Opinión

Avestruces en el Estrecho

La paciencia tiene un límite, y éste ha sido rebasado desde hace mucho tiempo. Más del que hubiera sido deseable para todos. Desayunarse con un cierto índice de delincuencia, sobre todo narcotráfico, es cierto que había adquirido tintes de normalidad en el Campo de Gibraltar, no en vano, ha sido siempre zona de paso, lugar de picaresca y pillería… entrada y salida entre dos continentes tan hermanos como lo fueron Caín y Abel.

Sin embargo, ese clima se ha enrarecido aún más, haciendo el aire de la comarca irrespirable, denso, letal. El narcotráfico ahora campa a las mismas anchas que antes, sí, pero con una impunidad como nunca antes tuvo. Se desprecian las vidas, antes escudos humanos, que ahora se han convertido en simples daños colaterales. Tanto da abollar un patrullero de la Guardia Civil, como matar a una criatura de ocho años que estaba pescando con su padre. No… ni el crío ni su padre trataban de decomisarle un cargamento de hachís, o de confiscarle su puta narco-lancha. Estaban pescando. Disfrutando de un día magnífico en el mar. El último magnífico día que vieron los ojos de padre e hijo, porque uno yace muerto, y el otro es un muerto en vida.

El último magnífico día que vieron los ojos de padre e hijo, porque uno yace muerto, y el otro es un muerto en vida

Y a este desgobierno, a este festival de delincuencia y ambiente prebélico que se respira en las calles de La Línea y de buena parte de las poblaciones campogibraltareñas, han contribuido no solo los “malos”, sino también el gobierno central, que aún no es consciente de que esto se les ha ido de las manos. Que faltan efectivos policiales, falta voluntad política, sobran los reportajes sensacionalistas y los periodistas temerarios que ponen en peligro su vida, la del cámara que lo acompaña y, de camino, la de cualquier desgraciado que cruce en el momento inadecuado y en el sitio inoportuno.

Que faltan narices, ministro Zoido. Las suyas las primeras, por no dar respuesta a un problema de su tierra, no lo olvide, de esa Andalucía que le ha ayudado a subir a la poltrona que ahora ocupa. Habría que ver si las narco-lanchas transitaran por el Guadalquivir de uno al otro lado de su amada Sevilla, si usted se mostraría igual de templado y calmado ante los micrófonos. También falta gente comprometida con los problemas de esta comarca, por supuesto, aunque eso ya muchos lo tenían asumido desde hace décadas.

Lo que no faltan, por desgracia, son víctimas para una guerra desigual que nadie quiso y todos callan imitando al avestruz.

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