Editorial

Andalucía, una nueva campaña para un viejo modelo fracasado

Andalucía levantará el telón esta medianoche de la campaña de las elecciones autonómicas del próximo 2 de diciembre. El adelanto electoral —la legislatura concluía en marzo del año próximo— no pilló desprevenido a nadie y la sensación general es que hace ya demasiado tiempo que las fuerzas políticas en liza se encontraban en campaña. Con todo por decidir, la comunidad autónoma más poblada de España se juega su futuro en una cita con las urnas que puede suponer el final de 37 años de gobierno hegemónico del PSOE en la Junta de Andalucía.

Con una de las mayores tasas de paro y de exclusión social del país, y después de haber vuelto este año al grupo de las regiones más pobres de la Unión Europea —lo cual significará más fondos europeos en años venideros, pero el reconocimiento de que de poco o nada han servido los 100.000 millones de euros que recibió desde 1986—, la principal aspirante, la socialista Susana Díaz, llega a la cita, más allá del contexto socioeconómico de la región, después de su fallida intentona de alcanzar el poder federal en su partido, vapuleada por la oposición por la relación del PSOE y los gobiernos anteriores de la Junta con los escándalos de los ERE y las tarjetas black de la Faffe, y con un estrecho margen para conservar el poder.

De hecho, como gran novedad en lo que se ha visto y oído en esta precampaña, Díaz ya ha hablado abiertamente en la precampaña de volver a gobernar en minoría —normalmente, se sale a ganar—, a la vista de que será imposible gobernar con mayoría absoluta y de que, en principio, ninguno de sus adversarios está por la labor de formar gobierno. De nuevo vuelven a la palestra palabras como gobernabilidad en un clima de tensión política in crescendo que ha ido en aumento y que, desde luego, las alternativas al PSOE andaluz han aprovechado para hacer más ruido que otra cosa. Mucha frase gruesa, mucho tuit grandilocuente, pero, salvo alguna que otra propuesta novedosa de Adelante Andalucía, ausencia de concreciones y medidas de calado para una de las regiones con mayor potencial de España y, sin embargo, una de las más deprimidas.

El gran temor es volver al escenario de 2015, cuando hicieron falta 81 días sin gobierno en San Telmo para que Ciudadanos diera el paso y apoyara la investidura

La falta de alternativa real que históricamente sufre la comunidad, al menos hasta ahora, ha provocado que todos los sondeos vuelvan a dar como vencedora a Díaz, aunque no está tan claras cuáles serán las opciones para intentar preservar el poder del socialismo andaluz. El gran temor es volver al escenario de 2015, cuando hicieron falta 81 días sin gobierno en San Telmo para que Ciudadanos diera el paso y apoyara la investidura. Esta vez, al menos así lo han manifestado por activa y por pasiva en la formación naranja, no sucederá nada parecido.

Si Juan Marín, candidato de Cs, fuerza que según los sondeos puede hasta triplicar los resultados de 2015, ha dejado claro que no habrá apoyo alguno a Díaz, más ambigua ha sido Teresa Rodríguez, aspirante de la coalición Adelante Andalucía (marca de Podemos en Andalucía junto con IU y andalucistas de izquierda), quien defiende que la coalición servirá de dique de contención a la derecha que representan PP y Cs, pero que tampoco quiere un nuevo mandato de Díaz bajo ningún concepto. Más aun, después del “portazo” de 2015, cuando en la ronda de negociaciones el PSOE acusaba a Podemos de “dogmático” e “intransigente”.

En el caso de Juanma Moreno Bonilla, candidato del PP, el peor parado en las encuestas, quien no cuenta con la simpatía de su líder nacional, Pablo Casado —a quien no apoyó en las primarias del PP del pasado verano—, está un poco a verlas venir, siendo consciente de que su única oportunidad pasaría por sumar mayoría con Ciudadanos. No obstante, y aunque en la campaña de las elecciones andaluzas del 22 de marzo de 2015, Susana Díaz reiteró su rechazo a pactar tanto con el PP como con Podemos, ahora, en cambio, como aseguraba esta semana en un debate en Onda Luz el vicepresidente en funciones Manuel Jiménez Barrios, “estamos abiertos a dialogar con todos”.

Aunque la pelea será encarnizada y los márgenes, muy estrechos, lo que todas las fuerzas políticas deberían tener claro es que lo que espera la ciudadanía, la gente corriente de Andalucía, sus más de 8,4 millones de habitantes (más los que se fueron), son respuestas a sus graves problemas de empleo, sanidad, educación e infraestructuras, así como talante y talento para resolver el posible bloqueo que puede representar la ausencia de mayoría absoluta para formar Gobierno con la necesidad de una urgente regeneración que ofrezca alternativa a 37 años de hegemonía del PSOE-A, cuyo viejo modelo para esta tierra claramente ha fracasado.

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