha sido el descubrimiento de que la Faffe (Fundación Andaluza Fondo de Fomento del Empleo) ha sido la ‘paganini’ de comilonas varias en las Ferias de Jerez y Sevilla. La tal Faffe –joder, qué nombres ponen los políticos a sus chiringuitos… si es que el acrónimo suena ya arrastrado- entendía que para ayudar debidamente a los demás, en este caso desempleados, hay que empezar por ayudarse a uno mismo y sus amigos, así que al ya conocido gasto -¿o era inversión?- en prostíbulos, joyería y copas resulta que ahora hay que añadir unas cuantas comilonas en el Real de la Feria de Jerez, el que más nos interesa.

Este humilde cronista tiene dudas sobre si ha asistido alguna vez (a los postres, todo hay que decirlo, que nadie se venga arriba) a alguna de esas comilonas de la Faffe en la Feria de Jerez. Puedo decir de manera fehaciente que he asistido en un par de ocasiones (a los postres, insisto, y siempre en fiel cumplimento de mi deber profesional) a sendas comidas que por su perfil muy bien podrían haberlo sido, tanto por la composición de la reunión como por las viandas. Del primer factor solo puedo decir que era la típica –a buen entendedor…- reunión de empresarios y de (políticos) socialistas sin un fin aparente que no fuera el del ‘carpe diem’, de lo que se hablara en los grupitos, eso ya…; del segundo tema solo puedo decir que las reglas del juego iban más allá de los langostinos de Sanlúcar: aquello, lo que quedaba en la mesa, era una especie de cementerio de bogavantes (lo que tiene ir a los sitios a los postres, lo digo por tercera vez y ya).

La verdad es que nunca me enteré de quien pagaba en ninguna de las dos experiencias (nunca fui un gran periodista de investigación y menos con un par de medias de fino en el cuerpo, además, hay momentos en la vida en que el dinero no lo es todo), si alguien de alguna Administración pública –había gente de varias-, alguna asociación empresarial, algún rumboso que pasaba por allí, a escote o directamente se apuntó en la barra del hielo. De verdad, si alguien recuerda mi paso discreto por allí y me lo puede aclarar, le diría que nunca es tarde, al menos para descubrir América…

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