Ciudadano Saborido

¿Beneficia a la izquierda pactar con el independentismo?

Decía Pascal que el corazón tiene razones que la razón no entiende. La izquierda es más de usar la razón. De la reflexión y de aplicar una moral social a las cosas basadas en la igualdad, el respeto… Por eso, el sentido común hace llevar a preferir el diálogo como método para solucionar los problemas como es el caso que se está viviendo con los independentistas catalanes.

La derecha es más de moverse por el corazón, por instintos, por pasiones, dejando a un lado la reflexión y el sosiego, terminando todo con un golpe de su autoridad.

La razón por tanto nos dice que el Presidente del Gobierno hace bien con hablar con los partidos independentistas.

Pero ¿realmente estos partidos independentistas merecen este esfuerzo del Gobierno si dar nada a cambio? Están demostrando ser unos egoístas, no tener empatía ninguna con España, mucho más grave en ERC que se hacen llamar de izquierdas. ¿Qué piensan cuando cantan la internacional? Me pregunto si la cantan…

El independentismo no se lo merece. Prefieren echar abajo un presupuesto social antes que renunciar a sus posturas egoístas.

La izquierda no debe caer más en la trampa y debe romper lazos con quienes no los benefician en nada. Al revés, sólo les perjudica.

Es también actuar con el corazón. Ya está bien de aguantar la arrogancia separatista.

También es hora de que la izquierda piense en modo marketing electoral. Queremos una izquierda transformadora de la sociedad y no una izquierda utópica que sólo sirve para mantener una casta política acomodada que sólo sirve para estar en la oposición.

La izquierda, por las conversaciones con el separatismo catalán, va a perder todas las elecciones que vienen, las generales y las municipales porque la gente vota en clave nacional. Por el acercamiento a estos independentistas insaciables y egoístas, muchos colectivos vamos a perder derechos que la derecha va a quitar. Mujeres, pensionistas, parados, trabajadores en general, clase media, colectivos LGTBI, enfermos, personas mayores, estudiantes, trabajadores públicos, inmigrantes, etc… Vamos a sufrir un gobierno de extrema derecha por haber intentado dialogar con quien plantea cuestiones egoístas sin importarle el bien común de España.

¡Izquierda, espabila! El nacionalismo nunca es amigo. Sólo piensan en sí mismo. Que es legítimo, pero incompatible con lo que es ser izquierda y no trae ningún beneficio. Al revés, beneficia a la derecha que también es nacionalista y excluyente, y exactamente lo mismo de intolerantes que los independentistas catalanes solo que con banderas distintas y mira por dónde, con los mismos colores.

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Comentarios

  1. Un artículo hilarante.
    Comienza describiendo una serie de estereotipos del autor sobre cómo actúan respectivamente la “derecha” y la “izquierda” sin molestarse en justificar mínimamente lo que dice. Según él, la derecha es pasional y autoritaria, vamos, irracional; mientras que la izquierda, aunque no lo dice, por contraposición se supone que es racional y dialogante. Claro que hay unas molestas contradicciones con la realidad. Así, vemos que la derecha alemana, Merkel, promovió la gran coalición con el renuente PSD para gobernar frente a la extrema derecha, AfD, que en Francia se produjo la cohabitación entre un Presidente de derecha y un Gobierno de izquierda o que Cuba, Corea del Norte y Venezuela no son precisamente regímenes “dialogantes”. Y ciñéndonos a España, todos sabemos que fue la izquierda junto con los secesionistas quienes hicieron el pacto del Tinel para aislar al PP (eso no parece muy dialogante) o que fue Aznar quien pactó con Pujol y con Arzallus para gobernar en su primera legislatura (eso no parece muy autoritario). En resumen, que de todo hay tanto en la derecha como en la izquierda y esos estereotipos solo existen en la imaginación del autor.
    Luego hace un panegírico del diálogo, además del diálogo con los secesionistas; como si el Gobierno legítimo de España tuviera que dialogar con los golpistas del 1-O, como si Suárez hubiera debido dialogar con Tejero.
    Pero ese tan loado diálogo parece que debe cesar por la pragmática razón de que no solo no da votos, sino que los quita (es que el pueblo es tan autoritario que no aprecia las virtudes del diálogo). Así, que en aplicación de la más ortodoxa praxis marxista (de Groucho, “estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”), la mirífica e ingenua izquierda (léase el PSOE) debe romper con los separatistas, pero no porque se quieran cargar España (que eso les da igual), sino porque no le “beneficia”. ¡Olé!
    No es casual que este artículo haya coincidido con el copernicano y también marxista (de Groucho, insisto) giro del Presidente Sánchez, acogotado por la reacción interna de sus barones, que temen perder por goleada las municipales y las autonómicas venideras y por la contundente reacción mediática y popular (del pueblo, no del PP).
    Tiene razón el autor en una cosa: hay una derecha nacionalista y excluyente, pero no es la que él insinúa, sino el PNV (difícil encontrar un partido más reaccionario) y la banda de Pujol-Mas-Puigdemont-Torra (difícil encontrar una formación más corrupta y meapilas).
    Lo dicho un artículo desternillante.

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