OpiniónNo es ciudad para jóvenes

Carajotadas

No sería una empresa fácil, pero pelearían como pendejos para impedir que los gringos hicieran plata con un recurso básico. 

No sería una empresa fácil, pero pelearían como pendejos para impedir que los gringos hicieran plata con un recurso básico. Paco López escupió el tabaco a lo John Wayne, tras masticar su sabor amargo: “El agua es nuestra, carajo”. No, no se trata de una ficción propia de las novelas del boom latinoamericano, ni de una película de John Ford. El presidente de la Coordinadora del Agua se despachó a gusto hace unos días en relación al reto de remunicipalizar el agua, cueste lo que cueste.

Pero mi objetivo no es entrar en un profundo debate sobre las arcas municipales ni marear al personal con cifras difíciles de digerir. Simplemente quería poner el acento en las formas, más que en el fondo, del panorama político y asociativo de Jerez. Primero fue el presidente de la federación vecinal de Jerez, Sebastián Peña, quien se descolgó en la radio con un “carajo” dirigido contra el líder de Podemos, Santiago Sánchez. Al parecer, éste le recriminó que politizara las reivindicaciones vecinales reuniéndose con el PP y Peña lo mandó tranquilamente al susodicho lugar. Así, tan a gusto, como quien está espanzurrado en el salón de casa y se dirige al cuñao.

Más que de las formas, casi me atrevería a decir que el exabrupto, muy latinoamericano y jerezano a la vez, es sintomático del nivel que a veces se observa en el espectro jerezano. Para más inri, el presidente de la Coordinadora del Agua le sigue el juego -o tal vez fue casualidad, no sé- y entona un “carajo” más estilo sudamericano, como lo pregonarían un Bolívar, un Pancho Villa o el mismo Che Guevara: “Viva la Revolución, carajo”. Así, con luz y taquígrafos, en declaraciones a la prensa. No seamos puritanos, carajo.

Los expertos en terminología náutica me informan de que se llamaba así a la pequeña canastilla que se encontraba en lo alto del palo mayor de las antiguas naves. Cuando el capitán se enfadaba con alguien, lo mandaba allí a otear el horizonte mientras el pobre diablo se agarraba como podía al mástil para evitar caerse o echar hasta la primera papilla. Aun sabiendo que el líder vecinal no quería enviar allí literalmente al representante de Podemos, quizá debería haberse cortado un poco. Porque si popularizamos eso de soltar tacos en público, quién sabe si esto puede acabar convirtiéndose en una película de Tarantino. Aunque, volviendo al suelo patrio, a mí Peña me recordó más a Fernán Gómez: “¡Váyase a la mierda!”

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