Feminismo

Charo Padilla o la mujer que alzó la voz de las minorías en el seno de la Iglesia

La periodista, que lleva más de 30 años retransmitiendo la Semana Santa de Sevilla en Canal Sur Radio, es la primera devota en hacer el pregón de la Semana Mayor de la capital andaluza, además de hacerlo con perspectiva de clase y género

Charo Padilla habló de pobreza, de humildadhumanidad. Es la primera vez que una mujer da el pregón de la Semana Santa de Sevilla en los 80 años que lleva celebrándose. Y Padilla no defraudó en el Teatro de la Maestranza. Conmovió y removió conciencias. Habló de los de abajo, de las comunidades de vecinos que se unen para sacar su paso adelante, de los jóvenes a los que las hermandades amparan y ayudan en barrios marginales. De madres, abuelas… La periodista de Canal Sur Radio se subió al atril para alzar la voz de las minorías, de los marginados de la sociedad: los pobres. Aquellos que por Semana Santa se engalanan con los mejores trapos que encuentran por casa y salen a procesar su fe con un bocadillo bajo el brazo.

“Soy la primera mujer que tiene el privilegio de abrazar este atril para anunciar la Semana Santa, contar sentimientos y abrir su alma. Dame la venia sevillano. Te lo pide mi corazón de mujer. Te lo narra mi emoción. Y te lo cuenta esta pregonera que en el amor a Sevilla, aprendió a amar las cofradías”. Así arranca el pregón de la periodista Charo Padilla, quien se ha llevado más de 30 años retransmitiendo la Semana de la Pasión de Sevilla en Canal Sur Radio. Para luego, dar paso a sus primeros recuerdos de la Semana Mayor. “Recuerdo como si fuera hoy, la cara de mi madre. Mi madre sonreía y lloraba, como la Virgen. Supongo que rezaba. No sé qué le pediría”, narra aquella primera escena ante la Virgen de la Macarena.

Padilla envolvió su pregón, que duró casi dos horas, en pureza y sensibilidad. Pero sobre todo reflejó una realidad con perspectiva de género y de clase como pocos han hecho en el seno de la Iglesia. Como buena periodista, no solo contó su historia desde sus entrañas, sino que reflejó la vida de otras personas o colectivos a los que tuvo la oportunidad de entrevistar en Canal Sur. Uno de los relatos que creó un nudo en la garganta fue la historia de la banda de música del Polígono Sur, Santa María de la Esperanza. “Ellos son Iglesia viva de Sevilla, son costaleros del paso más pesado: el del día a día lastrados a una suerte esquiva”, exaltó Charo Padilla. Pero así fue cómo lo narró en su pregón:

“Quisiera compartir con vosotros los lugares donde me he encontrado a Dios, donde lo he sentido. Llevaron a un sitio donde los mantos no se bordan en seda y oro. Donde no hay bullicio delante de un paso. Donde es más importante tener un plato de comida en la mesa que…, bueno, quizá sea lo único importante. Aquí, en el Polígono Sur, no se toman decisiones sesudas de Cabildo. No hay discusiones por llegar a ser hermano mayor. No hay niños, ni túnicas colgadas de un armario. Aquí hay un paso que sale cada Viernes de Dolores desde el año 2010, y que arrastra tras de sí a cientos de devotos del barrio, como una romería. Un paso hecho por hombres y mujeres del Polígono Sur. Aquí hay una agrupación parroquial: Bendición y Esperanza. En esos metros cuadrados que rodean la parroquia de Jesús Obrero, se hace Iglesia, con mayúscula.

Aquí, muy cerca del lugar donde dentro de siete días se concentrarán todas nuestras emociones, y hombres y mujeres que cada día luchan por salir adelante. Fui a hacerles un reportaje hace muchos años, ni 20 minutos. Tan poca distancia y qué realidades tan distintas. Edificios en muy malas condiciones, calles oscuras y solitarias. Y en medio del desierto, siempre la esperanza. La mano tendida, el, te ayudo, el, qué necesitas. El, aquí estoy, el, no te preocupes. Mi propósito era conocer el proyecto Fratérnitas y su primera acción social, algo que parecía imposible: organizar una banda de tambores y cornetas en el Polígono Sur. Un grupo de chavales jugando al fútbol, cuanto a la parroquia, estaban ya los pilares de lo que luego se convertiría en la Fundación Proyecto Don Bosco. 10.000 metros cuadrados donde se percibía la esperanza. La confianza, la fe donde todo es posible. Eran pocos, unos diez o doce chicos y chicas. ¿Sería posible que de allí saliera una banda de música? Lo de tocar en Sevilla era cosa de locos… Pues lo hicieron. Ahora van abriendo paso a la cruz de guía en algunas hermandades. ¿Saben lo que significa eso?

Están ahí, forman parte de nuestra Semana Santa que también es la suya. A ellos, con mucho orgullo, quiero darles su sitio en este pregón. Ellos significan mucho. Significan el amor desinteresado. La caridad, el no dar la espalda al prójimo. El ayudar a los demás. La ilusión de unos chiquillos que luchan por salir de su dura realidad. La fuerza de unos niños y niñas que no lo tienen nada fácil. Nada. Me paré a hablar con una de las madres que esperaban que su niño terminara de jugar al fútbol. Y me confesó: aquí nos tratan muy bien; no sabe usted señora lo bien que estamos. Porque nosotros no tenemos otro sitio donde llevar a nuestros chiquillos. Y mis hijos aquí pueden jugar tranquilos. El otro día nos llevaron de excursión a la playa, ni un marqués vivió ese día tan bien como nosotros. La pena es que se terminó. 

Cuando esta Semana Santa vean a esta banda de músicos delante de una cruz de guía, no olviden lo que acabo de contarles. Y por favor, sonríanles y aplaudan, todo lo que puedan. Son chavales a la búsqueda de un mundo mejor. Ellos son mejores gracias a las cofradías. Ellos hacen más grande la Semana Santa. Ellos han aprovechado los talentos que Dios les ha dado en un mundo de especiales adversidades. Ellos son de los nuestros, son fuentes de nuestro orgullo. Ellos son Iglesia viva de Sevilla, son costaleros del paso más pesado: el del día a día lastrados a una suerte esquiva. Ellos forman parte de la agrupación musical Santa María de la Esperanza. Son jóvenes, nuestros jóvenes y vienen del Polígono Sur”.

Charo Padilla durante el pregón de la Semana Santa de Sevilla de 2019. FOTO: MIGUEL ÁNGEL OSUNA/ ARCHIDIÓCESIS DE SEVILLA.

Tampoco faltó la historia de Carmen Medina ‘La Maja’, cuya madre murió sin poder salir de nazarena en la Esperanza de Triana. Un hito que sí consiguió su hija, a los 60 años de edad. “Deseaba con toda el alma acompañarla en la madrugada del Viernes Santo desde que, de pequeñita, veía cómo su madre lo hacía a hurtadillas. Con la mirada inocente, veía ponerse la túnica de terciopelo verde, su capa y su antifaz. La vista al frente y el paso ligero y seguro, que nadie sospechara. Pero una madrugada, fue descubierta. ¿Eres mujer?, le preguntaron al llegar al templo. Ella no contestó. Insistieron. Enséñame tus manos. Las mostró. Eran pequeñas”, contó con suma delicadeza.

“La pequeña Carmen Medina Rodríguez nunca olvidaría la imagen de su madre volviendo a casa con la túnica relía bajo el brazo. Esa niña que hoy tiene 85 años y que está aquí sentada en el patio de butacas, no podía entender qué fuerza, humana o divina, podía impedir que la mujer que le dio la vida, acompañara a la Virgen de sus devociones, la Esperanza de Triana”, terminó. Y es que las mujeres tenían prohibido salir de nazarenas hasta 1984, cuando Fray Carlos Amigo Vallejo cambió unas normas diocesanas que driscriminaba a la mujer dentro de las hermandades.

Yo soy Charo Padilla, la de Canal Sur, nada más. Soy una mujer que ha tenido el honor de contar su Semana Santa a todos”, expresó emocionada, momentos antes de cerrar un pregón histórico. “Me hubiera gustado traer aquí hoy la noticia del autor de la Macarena, pero no he podido. Solo soy una mujer que se siente orgullosa de haber nacido en Sevilla”, apostilló humildemente, con un mar de aplausos en el Teatro de La Maestranza. Más mujeres con altavoz. Más mujeres contando la realidad y proyectando un discurso sobre los de abajo. Más mujeres como Charo Padilla que supo dotar de esencia y solidaridad a una festividad que, con los años, se aleja cada vez más de su origen social.

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