Gente sin casa

Carmen: cuando vives entre ruinas y duermes vestida por si hay que salir corriendo

Una vecina de una barriada rural de Jerez pide ayuda para poder acceder a una vivienda digna: "Esto se está cayendo y es un peligro”

Un estrecho pasillo, que discurre entre cobertizos, con el suelo asfaltado a parchetones, lleva hasta un terreno en el que, en su parte más alta, se encuentra una vivienda destartalada. En la entrada hay ladrillos amontonados, una vieja hormigonera, leña dispersa por el suelo y trastos de todo tipo. La vivienda, con el techo de uralita, tiene una puerta con los marcos de madera, que cruje al abrir. Dentro, el panorama no es mucho más halagüeño. Las paredes tienen numerosas grietas, algunas de un tamaño considerable, que provocan que entre el agua a borbotones cuando llueve con fuerza. La humedad es palpable al pasar a una estancia en la que hay un mueble, un televisor y dos sofás antiguos, en uno de los cuales lleva durmiendo Natalia una semana. Concretamente, desde que tuvo que salir corriendo del piso en el que vivía en la barriada de La Granja, cuando el propietario del inmueble llegó con la comisión judicial y un cerrajero, dispuesto a desalojarla, tras el juicio celebrado el verano pasado.

Una enorme grieta, en una de las esquinas de la vivienda. / MANU GARCÍA.

Ella sabía que tenía que irse, pero no cuándo. “Estaba calentándome los pies y escuché a gente hablar, pero no presté mucha atención. Cuando me levanté para vestirme, porque tenía que arreglar papeles para solicitar la renta mínima, me asomé por la ventana y vi al casero con un cerrajero… ahí empecé a meter cosas en bolsas”, relata, una semana después, a lavozdelsur.es, que visita la casa donde ha residido desde entonces, donde malvive su madre. “Mi pensamiento era dejar las llaves en el juzgado, pero no me avisaron”, agrega, ya que “lo último que yo quería era que la gente se enterara”. Cuando rompió con su pareja, ella, que limpia una casa dos veces en semana, con lo que gana unos 200 euros mensuales, no podía hacer frente al alquiler de 340 euros de la vivienda, por lo que decidió permanecer en ella hasta que un juez decretara el desalojo. “No tenía dónde ir”, dice, con sus dos hijos, de doce y dos años. Un año estuvo sin poder pagar el alquiler. “Hablé con Cáritas y me ayudaban pagándome unos meses, pero el casero quería que me fuera”, apunta.

Las opciones que tiene Natalia de acceder a una vivienda son escasas. Con sus pocos ingresos no le alcanza. De momento, ha conseguido que Cáritas la ayude e intente que acceda a un puesto de trabajo para así poder permitírselo. Pero tiene unos meses de plazo. ¿Y luego qué? “Si no encuentro quién me alquile no sé qué haré, me tendré que meter de okupa, otra vez a vivir con miedo”, expone cabizbaja, sentada junto a su madre, en la casa que construyeron su padre y su abuelo hace más de 40 años, y que se cae a pedazos. Y no es una forma de hablar. Los azulejos de la cocina, en algunas zonas, están despegados, el techo de uralita tiene numerosas filtraciones —“se ve el cielo”— y las lozas del suelo están levantadas. “Mi niño dice que es un puzle”, apunta Natalia.

La vivienda tiene numerosas grietas por las que se filtra el agua cuando llueve. / MANU GARCÍA.

Su madre, Carmen, vive con otro de sus hijos, parado de larga duración, en esta casa, situada en una barriada rural de Jerez. “No puedo ir a ningún lado”, señala Carmen, que cocinando para una familia, cuatro veces en semana, cobra unos 320 euros mensuales, a los que suma otros 200 euros de la pensión compensatoria que le pasa su exmarido. “No sé por dónde tirar, esto se me cae”, dice. Con sus escasos ingresos da de comer a su hijo, que no tiene ayudas ni trabaja, y muchas veces, a su nieto, que se queda con ella a dormir de vez en cuando. “Pero me da miedo, se le puede caer algo encima”, añade.

La lucha de Carmen se centra en conseguir que Urbanismo declare la vivienda en ruina, para así poder tener acceso a una vivienda protegida. Para eso deben darse varios supuestos: “Que el coste de las reparaciones necesarias para devolver la estabilidad, seguridad, estanqueidad y consolidación estructural al edificio deteriorado, supere la mitad del valor de una construcción de nueva planta, con similares características e igual superficie útil o, en su caso, de dimensiones equivalentes que la preexistente, realizada con las condiciones necesarias para que su ocupación sea autorizable”, según recoge la delegación.

“No es justo el tiempo que llevo esperando”, señala, mientras enumera los desperfectos que tiene la edificación, que presenta graves problemas estructurales. “Un arquitecto vino a darme presupuesto y me dijo que no esperaba que el invierno que viene siguiera de pie, se está cayendo y es un peligro”, cuenta Natalia, que pronto dejará la casa para instalarse en una provisional y así comenzar a buscar un alquiler asequible. “Estoy buscando por la zona de La Granja, porque allí está el instituto de mi hija y el pequeño entra en el colegio en septiembre, y no tengo coche, lo tuve que vender porque era muy viejo y costaba más arreglarlo que comprarse otro”, apunta una joven que lleva meses sin dormir bien. “Me despertaba por las noches, sudando, porque soñaba que me echaban”. Su madre también padece insomnio, pero porque teme que cualquier día ocurra una desgracia: “Me acuesto vestida por si tengo que salir corriendo”. Espera que, antes, pueda encontrar una vivienda digna.

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