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Banderita taberniense o Cataluña dentro de España

Estos ingenieros del ingenio han desmontado con sorna, socarronería y humor uno a uno los postulados separatistas, usando su propia medicina.

Si alguien logra utilizar los mismos argumentos de su oponente para desmontar sus premisas demostraría la inconsistencia de éstas. Algo de eso ha pasado con la magistral idea de los impulsores de esa hipotética Tabarnia, la parte rica de la Cataluña industrializada que vota mayoritariamente constitucionalista y que ocupa la franja costera de Barcelona y Tarragona. Estos ingenieros del ingenio han desmontado con sorna, socarronería y humor uno a uno los postulados separatistas, usando su propia medicina: independizarse de los que pretenden la independencia, en base a sus mismos agravios, pero esta vez dentro de Cataluña (una comunidad con comarcas muy desiguales entre sí a nivel de renta per cápita). El nacimiento de la idea de Tabarnia es el producto de un enfrentamiento entre la modernidad, representado por el dinamismo de entornos más fabriles y urbanos que votan mayoritariamente unionismo, y el ámbito más rural, menos desarrollado, agrícola y tradicionalista, que vota separatismo y que vive a expensas de la otra parte. 

En el mundo actual de comunicación instantánea donde desgraciadamente la imagen es más importante que las razones, pues agrupa y atrae sentimientos diversos y los canaliza, este pujante movimiento contestatario ya tiene sus símbolos: una bandera nueva e ilusionante con la que flamear sus propuestas para frenar el nacionalismo. Su diseño es una mezcla de la bandera de Tarragona junto con la de Barcelona con su cruz de San Jorge (cruz que fue emblema de toda Cataluña hasta el siglo XX y que el nacionalismo lo cambió por motivos ideológicos por la senyera para adecuarlo al blasón de la casa condal). Todo esto, ha sido el fruto de una reacción lógica e imaginativa al independentismo catalán fomentada por aquellas personas más cosmopolitas que quieren persistir dentro de España, conscientes de que su unión con el resto del país les aporta un mayor grado riqueza y bienestar y, a la vez, convencidos de que una emancipación de Cataluña les aislaría del mundo y los empobrecería cultural y económicamente. Si los independentistas se inventaron una estelada, como emblema identitario, estos unionistas han hecho lo mismo para dar frescura y aires de innovación a sus ideas.     

Estos ingenieros del ingenio han desmontado con sorna, socarronería y humor uno a uno los postulados separatistas, usando su propia medicina

Los promotores de Tabarnia han dado la vuelta a la machacona queja nacionalista que repetía hasta la saciedad: “España nos roba”. Ahora esta nueva savia de pensadores ha sustituido esa expresión de disgusto por “Cataluña nos roba “, en base a la pésima distribución y reparto de los ingresos fiscales de esa región,  ya que esos devengos provienen fundamentalmente de las rentas de los barceloneses y tarraconenses. Ellos denominan a eso el expolio de Tabarnia y se sustenta en que 20 de cada 100 euros que ingresa la Generalitat procedente de esa franja costera se distribuye a otras partes de Cataluña, mermando su nivel de renta. En ese trozo de territorio vive casi el 75 por ciento de la población catalana, más de 5 millones de habitantes, lo que dejaría unos escasos dos millones de catalanes en una hipotética Cataluña independiente que, además, sería muy pobre, insostenible por sí sola e inviable. Los ideólogos de Tabarnia reclaman el derecho a decidir de esos territorios, derecho que Cataluña niega por las mismas razones por las que España, a su vez, niega el derecho a decidir a Cataluña: la soberanía no se puede dividir y una parte no puede decidir por el todo. Ese fue precisamente uno de los argumentos para que en el referéndum de Quebec no triunfasen los separatistas, pues la ley de claridad canadiense permitía también que se pudiese trocear Quebec y que una parte del total independizado, si obtenía la misma mayoría, se mantuviese en Canadá, cosa que los independentistas catalanes ni se lo plantean, porque no aceptan el mismo concepto de democracia que ellos exigen. Una cosa es predicar y otra es dar trigo. 

La demanda de banderas de Tabarnia ha desbordado las previsiones, hasta el punto de que las fábricas han tenido que interrumpir el cierre por vacaciones.  ¿Tendrá esta bandera el mismo éxito que la estelada y unos cuantos se forraran de la misma manera, vendiéndola?

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