Opinión

Barricada

La noche del 22 de julio de 1936, en la plaza de San Marcos de Sevilla hay muchas mujeres y hombres tendidos y encañonados, no cesan las descargas y el fuego

Honor a tod@s héroes de la resistencia. Sevilla, julio de 1936.

Con un aire sombrío, acaso cuando todos parecen abandonar la lucha, nuestra memoria oscurecida retiene aquellas días dramáticos. Un general grotesco en el teatro sangriento de la historia, una ciudad que ya tiene el itinerario donde la muerte hará su obra, no importa si aparece muy temprano o muy tarde, sus armas viejas solo encuentran atractivo en el terror mientras tantos se despiden.

La noche del 22 de julio de 1936, en la plaza de San Marcos de Sevilla hay muchas mujeres y hombres tendidos y encañonados, no cesan las descargas y el fuego. Entre los rescoldos de la Iglesia el cadáver de un sacerdote, no lo mata la turba roja, sino el lumpen, que sirve muy bien a Queipo de Llano.

A primera hora de la mañana, dos cañonazos han impactado en el arco de la Macarena, ha sido la señal del Comandante Castejón para el asalto al barrio, que ha rechazado y resistido heróicamente a los militares sublevados con palos, escopetas de caza y algún que otro viejo rifle Spencer, Triana acaba de ser sometida a sangre y fuego. Tropas profesionales provenientes del norte de África y bien equipadas avanzan por la calle San Luis, casa a casa y cuerpo a cuerpo se combate. Por la calle Bustos Tavera aun camina José López en la cuerda de presos, mientras por los balcones se asoman vecinos que les increpan. Esta tarde de Junio, este viejo campesino de la Sierra Norte sevillana ha bajado otra vez a la barricada del recuerdo.

José Luis Garrido. Junio 2004.

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