Opinión

Apropiación cultural y otras formas de sacar dinero

Al igual que en muchas otras localidades, en Jerez no hemos sido menos. Durante estas dos últimas semanas en Plaza Canterbury se ha celebrado el Oktoberfest por todo lo alto. En la concurrida plaza, donde cualquiera podría decir que existía exceso de aforo, multitud de personas bebían y disfrutaban de la música sin muchas preocupaciones. No digo que no se pueda pasar un buen rato en buena compañía en sitios así, pero si analizamos la situación en frio, es cuanto menos sarcástica e incluso un reflejo de nosotros mismos.

No pongo en duda que de vez en cuando apetece salir de fiesta sin importarnos mucho las condiciones. A esto se le suma el atractivo de un macro evento anual, cada vez más frecuentes. La hostelería conoce a la perfección estas inquietudes, siendo capaz de organizar grandes veladas. Es así como un pub irlandés es capaz de organizar una fiesta de la cerveza alemana original de Múnich. Irónicamente, ni siquiera se ha celebrado al mismo tiempo que el Oktoberfest original, empezando casi dos semanas después y clausurándolo con una semana de diferencia. Puede que se planeara de esta forma distanciarse lo máximo posible de la fiesta de la vendimia.

Los incentivos para entrar a beber en un sitio popularmente conocido por tener precios elevados eran bastantes. ¿Quién no quiere gratis un gorrito bávaro por la compra de tu jarra? Eso si no se agotan en la primera media hora de la noche. Hay quién todavía intenta hoy día a falta del gorrito llevarse la jarra a casa, algo que a la seguridad privada situada en la puerta no le hace mucha gracia. Lo curioso es el hecho de cerrar la puerta exterior del local y dejar abierta únicamente la puerta de la plaza. No se si se hizo en concepto de control de aforo o por el riesgo constante de robo de jarras, pero creo que cerrar una salida exterior pudo haber sido una imprudencia teniendo en cuenta lo abarrotado que estaba el local. Estoy seguro de que la empresa podía haberse permitido contratar a más seguridad para poder mantener esa puerta abierta.

Estos dos fines de semana nos demuestran que las fiestas anuales temáticas son muy populares. Doy ya por hecho que mientras se desmonta el Oktoberfest se empezará a decorar la plaza y muchos otros locales con motivo de Halloween. Mientras antes se decore, antes llegarán los curiosos a tomarse una jarra de cerveza. La adopción de fiestas extranjeras, su moldeamiento y su prolongación con fines comerciales no es nada nuevo.  El claro ejemplo de esto es el tradicional bombardeo navideño interrumpido ahora por el Black Friday, que se acabará transformando en la Black Week si no lo es ya. Quien diga que la navidad tal y como la conocemos es una fiesta nuestra se engaña, ya que está claramente mezclado con el Yule nórdico desde tiempos remotos.

Al igual que hemos adoptado el Black Friday, no transcurrirá mucho tiempo hasta que empecemos a adoptar otras fiestas extranjeras y cambiarlas de fecha para que no coincidan con las nuestras. Estoy seguro de que en un futuro no muy lejano acabaremos celebrando el Mardi Gras justo la semana después de haber terminado el Carnaval de Cádiz. Pero más curioso será celebrar el Cinco de Mayo justo antes de la feria. Esta última fiesta es la prueba más viva de que se nos está yendo de las manos, ya que su celebración internacional repleta de tópicos no tiene nada que ver con la fiesta original mexicana. Llega incluso a ser desagradable ver a Donald Trump con un sombrero y un taco felicitando por Twitter el Cinco de Mayo.

En un principio todas estas fiestas no tienen nada de malo, aunque se utilicen descaradamente para hacer caja. Mientras la gente se divierta y sea libre no hay problema, sarna con gusto no pica. El problema se encuentra primero en que locales más humildes y de menor tamaño no pueden celebrar de la misma forma macro fiestas, suponiendo un palo de dos semanas para el pequeño hostelero local. Por otra parte, existe un efecto eclipse sobre otros eventos locales. Aunque durante este fin de semana la participación en el Primer Encuentro de Vinos Andaluces haya sido más que buena, lo más probable es que haya habido solapamiento. De ser así, es una verdadera pena. Ya que no solo contaba con música en directo, sino que los precios de los bodegueros eran más que populares. Pero total, si es lo que la mayoría de la gente quiere ¿Quién es nadie para impedirlo y obligarles a lo contrario?

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