Sociedad

Ángel, el canastero que se ‘alía’ con las bicis

Un artesano de Jerez y una tienda de la ciudad colaboran para vender cestas que se puedan adaptar a todo tipo de bicicletas. El municipio baja en 163 el número de desempleados en agosto y tiene 25.809 parados

Ángel abre la puerta de su casa, en una modesta barriada de Jerez, con una sonrisa de oreja a oreja. Para llegar hasta el patio, el lugar donde trabaja, hay que pasar por el salón, donde están su mujer y algunos de sus hijos. Él viste camisa clara, que le queda un poco ancha, unos vaqueros desgastados y unas chanclas grises. Al cuello, una estrella de David como único abalorio. El patio tiene un suelo irregular, con cemento en algunas partes y arena en otras, con una gran losa blanca en el centro. Ese es el lugar elegido para darle forma a los productos que elabora, sobre todo, con cañas. “Éste va a ser un canasto bajito”, dice al acceder al recinto interior, donde de no ser por sus explicaciones no se podría adivinar en qué se convertirá el amasijo de cañas abiertas que está en el suelo.

Cuando tenía unos catorce años, fue su padre quien lo enseñó a manejar las cañas y convertirlas en cestas que hacen las veces de frutero, maceta o como simple adorno. “Con esa edad no quería saber nada de eso”, confiesa, una época en la que apenas ayudaba a su padre a elaborar lo que luego sería el fondo de las cestas. “Luego trabajé en la construcción, estuve 15 años de encargado en un cortijo, barrendero, conductor de mercancías.…”, relata echando la vista atrás. Hasta que la crisis arrasó con todo y se vio en el paro y sin apenas recursos. Entonces se acordó de las enseñanzas de su padre y se hizo canastero.

Ángel, uno de los pocos canasteros que quedan en las inmediaciones de Jerez que se dedican al noble arte de la artesanía, se levanta todos los días muy temprano, toma café —pierde la cuenta de cuántos se bebe al día— y sale con su coche en busca de cañas. Lo hace por los alrededores de la ciudad, donde vive desde hace unos meses. Escudriña por caminos rurales y zonas en las que sabe que encontrará cañas de calidad para los pocos encargos que tiene. “Las cañas verdes no valen, ni las que están húmedas tampoco”, explica.

Ángel manipula las cañas que luego se convertirán en un frutero. FOTO: MANU GARCÍA

Una vez que las carga en el coche y las trae a su casa, pela las cañas y les quita las cáscaras con un cuchillo bien afilado, en cuyo manejo demuestra gran maestría. “Se raja por la mitad, se hacen cuatro cortes, se marca una cruz y se abre la caña. Después, se quitan los pinchos”, explica mientras hace una demostración del proceso. De cada caña salen ocho tiras, que puesta en el suelo forma una estrella con el mismo número de puntas, que va ensartando unas con otras, en círculos, dando forma al fondo de lo que luego será una cesta.

¿Cuántas puede hacer al día? “Unas siete u ocho”, contesta, dependiendo del tamaño y del tipo de encargo, ya que en cada uno emplea alrededor de una hora. Eso sí, durante los meses de verano tiene que hacerlo cuando cae la tarde y el sol da un respiro. “Antes es imposible”, dice. “Pero esto no da para vivir, si acaso es una ayuda”, añade. “Hay días que ganas 200 euros y otros que no ganas nada”. Por eso no duda al afirmar que está deseando tener un contrato “en condiciones” para dejar de fabricar cestos y canastas, algo que “se acabará perdiendo, porque solo lo siguen haciendo unos cuantos viejos en Jerez, y cada vez menos”, señala Ángel.

Ángel, haciendo una de sus cestas. FOTO: MANU GARCÍA

Escobas, antorchas para bares, sillas, forros para garrafas… le han encargado de todo. “Una mujer me pidió una vez una bandeja para 24 vasitos pequeños, ahí me tuve que comer la cabeza para hacer todos los moldes del mismo tamaño”, apunta. En otra ocasión tuvo que hacer un cesto para simular el globo de la famosa serie La vuelta al mundo de Willy Fogg. Un artesano que antes fue también feriante —“di la vuelta a España con la furgoneta”, recuerda— y ahora le gustaría enseñar a las nuevas generaciones a fabricar cestas y canastos artesanales, “para que no se pierda”. Sueña con impartir talleres a jóvenes.

Los pocos clientes que pueda tener Ángel los consigue gracias al boca a boca —“aunque Jerez ya lo tengo quemado”, señala— y a la colaboración que inició hace unos meses con el taller de bicicletas En medio de Arcos, situado en la calle del mismo nombre de Jerez. Santiago Benjumeda, el propietario, conoció a Ángel a través de unos amigos en común, y le pareció buena idea unir sus cestas a su negocio, para así ofertarlas como complemento para bicicletas. “Absorbe los golpes y vuelve a su forma original, dura toda la vida, transpira y emplea a gente que apuesta por lo rural y la naturaleza de la campiña jerezana”, describe la web de la tienda.

Las cestas de Ángel, ancladas a una bicicleta de la tienda de Santiago. FOTO: MANU GARCÍA

Santiago, cuando recibe un encargo, adapta la cesta a cada tipo de bicicleta, añadiéndole un soporte que le permita transportarla con seguridad. “Ahora todo se fabrica en plástico, pero este material es más duradero y flexible”, señala Benjumeda. De momento, le han salido pocos encargos, por eso Ángel no para de repetir que “esto no da para vivir”, pero Santiago es más optimista y cree que el producto puede tener salida.

Una alianza, la de Ángel y Santiago, canastero y mecánico de bicis, con la que intercambian ideas y fomentan la artesanía en una ciudad que durante el pasado mes de agosto ha rebajado su número de desempleados en 163 personas, logrando así siete meses de bajadas consecutivas —situándose en 25.809 parados— y en una provincia que ha sacado a 548 personas del paro en agosto respecto al mes anterior y que tiene 133.822 desempleados, según datos las oficinas de Empleo en Cádiz.

Ángel, de momento, seguirá fabricando cestas hasta que se canse o le salga una mejor ocupación. “Hay gente que lo valora, pero luego está el que te intenta regatear uno o dos euros”, lamenta. “Esto va por temporadas”, dice. La que vive actualmente, con la precariedad y la inestabilidad como compañeras de viaje, dura ya unos cuantos años.

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