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Cádiz es Derry con más salero

“Pocos enclaves supongo existen en el mundo con un almacén tan repleto de acontecimientos míticos, históricos, artísticos, sociales y geoestratégicos, a lo largo de tantos siglos, como la provincia de Cádiz”.

Pocos enclaves supongo existen en el mundo con un almacén tan repleto de acontecimientos míticos, históricos, artísticos, sociales y geoestratégicos, a lo largo de tantos siglos, como la provincia de Cádiz, en concreto la Bahía del mismo nombre y, con más detalle, la capital. Un arsenal inconmensurable, tirando a desaprovechado en mi opinión, a disposición de los contadores de historias; una fortuna para los imaginadores.

Jesús Cañadas, escritor gaditano, ha entrado en ese almacén, ha cogido un puñado de leyendas, ha removido unos estantes de fábulas sobre Cádiz, ha engarzado retales de nuestro folclore y los ha agitado a conciencia en su cabeza y en su corazón. Y al puchero le ha añadido monstruos (porque sin el elemento fantástico la vida es demasiado aburrida, como dice el Pani, uno de sus personajes) y ha parido Las tres muertes de Fermín Salvochea.

Con el apellido del alcalde anarquista de finales del XIX como reclamo, Cañadas arma una historia que es el sueño de todo niño amante de Stoker, Shelley, Verne, Wells, Poe, Lovecraft, King: vivir en propias carnes, en el barrio donde ha crecido, las aventuras que uno ha leído. Que tengas que combatir vampiros y que Derry sea el Pópulo y Santa María.

De modo que el aliño gadita de la obra es indiscutible (aparece en las leyendas urbanas, el marco político, el léxico, el callejero), y hará sin duda babear a los lectores locales, desde El Puerto para abajo; pero, al mismo tiempo, desde esta idiosincrasia se conecta con la universalidad de los temas abordados, de entre los que destaco la familia y la amistad. A ello contribuye el carácter ochentero, tan de boga ahora, de la película que monta Cañadas; para mi gusto, en ocasiones excesivamente peliculera, aunque hasta a Spielberg se le va la mano. La promoción editorial menciona Los Goonies como título referente, pero también aprecio a It y a Jóvenes ocultos, y a la serie de libros de Los Tres Investigadores.

Y aunque sobre todo encontramos divertimento del que se define como juvenil, Cañadas aporta la calidad de su estilo literario, que conocerán si ya han leído Los nombres muertos y Pronto será de noche. No obstante, y aunque el autor se ocupa del terror por el terror, sin más consideraciones filosóficas, sobrevuela el texto una simbólica crítica social en el doble rol salvador adoptado por Salvochea: no en vano el héroe es una figura política que pasó a la historia por defender al pueblo frente a las clases privilegiadas. En Las tres muertes…, debe también defenderlo, por las noches, de otro tipo de mal. Justo en su papel como alcalde me salta a la vista algún cliché, pero tampoco es para ponerse pejiguera.

La estructura es también muy notable, y perfectamente ajustada a lo que requería la historia, que va y viene una y otra vez de 1887 a 1907. A todo esto, el ritmo es despiadado; al menos en mi caso, Jesús ha conseguido que devore las cuatrocientas páginas. Otra cuestión que valoro es el tratamiento dado a la tradición oral: uno de los protagonistas acostumbra a contar cuentos a su hijo, que nos son narrados de tal manera ambigua y equívoca que hasta que se aproxima el desenlace no se sabe bien dónde acaba la realidad y empieza el misterio.

Y precisamente por todo lo que he dicho arriba no me queda otra que odiar a Jesús, porque esta mezcla de costumbrismo fantástico gaditano es prima hermana del libro que algún día me gustaría escribir. 

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