Cultura

Blas Infante y la huelga de médicos de Jerez en 1919

El 16 de septiembre se ha cumplido un siglo de la visita del padre de la patria andaluza a la ciudad del vino, un hecho poco conocido del que sólo tenemos referencia a través de la revista Andalucía, en cuyo número 160, Don Blas opina sobre el paro sanitario que tuvo lugar en Jerez en 1919 en un artículo que fue reco­gido por Manuel Ruiz Lagos en su libro Ensayistas del mediodía.

El periodo que va de 1918 a 1920 se caracterizó por una enorme conflictividad social en nuestra tierra, que se tradujo en numerosas huelgas, especialmente en el campo, de Córdoba a Jerez y de Sevilla a Granada. Las causas son sobradamente conocidas: el hambre extrema, (la telera y el gazpacho como únicos alimentos, lo que ya denunciaban Ramón de Cala a finales del XIX y Vicente Blasco Ibáñez en su novela La bodega, de 1905). Pero también el atraso en los cultivos, la despoblación de los campos, el absentismo, la usura, los jornales de miseria, la enorme subida de las rentas, los latifundios, el caciquismo, etc.

Si la revolución rusa pudo haber influido en la agitación social andaluza, parece que la causa principal fue la crisis de subsistencias que se produce a con­secuencia del impacto que ejerce sobre la economía española la Primera Guerra Mundial, que acababa de terminar en noviembre de 1918. A pesar de la neutralidad española en el conflicto, la salida de víveres y suministros para los bandos en­frentados genera en nuestro país un proceso inflacionista, de manera que los precios de los productos de primera necesidad se disparan, lo que afecta especialmente a quienes viven de un salario o un jornal. Esto provoca un despertar de la conciencia social en las clases más desfavorecidas y la aparición de centros obreros ugetistas y anarquistas, sobre todo estos últimos.

A partir de 1918 se convocan todo tipo de huelgas, en particular las que se producían cuando los patronos rechazaban las mejoras de las condiciones de trabajo que demandaban las sociedades obreras. El modelo de este tipo de huelga es la que todos los años en verano protagonizaban los campesinos jerezanos. En 1919, por ejemplo, el acuerdo no se alcanza después de más de un mes y el paro termina con la derrota de los huelguistas y con jornaleros portugueses realizando las faenas de la siega, al igual que pasó en 1920.

Los obreros no confían en las tramposas propuestas de los oligarcas, y creen en el triunfo inmediato e indiscutible de la revolución. Tampoco confían en la fuerza del sufragio, porque los caciques eran agentes de los gobiernos de la restauración y compraban los votos de los pobres. No existía una separación entre la explotación de los jornaleros y las elecciones políticas.

En medio de esta explosiva situación, el 1 de enero de 1919, encabezado por Blas Infante, se hace público en Córdoba el Manifiesto llamado “de la Nacionalidad”, el primer texto andalucista, redactado en tonos muy duros. Del 23 al 25 de marzo de 1919 se celebra la Asamblea Regionalista de Córdoba, que se centró exclusivamente en el problema agrario. Se afirmó en ella que el jornalero andaluz soportaba una opresión “más acentuada que la de ningún otro trabajador del mundo”, se proponen soluciones radicales y se pide a los poderes públicos “una determinación con carácter urgente”.

En el número 140 de la revista “Andalucía”, del 14 de mayo del mismo año, Infante asegura, hablando de los campos de Jerez, que “solamente 23 propietarios son dueños de 47.739 hectáreas”. Añade que en ellos, de casi cincuenta mil hectáreas de gran propiedad, hay treinta y tres mil sin cultivar, muchas de ellas ocupadas por cerrados de toros de lidia.

El 18 del mismo mes, con 34 años y respaldado por una red de centros andaluces ya consolidada, se presenta a las elecciones a Cortes por Sevilla y Gaucín con la “Candidatura Demócrata andaluza”, formada por “anticaciquistas”, republicanos federales y socialistas autónomos. La campaña electoral fue enconada y la revista Andalucía sufrió problemas de censura.

En el verano de 1919 arden los campos jerezanos, jiennenses, sevillanos y malagueños. El líder andalucista justifica en el periódico El Sol la quema de las mieses por la desesperación de unos campesinos que no eran dueños de las espigas que cosechaban, a pesar de que eran ellos los que las habían hecho fructificar
Y justamente el 16 de septiembre comienza en Jerez una huelga que Caro Cancela califica de “atípica”: la huelga de médicos, en relación con la cual Blas Infante visita la ciudad.

En ésta las casas eran oscuras, húmedas y faltas de ventilación, por el trazado de las calles, estrechas y antiguas. Aunque solían tener un patio, el hacinamiento de familias en una o dos habitaciones, la falta de agua corriente y de servicios higiénicos favorecía la propagación de enfermedades. La situación no era mejor en los cortijos, donde el departamento de la gañanía, donde vivían los jornaleros, era, según Ramón de Cala, “ no tan ventilado ni tan higiénico como el establo de los bueyes, ni como la zahúrda de los cerdos”. Si leemos las descripciones de Blasco Ibáñez en La Bodega y años después los comentarios de Infante, la situación no había cambiado mucho ni en 1905 ni en 1919. Todos coinciden en que el hambre —y también el alcoholismo— eran la causa de la mayoría de las enfermedades.

En 1841 se abre el Hospital Municipal, que se llamó “de la Merced”, por asentarse en las antiguas dependencias de los Padres Mercedarios y más tarde de “Santa Isabel”, a partir de la visita de Isabel II al mismo en 1862. La asistencia sanitaria se convierte en un derecho ciudadano sostenido con fondos públicos, pero de alguna manera este derecho sigue siendo gestionado por la iglesia, como lo había sido en épocas anteriores en los hospitales benéficos existentes en la ciudad desde el siglo XV, puesto que son las Hijas de la Caridad las que se hacen cargo del mantenimiento y cuidado de los enfermos.

Según los datos que tenemos para 1860 y 1867, los enfermos que solían ingresar en el Hospital Municipal eran graves y abandonados, los pobres de solemnidad, ya que los que disponían de vivienda, familia o tenían algunos medios económicos, rechazaban ser hospitalizados y preferían morir en sus casas. El centro sanitario municipal adolecía de muchas deficiencias, pero se subsanaron en gran parte con la instauración de la Primera República en 1873. En 1879 se materializa en la ciudad el primer servicio de asistencia pública domiciliaria —que hasta entonces era sólo para los que podían pagarla—, y en 1889 se inaugura la primera Casa de Socorro en la calle Arcos número 10, importante para solucionar urgencias dado que en aquellas fechas el Hospital carecía de médicos de guardia.

En este contexto, el 16 de septiembre de 1919 se inicia una huelga del personal sanitario del Ayuntamiento jerezano para reclamar el pago de los atrasos que se les adeudaban, en concreto,125.000 pesetas. La Unión Sanitaria local, que agrupaba a los médicos, practicantes y veterinarios de la ciudad, liderada por el doctor Arrans y por Fermín Aranda —eminente cirujano de convicciones republicanas— había intentado de forma pacífica el cobro de esta cantidad, pero las negociaciones no dieron resultado. Esto, unido a la falta del material sanitario más imprescindible en los centros públicos y al hecho de que la alcaldía nombrara Inspector de Los Servicios Sanitarios municipales al médico y concejal José Real Biensoba, abiertamente enfrentado con el personal facultativo de la Casa de Socorro, hicieron la huelga inevitable.

Todos los servicios sanitarios dependientes del municipio quedaron abandonados. Los facultativos intentaron interesar a la opinión pública en su demanda y llamaron también la atención al gobierno —a cuyo frente estaba entonces Eduardo Dato— sobre el pleito. El Ayuntamiento en ese momento estaba precisamente integrado por “datistas” (es decir, social-reformistas) y por ello el periódico El Guadalete, controlado por el conde de los Andes, cacique conservador que había desempeñado un papel fundamental en los procedimientos de la Mano Negra, aprovecha el conflicto para criticarlos, llamando al alcalde de Jerez “inepto e impotente”.

Fue un paro “elitista”, no sólo porque se abandonaron todos los servicios sanitarios dependientes del municipio, sino también porque el hotel Los Cisnes —el mejor de la ciudad entonces— preparó un almuerzo para “huelguistas” e “invitados” a base de una amplia variedad de exquisiteces gastronómicas. A este banquete acude Blas Infante, que había llegado a Jerez acompañando a la Directiva de la Asociación Sanitaria andaluza que viajaba para solidarizarse con los médicos jerezanos. Además de los locales, médicos, farmacéuticos y practicantes de Sevilla y Cádiz , participaron después en un mitin de solidaridad en el Teatro Eslava, situado entonces en uno de los costados del Alcázar, para apoyar a los huelguistas.

El carácter frívolo de la huelga se reflejaría también en el hecho de que los comensales rechazaran un plato de filetes asados por proceder de carnes inspeccionadas por el médico esquirol José Real Biensoba y en que uno de los oradores en el mitin la calificara de “simpática” porque no se pedía ni aumento, ni reducción de horas de trabajo, sino cobrar ya la mitad de los atrasos: evidentemente, la carestía de las subsistencias no era un problema para ellos. Explica Infante cómo en ese mitin, con un auditorio proletario, Fermín Aranda y otros destacados galenos se esforzaban por dar un carácter popular al paro, a pesar de la desconfianza de los obreros. Y denuncia la situación precaria de la Casa de Socorro, donde “no hay sueros, ni aparatos inyectores, ni apósitos antisépticos. Las agujas de sutura son las mismas de los veterinarios para coser intestinos desgarrados de animales”.

El líder andalucista descubre con claridad el carácter reaccionario de este cese sanitario: “Los médicos han declarado la huelga a los servicios de beneficencia, es decir, los que padecen son los pobres. (…) Luego la huelga, para ser justa, debiera ser de los servicios particulares de los ricos: primero, porque éstos, al no pagar lo que deben al erario, retienen el dinero que se adeuda a los médicos; segundo, porque son los ricos quienes, para no pagar y medrar, sostienen al cacique. (…) Luego la huelga, para ser eficiente, ha de ser de los servicios particulares de los ricos. Son ellos los que sostienen al cacique. Y al verse sin asistencia médica, las clases plutócratas ya presionarían al cacique para que pagase a los médicos. La huelga no está, pues, bien planteada”.

En todo caso, el paro tuvo una consecuencia política importante: la destitución de toda la Corporación local jerezana por su actitud en el conflicto. Por otra parte, Blas Infante reconoce al final de su artículo que, desde el punto de vista de Andalucía, la organización de una Asociación Sanitaria Regional representaba un progreso para la cultura médica y la defensa de los intereses de las clases sanitarias, bastante descuidadas entonces por la administración.

Artículo de Leonor De Bock Cano, miembro del Centro de Estudios Históricos de Andalucía. Este artículo es el resumen de un trabajo incluido en el libro 1919, un año clave para Andalucía, publicado por el CEHA, que será presentado el próximo 25 de septiembre en el Ateneo de Sevilla.

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