Opinión

Cambiemos vetos por votos

Desde las elecciones de diciembre de 2015 hasta las de noviembre de 2019, el partidismo del partido socialista ha impedido la existencia real de un gobierno progresista en España. Más al contrario, el partidismo del partido socialista entregó en 2016 el gobierno de España al Rajoy de los sobres y la Gürtel.

El partidismo del partido socialista regaló España al PP a pesar de que desde 2011 el Partido Popular es el responsable del deterioro de la vida de la inmensa mayoría de las y los españoles. Subida de impuestos a las clases trabajadoras, Pymes y autónomos; bajada de impuestos a las clases altas, las grandes empresas y la banca, incluido el rescate que pagamos a mocho con decenas de miles de familias desahuciadas, en la pobreza o al borde de la pobreza; expolio de los derechos laborales con una reforma laboral que Guindos calificó de “extremadamente agresiva” y que ha provocado una legión de precariado y trabajadoras pobres; tijeretazos a la democracia con la ley mordaza, la amnistía fiscal y la conversión del Tribunal Constitucional, el poder judicial y la fiscalía en entes al servicio ideológico del gobierno; deterioro de los derechos a la salud, la educación y las pensiones decentes; y un largo etcétera de asuntos no menores que agreden a las causas sociales, ecologistas y feministas son la sumatoria de daños que vive la sociedad española debido al partidismo del partido socialista que no ha querido pactar gobierno nunca con Podemos o Unidas Podemos.

Los números daban, dieron siempre. La moción de censura tras la sentencia Gürtel lo demostró notarialmente.

Desde 2015 el partidismo del partido socialista veta a Podemos y a Unidas Podemos. El veto a Pablo Iglesias y la repetición electoral provocada por la arrogancia de Pedro Sánchez certifican lo que digo.

El veto es partidista, sí. El partido socialista ha ido abandonando su función ideológica y consolidando su función autoreproductiva. Por eso Susana Díaz se reproduce en la forma de Pedro Sánchez. En realidad la forma partidista del Partido Socialista Obrero Español es un desprecio a sus centenaria historia y a las y los luchadores que se dejaron la vida y el alma peleando por la justicia.

Podríamos pensar que en la actitud de veto a Unidas Podemos de Pedro Sánchez, certificada durante esta campaña electoral en la que ha exigido gobernar por la cara con el beneplácito de PP y Ciudadanos si gana las elecciones aunque no tenga mayoría parlamentaria, es solo una actitud partidista. Pero no, el partidismo del Sánchez, que no quiere que los millones de votos progresistas y de izquierdas a Unidas Podemos se sienten el el gobierno de España, se debe a que el partido socialista ya no es el partido socialista. En España el PSOE ya no defiende a las clases populares ni a las mayorías sociales. Ya no defiende de verdad a las mujeres precarias y en paro, ni a las personas mayores con pensiones miserables, ni a la clase trabajadora con alquileres y precios de la luz desorbitados, ni a nuestra juventud en paro o en la emigración. Y no defiende a la mayoría porque defiende los intereses del poder económico, ya radiquen en Bruselas o en Nueva York.

Por eso Pedro Sánchez veta a Unidas Podemos, por eso vetó a Pablo Iglesias, para cargar sobre Unidas Podemos la culpa de la no formación de gobierno. Iglesias cedió al veto y aún así Sánchez se fue a Doñana, luego hizo teatro con la sociedad civil y luego se fue a Nueva York a reunirse con lo más granado de los fondos buitre del mundo.

El 10 de noviembre hay que cambiar vetos por votos, por eso pido a las y los votantes socialistas de corazón que están estupefactos con Sánchez que voten a Unidas Podemos si quieren que España vuelva a tener un gobierno progresista que mire por el bienestar de la mayoría, por la igualdad de las mujeres, por la vida decente de nuestras personas mayores, por el futuro de nuestros hijos e hijas, por la naturaleza, por los animales y el planeta.

Este 10 de noviembre hay que votar, hay que votar con más ganas que el 28 de abril, aunque ahora sea otoño, porque está en nuestras manos que estalle una nueva primavera.

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Un comentario

  1. Tras las pasadas elecciones generales no hubo un gobierno de izquierda porque ni Sánchez ni Iglesias querían acordarlo; el primero porque pensaba que la repetición electoral le beneficiaría (aunque asumiendo muchos riesgos, como estamos viendo) y el segundo por supervivencia política, porque sólo podría justificar el batacazo electoral si entraba en el gobierno con ministerios importantes y una vicepresidencia para la madre de sus hijos (¡de la que nos hemos librado!), pero se le fue la mano apretando las tuercas, es un pésimo negociador. Y no hubo un gobierno de centro-izquierda, que era el que más sentido tenía porque era el verdaderamente estable con una mayoría absoluta en las Cortes, porque el autista y veleta Rivera también pensaba (en su torre de marfil) que la repetición electoral le haría ganar más escaños y darle el “sorpasso” al PP, con el que se disputaba el liderazgo de la derecha; resultado: Cs se va a dar un batacazo gordo y Rivera está histérico porque corre el serio riesgo de tener que dimitir el 11-N. Probablemente, tras el 10-N, vamos a una investidura de Sánchez con el voto favorable de Cs y la abstención del PP; algo de eso se vislumbró en el reciente debate de La 1.

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