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Barbate

“Creo que no hay ningún pueblo con un estereotipo tan claro y tan hiriente: el Barbate, atún y chocolate, ha pesado como una losa a un pueblo que, además, ha sido gobernado durante demasiados años desde la incompetencia y el despilfarro”.

Aquí, en el sur del norte, la lista de lugares golpeados por diversas lacras es tan larga que casi alcanza a la totalidad de los municipios. Como consuelo podemos considerar que es la compensación que pagamos por vivir en uno de los paraísos terrenales. Los que no han sido expulsados del paraíso por el Dios del paro y la pobreza, subsisten con dificultad y capean las plagas que les envían como castigo.

En pocos lugares se visualiza mejor esta dicotomía que en Barbate. El pinar de la Breña, los Caños de Meca, la playa de la Yerbabuena, la del Carmen… son todos lugares idílicos de los que resulta difícil no enamorarse. Sin embargo, Barbate ha vivido asfixiada por sus servidumbres militares, arrinconada por el levante, ahogada por la crisis del sector pesquero. Creo que no hay ningún pueblo con un estereotipo tan claro y tan hiriente: el Barbate, atún y chocolate, ha pesado como una losa a un pueblo que, además, ha sido gobernado durante demasiados años desde la incompetencia y el despilfarro.

La lacra de la droga y la agonía del atún rojo hicieron sufrir mucho a un pueblo honrado y valiente. Un pueblo que era más conocido por los narcos que por sus parajes. Un pueblo herido por los cuatro costados.

Pero Barbate es mucho más. Barbate es un pueblo ejemplar, lleno de buena gente, trabajadora y solidaria y lo ha demostrado siempre que ha podido. Porque Barbate se ha convertido, a fuerza de su ubicación geográfica, en enclave esencial de las rutas migratorias. A su puerto y a sus playas han llegado numerosas pateras atestadas por personas exhaustas y los barbateños han tenido siempre una manta para cubrirlos, una mano para levantarlos… En ocasiones, incluso, una casa para que duerman y hasta unas tetas para amamantarlos.

Es la solidaridad del pobre, el donde comen cuatro comen cinco, el mi casa es tu casa, el reparto de la miseria que no nos hace más miserables sino más humanos. Los barbateños han desbordado las instituciones y las políticas, han demostrado que están siempre del lado de los que son como ellos, de las personas.

En este mundo en crisis, en estos tiempos de egoísmos, en esta época de odio, necesitamos buenos ejemplos. Necesitamos gente que muestre su solidaridad, gente que nos reconcilie con lo mejor del ser humano. En realidad, son más de los que creemos. A veces sólo tenemos que mirar bien. Algunos están muy cerca. En Barbate, sin ir más lejos.

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