Opinión

Blas Infante y las elecciones del 1 junio de 1919: la Candidatura Demócrata Andaluza

Manuel Hijano del Río es Profesor Titular del Departamento de Teoría e Historia de la Educación y MIDE. Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga

Durante este año 2019 se conmemora el centenario de numerosos hitos históricos del andalucismo. Es lógico. 1919 representa la culminación de un proyecto iniciado por Infante con su Ideal Andaluz, publicado tan sólo cuatro años antes. En un periodo tan corto de tiempo, el político andalucista ha conseguido construir un programa político a través de un discurso teórico consensuado en buena medida con sus correligionarios, y ha erigido una red de centros andaluces dedicados a difundir y defender esas propuestas. Sabemos que dos momentos cruciales de la cronología de este 1919 son el Manifiesto de la Nacionalidad de enero y la Asamblea de Córdoba de marzo. Tanto la Fundación Blas Infante, como el Ayuntamiento de la ciudad de la Mezquita, han organizado varios actos para conmemorarlos. Igualmente, La Voz del Sur y Andalucía en la Historia dedican varios artículos al asunto.

Sin embargo, para comprender con más profundidad el devenir andalucista de ese año hay que incluir otra fecha más: la participación en las elecciones generales del 1 de junio de 1919 de la Candidatura Demócrata Andaluza, donde aparecen por Sevilla, junto a Infante, Alejandro Guichot y el socialista autónomo Isidoro Acevedo. Además, el político malacitano se presenta en solitario en la demarcación electoral de Gaucín, donde se encuadra Casares, su lugar de nacimiento.

Esa Candidatura ha sembrado ciertas dudas entre los investigadores de la vida y obra de Blas Infante. ¿Cómo se puede entender que se presente a unas elecciones amañadas desde el principio? ¿A qué se debe que utilice la vía electoral alguien que denuncia su manipulación estructural y por tanto su ilegitimidad? Son preguntas que también se puede dirigir al resto de la oposición del momento. Es decir, los contrarios al régimen monárquico también conocen esa situación, pero entienden, como Infante, que las elecciones pueden suponer un paso más en la tarea laboriosa y mucho más amplia de reconstruir un modelo de Estado democrático.

Blas Infante intenta en un primer instante acercarse a las fuerzas republicanas, concretamente a Alejandro Lerroux. Busca una candidatura de unidad. Así lo expresa la prensa de esos días. Pero, posteriormente, en el diario madrileño La Época del 22 de mayo de 1919, los andalucistas manifiestan su discrepancia por el afán de protagonismo de este personaje político español: “Alejandro Guichot, Blas Infante y Acevedo dicen que no quieren ser cómplices de los manejos electorales de Lerroux y Borbolla”.

Efectivamente, la candidatura se formaliza en una asamblea en la capital hispalense el 18 de mayo, y se proclama públicamente ocho días después. Además de esta iniciativa sevillana y casereña, se encuentran identificadas otras candidaturas en Córdoba, Posadas y Málaga, donde no aparece Infante, pero sí personas cercanas al andalucismo.

Los ya muy conocidos conflictos sociales y económicos vividos durante esos años en Andalucía, provocan que el programa electoral de estas candidaturas se centre en tres puntos, basados esencialmente en las conclusiones de la Asamblea de Marzo:

– Fomentar la conciencia municipalista por medio de la creación de cauces participativos decisorios en el ámbito local y así activar la “autonomía municipal”. Un paso previo indispensable para que Andalucía consiga su liberación, dentro de la Federación Ibérica.

– Creación de escuelas, bibliotecas municipales y, con ello, acabar con el analfabetismo y la “incultura”.

– Solucionar el problema de la tierra en Andalucía, con la devolución de la propiedad de la tierra a los jornaleros y convertirlos en agricultores. Se basan fundamentalmente en los principios georgistas que, todavía en 1919, son seguidos por el andalucismo. Una cuestión ésta muy importante, puesto que este punto lo distinguen de otras candidaturas. Es más, el georgismo oficial expresa en una nota el 25 de mayo, publicada en el diario ABC, su apoyo a Infante.

Los resultados no fueron buenos. Ningún andalucista obtuvo un escaño. A pesar de la relevancia política de los candidatos, en todas las circunscripciones fueron vencidos por los políticos impuestos por el sistema caciquil. Lacomba, en su obra de 1988, titulada Regionalismo y autonomía en la Andalucía contemporánea (1835-1936), hace un relato muy clarificador de lo sucede en el escrutinio de votos en el caso de Gaucín. Una zona donde Infante dispone de un fuerte apoyo que se deja entrever por la extensa red de centros andaluces de las localidades de esa región.

A partir de 1920, el andalucismo comienza su declive que trae como resultado el cierre de los centros a partir del momento en que se instaura la Dictadura de Primo de Rivera, amparada, sostenida y defendida por el monarca Alfonso XIII. Infante no se vuelve a presentar a otras elecciones hasta la llegada de la Segunda República. Está desencantado y escarmentado, y obvia las siguientes convocatorias a Cortes de 19 de diciembre de 1920 y del 24 de abril de 1923. Tampoco aparece como candidato en las municipales de 5 de febrero de 1922. Infante y los suyos se repliegan y esperan tiempos democráticos.

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Un comentario

  1. En el caso de Infante, no era solo una cuestión del sistema caciquil de la Restauración, era mucho peor; tampoco consiguió representación en las elecciones del periodo republicano. Ni Lerroux ni nadie en sus cabales iba a querer compartir nada o votar a un iluminado que pretendía la islamización de Andalucía, retroceder 500 años para sumergirnos en la desastrosa civilización islámica.

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