El trote de la culebra

Bajo el cielo oculto de Jerez

No hay historia más perfecta que la llegada de un desconocido a un espacio “cerrado” de población del sur repleta de enigmas. A Jerez se arriba huyendo de algo o escondiendo algo dentro de ti mismo. Una vez aquí, continúas la huida en un mundo que parece no haberse mantenido a salvo de la devastación: la realidad tangible de un pasado. En el inconsciente colectivo jerezano anidan fuerzas extrañas, un tanto ajenas a su humanidad pero indisolublemente vinculadas con ella. Hay sitios en Jerez de la Frontera en donde es inevitable percibir impulsos que son ajenos a lo común de la ciudad.

Quienes ven llegar al forastero, averiguan pronto cosas certeras sobre su ciudad que ellos mismos no sabían. Existen en el núcleo urbano de Jerez, figuras que a veces se perciben perdidas en una multitud de trazos, rasgos y grietas que parecen ocultarse a las miradas curiosas quizás para que únicamente el iniciado pueda verlos, entenderlas y seguir por el camino que indican.

Brandy de Jerez.

La terrorífica chica del Parque Hontoria, es una de ellas. Me refiero a esa joven que se la ve, según los testigos, rondar el lugar de copas que tiene el mismo nombre del parque, saliendo o entrando para desaparecer de inmediato en un pispás. También de día y de noche, cerca del monumento a Shakespeare o más asiduamente sentada en los templetes del parque.

Cuando miras a la cara de la chica del Parque Hontoria, sus ojos son raros, como si las cuencas las tuviera vaciadas, completamente oscuras. Algo tremendo, no hace ninguna gracia toparse con ella.
A pesar de todas nuestras modernidades, las creencias en lo misterioso siguen vivas, otra cosa es que lo reconozcamos en voz alta.

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