La cara Hache

Cañizares tiene razón

La noticia del fallecimiento del futbolista José Antonio Reyes fue la más impactante del pasado fin de semana. Enseguida se convirtió en el tema más comentado tanto en las redes sociales como en las conversaciones familiares. La noticia en cuestión fue portada de los principales medios escritos de nuestro país y abrió los informativos de las cadenas de televisión. Alejandro Sanz tuvo un recuerdo para él en su concierto. En la final de la Champions hubo un minuto de silencio en su memoria. En Utrera, su localidad, se decretaron dos días de luto. En el Sánchez Pizjuán se instaló su capilla ardiente y a ella asistieron multitud de visitantes. Y así infinidad de gestos. Todo iba en la misma dirección de exaltación hasta que Cañizares escribió un tuit en el que expresaba que, pese a la admiración que como futbolista le tiene a Reyes, no debía ensalzarse la figura del sevillano como si fuera héroe ya que el accidente mortal había sucedido por ir circulando a una velocidad no permitida.

Cuando conocemos la noticia del fallecimiento de un personaje famoso y especialmente de los que pertenecen a algunos ámbitos como el deporte nos conmociona. A veces incluso más que otras historias más impactantes y tristes. Las sentimos como parte de nuestras vidas. Lo mismo me ocurrió cuando tuvo el accidente Ángel Nieto y perdió la vida solo unos días después. Si se trata de un futbolista ya ni hablemos. Pero en este caso no puedo estar más de acuerdo con Cañizares. En este caso el fallecimiento de Reyes, por mucha pena que cause al tratarse de alguien joven y exitoso, debe valer para concienciar. Lo que genera el mundo del fútbol es exagerado. Tanto para bien como para mal. Se llega a justificar lo injustificable.

Lo peor es que la pasión de este mundo se transmite a los niños. Pero la mayoría de ocasiones se transmite como algo exagerado, sin sentido. Más que como una pasión como una obsesión. Y los niños y adolescentes lo que saben del accidente de Reyes es que ha fallecido un buen futbolista, que no se lo merecía, que hay que homenajearle, que pobrecito… Todo eso está muy bien. Pero deben saber que él ha fallecido y que otras dos personas también han resultado afectadas por una imprudencia, por una falta muy grave, por una irresponsabilidad.

No hay que olvidar los éxitos que José Antonio Reyes ha logrado como deportista. Pero igual que se han utilizado otros casos en los que famosos han estado implicados en accidentes de tráfico por infracciones para concienciar, este no debe ser menos. Como dijo Cañizares, se merece el homenaje por su carrera. Pero sin obviar el motivo del accidente. Si en lugar de un futbolista Reyes hubiera sido un torero, un empresario, un presentador de televisión o alguna otra de estas profesiones donde no suele haber tanta simpatía por el protagonista, ¿hubiera recibido Cañizares tantas críticas? Probablemente no.

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