Sociedad

Belenistas, maestros de una obra de arte total en la que “todo tiene un porqué”

El belenismo, que en Jerez tiene escuela propia y la asociación más antigua de Andalucía, da trabajo más allá de Nochebuena y busca reconocimiento a pocos años de cumplir ocho siglos desde su origen

El primer belén tuvo pesebre pero no recién nacido. Sin figuritas, ni personas, solo con una representación simbólica del nacimiento de Jesucristo, una cueva cercana a la ermita de Greccio (Italia) inspiró a San Francisco de Asís para conformar el que se conoce como primer nacimiento de la historia. En 2023 se cumplirán 800 años de aquel “drama litúrgico” que ha evolucionado a lo largo de los siglos —a España llegó en el XV y se hizo fuerte en el barroco— hasta llegar a lo que hoy llamamos belén.

Para conmemorar la efemérides, Jerez, que cuenta con la asociación de belenistas más antigua de Andalucía (fundada en 1976 y con unos 200 socios) y una de las más longevas de España, celebrará un congreso internacional sobre este arte que traerá a la ciudad a expertos procedentes de todo el mundo. Porque esta tradición, para algunos, va muchísimo más allá de colocar el misterio y otras figuras aleatoriamente junto a un río de papel de plata y suelos de serrín.

Con España e Italia como puntas de lanza de este arte popular —sin desmerecer su fuerte presencia en Alemania, Francia, países del Este y Latinoamérica—, en Jerez, por ejemplo, los belenistas han marcado a lo largo de los años su propio estilo, su propia escuela. Una suerte de verismo jerezano aplicado a la construcción y técnica belenista, tanto a los decorados como a las figuras, consistente en reproducir dioramas hiperrealistas y sobrecargados de detalles. Uno de sus representantes actuales es Ramón García, empresario informático con 59 años, que preside actualmente la asociación jerezana de Belenistas, de la que forma parte desde 1998, y que lleva haciendo belenes “desde que tengo uso de razón”.

Ramón García, presidente de los belenistas jerezanos, armando su nacimiento de este año. FOTO: MANU GARCÍA

De su padre legó la tradición que antes tuvo su abuelo. “Primero viéndolo montar a él, luego montándolo con él, y luego montándolo solo”, resume a lavozdelsur.es. Son las fases clásicas en la transmisión de un arte que lucha, a nivel internacional, por ser considerado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y a nivel andaluz, por ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC), una moción que hace unos días aprobó el pleno del Ayuntamiento de Jerez por unanimidad a instancias del PP. Porque el belenista podría decirse que es un artista y un creativo total para el que le faltan semanas en el año para levantar el belén perfecto que sobrevuela por su imaginación. “Es un arte redondo, completo —recalca García—, tienes que tener conocimientos de muchas materias, conocimientos no solamente de estética, sino también de paisajística, de arquitectura y edificación, de electricidad, de proporciones… lo que montas debe ser viable y realista”.

Alguien como Mauricio Arcila, con 34 años, el más joven de la junta directiva de la asociación jerezana, lleva este año desde febrero trabajando en el belén institucional de este colectivo, que se inaugura en unas semanas.  “No soy de hacer bocetos, lo tengo todo en la cabeza y, entonces, pues prácticamente me llevo todo el año liado dándole vueltas”, asegura este joven director de banca. Junto a él, en la sede de la asociación jerezana, Bruno Díaz, también jerezano de 34 años, doctor en Bellas Artes y profesor interino, que se ocupa desde mayo pasado de dar forma a las 30 figuras que incluirá este nacimiento.

El tiempo invertido que suman ambos en la producción es incalculable y los costes, solo de las figuras, pueden rondar los más de 300 euros por unidad. “Lo que nunca se cuantifica en esto es el trabajo personal y la creatividad, los materiales y demás se ven y se pueden cuantificar, pero lo otro no”, sostiene Paco López, tesorero de la entidad jerezana cuya actividad belenística se resume, dice entre risas, a ser “observador y contable”. “Mi belén lo monto en mi casa, esto es otro nivel”. Y para ahorrar costes, expone, nada como el ingenio y la imaginación.

Talleres para aprender la técnica belenista en la asociación. FOTO: MANU GARCÍA

Semillas de soja que imitan aceitunas, corcho de alta densidad que se transforma en balcones de madera tallada con un cutter, celosías de madera fruto de las varillas de un abanico, azulejos en papel impreso con sus humedades, piñas que son semillas de un árbol que “no te creerías qué árbol es”… muchos materiales “te los encuentras por ahí”, asegura Arcila. Los primeros belenes que él hacía tenían ríos de papel de plata, “como todo el mundo”. “Pero hice pocos”, puntualiza luciendo orgullo belenista. “Hago el río con corcho, con una pintura impermeabilizante y lleva cemento cola, hay que añadirle la vegetación, y luego el agua…”, describe la técnica que emplea desde hace años. Un auténtico peluseo. Pero el belenismo jerezano no admite diorama que lleve agua que no tenga agua corriente de verdad. En el caso de la escuela jerezana, asegura el presidente, no es solo el realismo lo que la caracteriza, “sino también la chispa, el duende, los colores vivos, la luz y el color”.

El belenismo es puro amor al arte, una afición artística y un reto que ponen de nuevo a prueba al artista al acabar cada Navidad. Cuando quienes montan los típicos nacimientos devuelven las piezas a las cajas hasta el año que viene, los belenistas empiezan a mascullar el siguiente desafío. “Mis belenes son realistas, detallistas, y tienen mucha simbología oculta; y el que sabe buscar, encuentra. ¿Por qué hay una rata, o una vela, o un papiro…? Todo tienen un porqué“, afirma Ramón García sobre su obra, entrando de lleno en la otra clave del arte del belenismo: la justificación de cada elemento en juego.

El presidente de los Belenistas jerezanos abunda en esta  máxima: “En un belén, al menos en nuestro estilo, no hay nada al azar. Si hay una ruina debe tener lógica y justificación de por qué está ahí. En un belén hay siempre un significado, unas veces es visible y otras veces son mensajes ocultos a descubrir. Cuando se hace un diorama hay mucha simbología, con la interpretación de cada artista del misterio del nacimiento de Jesús; por eso no hay un solo tipo de belén, sino el que cada uno tiene en la cabeza”. En su caso, empieza a finales de enero y a lo largo del año puede hacer cuatro o cinco pesebres de diferentes formatos.

En la Federación Española de Belenismo hay integradas 77 asociaciones con más de 15.000 belenistas. A nivel regional, hay tres federaciones territoriales: la catalana, la más antigua y numerosa), la andaluza y la navarra. El belenismo no solo da trabajo en la antesala de la Navidad, sino que “esto mueve dinero, mueve una economía de empresas que se dedica a material, figuras, iluminación…, todo el año”. Y a nivel turístico, dice García, también hay un turismo de belenes que busca estas obras más allá de la Nochebuena. “Igual que alguien va a una pinacoteca, puede ir a un Museo del Belén como el que tenemos en Jerez, que abrimos todo el año previo concierto de visitas por grupos”. Aunque, claro, “nuestra ilusión es que estuviera abierto todos los días”.

A Arcila y a Díaz les queda aún rematar cosas después de que ya hayan colocado la estructura, las construcciones y las luces (LED) de cuatro ciclos para ambientar y recrear el amanecer, el día, el atardecer y la noche en su obra. “Dejaremos planteada esta semana las humedades en las paredes y una hoguera que queremos poner ahí”, señalan. Bruno, que sigue la escuela napolitana, también debe pensar en los ropajes de sus figuras y en “la relación entre ellas, esto no es plantarlas sin más”. El Rey Melchor de su cabalgata de Reyes se inspira en los cuadros de Rembrandt y ha rebuscado en los textos apócrifos para identificar las diferentes nacionalidades de los Magos de Oriente. Investigación y paciencia, armas para el belenista viejo y para quien empieza.

En la asociación también imparten talleres sobre cómo desarrollar este arte y, su presidente, como con cualquier otra disciplina, siempre pide a los no iniciados “que no se rindan, que tengan paciencia y busquen su propio estilo; que no quieran desde el primer día hacer lo que hacen otros. Esto sale de los sentimientos y las emociones, y tiene que ser una obra personal. Todos los belenes son grandes obras“. La hija de Mauricio, por cierto, ya le han pintado una caja al nuevo belén de su padre. Tiene tres años y medio. “Ha quedado bonita”, asiente Bruno, doctor en Bellas Artes que hizo su tesina sobre el belenismo y la escuela de uno de los grandes, su maestro Pedro Ramírez Pazos. La tradición continúa.

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