¡Ay, Cai de mi arma!

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¡Ay, Cai de mi arma!

14-02-2018 / 08:41 h.
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[Martes 13. 18:58 horas en algún lugar indeterminado entre Cádiz y Sevilla y con ganas de matar a una señora de León que lleva hablando por el móvil desde que cogimos el tren y salimos de la Bahía caminito de Madrid. Cansancio máximo, cerebro en ebullición...]

Acabo de pintarraquear cuatro medias cuartillas intentando describir lo que he vivido en las últimas 72 horas. Imposible. Entre la señora del teléfono y mi espesura mental, no doy pie con bola. Llevo ya más de hora y media intentando escribir algo decente sobre mi primera vez en el Carnaval de Cádiz y enseguida pienso en cuántos no lo han hecho ya y qué leches le importa a nadie lo que una sevillana venida desde Madrid haya podido sentir por sus calles y con su gente. Tópico tras tópico, mito tras mito. 

¡Vaya mierda, carajo! Me han dado ganas de dejar este artículo a medias, como el pasodoble que le escuché anoche a Los Caminantes Blancos en la peña Flamenkito Apaleao. Total, ni que tuviera yo la gracia de Las Guerreras de la Tribu del Totem Gordo o el doble sentido de la chirigota del Airon y sus susceptibles. Mira, muchacha, tú a lo tuyo que el Carnaval de Cadi-Cadi es para quien lo entiende. A ver si te vas a creer que porque no te hayas ofendido con las letras de las coplas, se te hayan puesto los vellitos de punta escuchando algún coro y te hayas aprendido unos cuantos estribillos, ya tienes máster y matrícula de honor en esto de la calle. Si acaso, en el Mari TaPaz y porque ella es como es. 

¿Acaso no te han dicho lo suficiente que tú has ido a Cadi-Cadi y allí hay que mamar? Que por mucha Orden de Citación que te hayan dado los de la Guirigota de Dublín para que cumplas con la obligación de cerrar la Viña todas las noches, por mucho que te haya sorprendido el arroz bomba de los Yihadistas Andaluces o por mucho Glam (del glande, glande) que hayas creído asimilar de la chirigota rockera, tú no vas a entender en la vida a las Kaleisi, madre de cabrone, ni te harás nunca una idea de cómo puede ser la cabeza de ese tal Romaní.

Como mucho, te codearás con tus paisanos de San José de la Rinconada y lamentarás que Macario haya perdido la cartera este fin de semana, pero de ahí a sentirte como uno más por no haber salido de Puerta Tierra para adentro y por tener agujetas de tanto reírte con la dislexia de Mejinco Lindo o las alabanzas a todo lo Kalenji de Los Runners al Sol, va un trecho. Y es que no por codearse con Trump y Melania, conocer al Ketama, bailar al ritmo de los Salsaboríos en San Felipe Neri y gritar Desiréeee por la calle como si estuvieras malita de los nervios te has convertido ya en una de esas que se cree que el Carnaval de Cádiz es la mejor fiesta del mundo mundial y que, como ahí, nadie tiene tanto aje.

No es por , sino porque aunque te veas mimetizada con el ambiente y hasta sueñes con ser una más de Las Niñas de Cádiz, ni tú hubieras sido capaz de decir algo políticamente incorrecto ni, por supuesto, de quitarte la careta durante unas horas para disfrutar de la libertad que se te brinda. No hablemos ya de comerte una tapa de chicharrones en cada esquina, con lo pendiente que estás tú ahora de no coger ni un gramo hasta que te pongas el traje de gitana en la Feria de Abril. ¡Ay, Cai de mi arma!

[Hora y pico después, la señora sigue hablando y yo tengo las mismas ganas de cagarme en las castas de esta Carmeluchi. Puede que me atreva a decirle algo, pero sólo por ver si tengo la suerte de que me manden con los de OBDC al infierno...]

 
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