Paradojas de la vida

Analfabeto emocional

Dice José Mateos, poeta y filósofo, que en nuestra sociedad existen muchos “analfabetos emocionales”.

La llamada inteligencia emocional se expresa en cinco modos: conocimiento de sí mismo, control de las emociones, empatía, motivación como fortaleza y habilidades sociales. Todos estos ejes se concretan en saberes que no son innatos sino aprendidos; podemos decir, por tanto, que son potencialidades que necesitan de un medio adecuado para desarrollarse y de un aprendizaje esforzado, como, por ejemplo, multiplicar o leer.

En general, este tipo de inteligencia tiene como fin el hecho de reconocer y expresar las emociones, de uno mismo y de los demás. Y conseguir destrezas para llevar una vida plena, alegre y sosegada. Quizás en menor grado de lo que desearíamos, pero bastante más de lo que nos quieren hacer creer los pregoneros cotidianos del apocalipsis a la vuelta de la esquina.

Históricamente se ha acabado identificando “racional” y “cognitivo”, dejando a un lado toda la parte emocional, como si ésta fuese algo puramente irracional. También ayudó mucho a esta identificación sesgada la parcialidad con la que se tradujo el término cartesiano “cogito” con el verbo “pienso”, aunque el mismo Descartes intentaba aclararlo en sus Meditaciones: “por esto, no solo entender, querer, imaginar sino también sentir es la misma cosa aquí que pensar”.  Y el esfuerzo del filósofo por hacer coincidir “cogito” con hecho psíquico, resultó inútil.

Sea como fuere, el caso es que nuestra civilización occidental se ha levantado sobre la creencia en el poder absoluto de la razón y de su hija más aventajada: la técnica, como aplicación práctica de aquella. Esto (y el expolio largamente sostenido de países y continentes, entre otras cosas) nos ha procurado a los occidentales un nivel de confort y de seguridad frente a la naturaleza y las enfermedades verdaderamente notable y aún desconocido en la historia de la humanidad.

Pero el fulgor de la tecnología ha podido cegarnos la visión y hemos perdido el horizonte completo. El precio pagado ha sido excesivo porque se nos olvida lo más importante para llevar un vida plena, alegre y sosegada, hasta donde una vida puede ser plena, alegre y sosegada. No se explica de otra manera este malestar social, este enfado, tan generalizado y, a veces, tan pueril.

Es importante que nuestros niños aprendan la tabla periódica de los elementos, el cálculo del mínimo común múltiplo y las reglas gramaticales, pero, para la formación del carácter, también tienen que aprender (más en la familia que en la escuela) la fortaleza para sobreponerse a un fracaso, la solidaridad con el sufrimiento ajeno, dominar la impaciencia de una recompensa, sujetar la ansiedad que provoca una dificultad o asumir la tristeza ante una pérdida irreparable.

Esta inteligencia emocional les será útil para afrontar los reveses de la vida e indispensable para tener confianza en sí mismos, para ser leales, confiados, generosos, fuertes y valientes. Aprendizaje y esfuerzo para adquirir hábitos virtuosos, como diría Aristóteles. Para ser buenas personas. Buenos ciudadanos formados y honestos, con ambición por dejar un mundo mejor del que les entregamos. La única responsabilidad de todas las generaciones.

A veces, miramos nuestro mundo y nos parece ver un desierto poblado de “analfabetos emocionales”, como dice José Mateos. Yo creo, sin embargo, que siendo importante es aún peor aquellos que aúnan los dos analfabetismos posibles, el intelectual y el emocional: los que están incapacitados para salir de sí mismos y, además, se jactan de su propia ignorancia. Una especie de analfabetismo voluntario existencial, en correspondencia con una sociedad que exhibe sin pudor su parte más inculta y ególatra.

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Comentarios

  1. Bueno, la calamidad de generar personas incultas y ególatras creo que tiene consecuencias anecdóticas porque no puede alcanzar mucha repercusión la Nada.

    Quizá para pasar de puntillas por una hipotética crítica al capitalismo, se obvia la calamidad suprema y lo peligroso de tener inteligencia emocional y no tener contenidos que ofrecer. Y es peligroso porque convences para ofrecer nada, como Gorgias con ‘su arte de la oratoria’ demostrado en el segundo libro de diálogos de Platón.

    Y claro, en la sociedad capitalista en la que todos somos un producto que venderle al mundo, que haya gente que venda muy bien la nada, es más peligroso a que alguien que no tenga ni fondo ni estrategias formales.

    Aunque intuyo que el autor de este artículo no se siente muy cómodo con la crítica a este tipo de gente, porque al fin y al cabo ha construido este artículo que es una crítica a la gente Nada, que no puede ser otra cosa que inofensiva.

    “Sociedad construida en la creencia en la razón”, es una expresión tramposa porque la razón no necesita creencia, alargando el proceso de asunción de algo, construyes este sistema en el que la razón es alguien que la tiene, y la creencia en la razón es alguien que sigue incondicionalmente a quien parece que la posee… y al final no deja de ser otra manera de religión.

    El discurso final de generar personas leales, con compromiso con la sociedad a la que pertenecen y conocimientos científicos, es una auténtica utopía en esta sociedad en la que:

    Primero para comer alguien tiene que ser rentable en su actividad profesional, porque a menudo la persona se ve en la tesitura de decidir si engañar a un cliente diciéndole que la aspiradora que le vendes es mejor que un ferrari deportivo, o si eres honesto y solidario y ese día te vuelves a casa sin ingresar ni un euro.

    A partir de tu reflexión existen 3 posibilidades que creo que se pueden analizar separadas para verlo más claro:

    1- NO INTELIGENCIA EMOCIONAL PERO CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.
    2-INTELIGENCIA EMOCIONAL SIN CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.
    3-NI UNA COSA NI OTRA.

    Creo que la gente de tipo 1 son mártires de una sociedad posmoderna porque sufren mucho en la circunstancia de tener razón y que se le rechace por lo que se consideren defectos formales. La persona de tipo 2 es la PELIGROSA porque te convence y no porta nada. Y la persona de tipo de 3 creo que es inofensiva porque ni porta nada ni engaña a nadie, así que queda reducida a persona anecdótica.

    Una vez un tipo muy simpático y expresivo llamado Stan the Saleman, me vendió un barco para ir a Monkey Island y el barco se me hundió antes de estrenarlo.. el hombre tenía que comer.

  2. Siempre me ha parecido muy pertinente la expresión “analfabeto emocional”. La interpreto en contraposición a la de “inteligencia emocional”. Tan importante es cultivar la dialéctica racional y el método científico para poder acotar y analizar un problema con cierto rigor, como aprehender las habilidades emocionales y sociales necesarias para poder compartir el proceso seguido y las conclusiones obtenidas. Tan importantes son el por qué como las consecuencias, el para qué como el cómo. Pero atribuir la locución que da título al artículo a José Mateos, como si de una especie de lúcida inspiración se tratase, me parece excesivo. Seguro que tiene alguna otra de autoría original.

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