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Ana Fernández: “Asumir que la política tiene mucho de teatro y mentira da rabia”

Dirigente andaluza y provincial de Izquierda Unida y concejala en el Ayuntamiento de Jerez, esta joven de firmes convicciones es, además, empresaria y gestora cultural: "Pocos políticos pueden decir que tienen un trabajo al que volver"

Casi recién aterrizada de Katowice (Polonia), donde ha acudido a trabajar en el Womex, una de las ferias anuales de world music más relevantes a nivel internacional, atiende por teléfono a lavozdelsur.es entre reunión y reunión, inmersa ahora en su otra vertiente política e institucional. Ana Fernández de Cosa (Jerez, 1986), no sabe muy bien cómo, consigue partirse en dos mitades y sacar tiempo para su faceta como directora de su propia empresa de producción y representación de artistas, Algazara Producciones, y para su rol como dirigente política y concejala de Izquierda Unida en el pleno del Ayuntamiento de Jerez. “Hay días que peto, que no aguanto más, exploto y luego vuelvo otra vez a la carga y voy recuperando todo”, confiesa esta joven mujer andaluza de férreas convicciones.

Atea, comunista, feminista, antifascista, en su mesilla de noche tiene ahora Ni una palabra tuya, de Elvira Lindo, porque “leí Algo más inesperado que la muerte y su prosa me pareció brillante”, y en su hilo musical pueden sonar las letras y melodías de cualquiera de los artistas que representa: de La Banda Morisca a La Chocolata. O, por ejemplo, la voz dulce y rajada de Carmen Linares, una de las últimas grandes gargantas que ha confiado en la buena mano (izquierda) de esta joven jerezana que se autodenomina “superviviente de la gestión cultural”. Aparte de las urgencias que esa afirmación encierra, y pese a ser concejal y formar parte de las direcciones andaluza, provincial y local de IU, se declara “orgullosa de no tener que vivir de la política”. Ella, que lo mismo a los 16 años tocaba con su banda delante de un paso de Semana Santa, o que hace poco trabajó de ayudante de producción en una obra de José Luis Garci en el Teatro Español de Madrid. “No todo el mundo en política puede decir que tiene un trabajo al que volver”, remarca.

Su primera aparición pública institucional fue con una camiseta con dos ovarios y jurando el cargo tras apartar la Biblia, ¿eso de querer gobernar para todos es una gran falacia?

Precisamente lo enfocaría al revés, no creo que llevar esa camiseta o apartar la Biblia no sea no gobernar para todos: es abrir un diálogo a esa apertura. Siempre hemos defendido, y yo particularmente estoy muy concienciada, la separación Iglesia-Estado. Lo primero debe estar vinculado a la reflexión privada de cada uno con su fe, no vinculado a la administración pública. Si en este país consiguiéramos esa separación, por ejemplo, eso sí sería un paso para gobernar para todos. No todo el mundo es católico, no todo el mundo está de acuerdo con la Iglesia, por lo que lo más democrático es hacer esa separación.

Lo políticamente correcto es complicado cuando llegas a una institución pública, pero retrotrayéndonos a ese momento, creo que fue un poco al revés, fui super correcta y educada: cogí la Biblia, la aparté y prometí mi cargo con la Constitución por delante. Nos debemos a las leyes del Estado, no a las religiosas, y eso es muy importante simbolizarlo. Eso puede ser considerado por muchos no políticamente correcto, pero creo que hay que abrir ese diálogo que no ha habido hasta ahora; y ese tipo de gestos dan ese paso para ver cómo deberían de ser las cosas. Hay reuniones en las que ves solo a hombres o en las que te interrumpen por ser mujer, y acabas dando una respuesta políticamente incorrecta aunque realmente es lo políticamente correcto, lo que hay que hacer, dar ese golpe en la mesa.

“Prometí mi cargo con la Constitución por delante y aparté la Biblia, fui correcta y educada. Nos debemos a las leyes del Estado, no a las religiosas”

Ya que hablaba de la Constitución, ¿usted bajo qué bandera se siente más cómoda?

Me siento identificada con la bandera andaluza y es una pena que en esta guerra de banderas que tenemos actualmente, en este momento coyuntural, no tengamos la bandera andaluza en la calle. Como sociedad, como pueblo, como nación andaluza, nos falta ese puntito de sentirnos más reconocidos para tirar de nuestra identidad. Es la bandera que más orgullosa saco, pero también te puedo decir que me identifico con la republicana, aunque no tanto como con la andaluza. Es un referente, por supuesto, porque es democrática, de un régimen que fue legalmente constituido y votado, y de un gobierno totalmente legítimo elegido que fue arrebatado por un golpe de Estado que nos llevó a una guerra. Pero la bandera andaluza es la que a mí me representa, y hago un llamamiento a los ciudadanos y ciudadanas de Andalucía para que saquen pecho de su bandera.Usted se autodenomina “superviviente de la gestión cultural”, ¿por qué importa tan poco la cultura en este país?

Importa mucho pero está invisibilizada. Igual que la guerra de banderas tapa la corrupción y otras cosas graves, a la cultura no se le da el peso que tiene porque es lo que nos hace críticos, independientes, creativos… Eso es intencionado, igual que te digo que ocurre con la educación. ¿Por qué cada vez está más degradado el sistema educativo? Porque no interesa una sociedad empoderada, que es para lo que sirven la cultura y la educación. Eso a los gobiernos, sobre todo a los de derecha, no les interesa, nos quieren borregos y adoctrinados. Estamos bastante mal en la cultura por todo eso, y encima ser autónoma es un suplicio. Ser mujer, joven y dedicarme al sector cultural es una tortura, pero se combate con energía, ilusión y creatividad, intentando tirar de recursos y herramientas de todo tipo. Intentas mantenerte y no rendirte.

“Ser mujer, joven y dedicarme al sector cultural es una tortura, pero se combate con ilusión y creatividad”

Es miembro de la coordinadora andaluza, provincial y del consejo local de IU, además de ser concejala. Y a pesar de todo eso, usted es de las que puede decir que no vive de la política o que no es una política de carrera.

Exactamente (risas)… puedo decirlo a mucha honra, lo que pasa que la gente desconoce esa parcela de la política y nos mete a todos en el mismo saco. Me gusta hacer pedagogía cuando hablo con la gente porque no todo el mundo vive de la política, aunque ocupe un puesto de responsabilidad. Mucha gente me ha dicho que he hecho cosas con el dinero de los ciudadanos y ciudadanas, pero no saben que yo no percibo ningún dinero por cargo público. Creo que hay cosas que no pasan en otros ayuntamientos, que no se cubre un mínimo, como las asistencias a pleno. Hace dos legislaturas, si no recuerdo mal, se quitaron las asistencias a pleno, pero, de alguna manera, hay que bonificar a quienes no cobran un sueldo público y pierden ese día de trabajo. En muchísimos otros ayuntamientos sí pasa y es importante que todo el mundo que realiza una función de este tipo cobre, aunque sea de forma simbólica. Por otra parte, sí es verdad que hay mucho político de carrera, dedicado exclusivamente a la política y tampoco creo que eso sea bueno. Yo estoy orgullosa de tener mi dedicación profesional, y muchos otros compañeros de IU, liberados o no, tienen siempre un trabajo al que volver, y eso poca gente en política lo puede decir.

Cuando está entre bambalinas, ¿qué le da más rabia en su día a día político?

A mí lo que me da más rabia, y me dio mucha pena de eso muchos meses después de entrar, es ser consciente de que la política es meterte en una gran falacia. Da rabia asumir que la política tiene mucho de teatro y que muchas cosas son mentira. No se pueden cambiar las cosas llevando simplemente una propuesta a pleno. Te das cuenta de que te encuentras con tantos y tantos muros que no puedes derribar, que al final esa propuesta es algo teatral porque sabes que nada va a cambiar. Asumir eso da mucha rabia y es algo muy pesimista. Me supuso una gran tristeza ver que era tan complicado cambiar las cosas, aunque puedas llamarme ingenua. Otra de las cosas que más pena me da es ver las guerras internas por detrás que hay entre la gente. Pasa en todos los partidos, dentro de tu casa y fuera. A veces ves que no puede ser que hasta en tu propia casa estén con rencillas, eso te agota y te cansa, te vuelve pesimista porque no solo te enfrentas al PP o al PSOE sino que, a veces, hasta en tu casa aguantas situaciones que deberían estar fuera.

¿Qué le da Izquierda Unida que no tiene Podemos?

Me da la seguridad de unos ideales. Siempre ha sido un referente ideológico en este país, también en mi casa y en mi familia, porque no he llegado a la política hace dos años, la he vivido desde hace más tiempo, y recuerdo ir a la sede en las campañas, coger pegatinas… Ese referente no me lo ofrece Podemos, aunque tengamos ciertas cosas en común. IU me da seguridad, han estado 30 años luchando por unos ideales de manera indestructible. Ha habido y hay mucha gente dando la cara en los ayuntamientos a lo largo y ancho del Estado, destapando casos de especulación urbanística, peleando contra la corrupción, luchando contra el gran gigante de los intereses económicos… y toda esa gente me da seguridad y me enorgullece. Me da orgullo pertenecer a estos referentes, sobre todo a los anónimos.

“No creo que vayamos a tener una izquierda cada vez más hundida, pero hay que ser inteligentes para sobrevivir”

La confluencia supuso perder un millón de votos en las últimas generales, ¿unidos podemos o habrá una izquierda cada vez más hundida?

No creo que vayamos a tener una izquierda cada vez más hundida, pero hay que ser inteligentes para sobrevivir. No podemos actuar de manera loca y dando palos de ciego, como quizás sí se ha actuado en otras elecciones. La confluencia va más allá de lo electoral y para eso hay que hacerlo bien, converger entre los sectores de la izquierda de una manera social, que ese discurso cale bien en la sociedad, y ahí está el mayor de los escollos: el discurso no cala para llegar a una convergencia real. Se llegó a una posibilidad con las marchas de la dignidad antes de las europeas, conseguimos un buen punto socialmente, muy activos en la calle, luchando codo con codo en muchos espacios, y ahí hubo una oportunidad que algo hicimos mal para perderla.

Creo que debemos ser muy inteligentes de cara al nuevo ciclo electoral para no equivocarnos con la convergencia. Todos nuestros líderes, Maíllo, Teresa Rodríguez…, vemos que todos vamos en una línea y la convergencia es irrenunciable, va a ocurrir, pero hay que hacerla bien, sin equivocarnos y sin cometer torpezas. IU en Andalucía es un referente en muchos municipios, algo de lo que carece Podemos. Tenemos una gran red municipal y esa fuerza es importante que quede inteligentemente mostrada de cara a esa convergencia. Ambas fuerzas tenemos que ser generosas, y eso incluye a Jerez, evidentemente. Hay que hablar mucho y cuanto antes empiecen las conversaciones, mejor se hará la convergencia.¿Con qué camarada se iría de cañas: Garzón, Maíllo, Llamazares o Anguita?

Con Maíllo, aunque a alguno le sorprenderá —Fernández fue de número 2 de José Luis Pérez Tapias, adversario de Maíllo en la última asamblea andaluza para liderar el partido en la región—, pero comparto más cosas con él que con los otros que has mencionado. Anguita está un poco mayor y casi que lo prefiero para escucharle en una conferencia. Garzón es muy buena gente, pero le falta la chispa del Sur, es muy del Norte. Y Llamazares… también me parece demasiado serio (risas), no está en mi agenda.

“Me iría de cañas con Maíllo; a Garzón le falta la chispa del Sur, es muy del Norte”.

“A menos negocio, mayor fantasía, así son las cosas de esta Andalucía: más sal que sustancia…” ¿Qué le parece este verso de Pemán?

Le voy a dar la razón aquí (sonríe). Es una pena que sea verdad que en Andalucía estemos así. Eso también deja mucho que desear porque al final lo que vale es el tópico y está por encima la sal y otro tipo de adimentos que la sustancia en sí y las cosas que importan. Y encima aquí entran más condicionantes, en los tópicos, si hablas con una mujer joven, y me refiero al comentario de Odón Elorza a Noelia Vera. Dudo que a un hombre de 50 años le hubiese dicho lo mismo. Paso a paso, hay que despertar. También como Andalucía hay que salir de esos tópicos. No somos menos cultos por nuestra manera de hablar. ¿Eso quién lo dice? Eso es falso y hay que defender nuestra variedad lingüística.

¿Que aún le persigan las palabras que dedicó al poeta franquista es un castigo divino por roja?

Creo que hay gente a la que se le ha quedado eso, pero yo lo tengo bastante digerido, y además bastante bien digerido. Casi ni me acuerdo de aquel año penoso; y bueno, las cosas pasan, y en política, y en el día a día, lo que es novedad hoy, al día siguiente ya nadie se acuerda. Pasé muchos meses muy agobiada, pasándolo mal, pero cuando se archiva todo, ya pasó. Sacan el asunto de vez en cuando, bueno, pero no creo que sea un castigo divino, aunque sí es una forma de asociar a una persona con algo y a mí a nivel nacional se me conoce por eso. Y me perseguirá.

Si le digo Venezuela, usted dice…

Democracia. Sin matices.

“Aparte de vino, flamenco y caballos, Jerez debería tener justicia social, igualdad y feminismo”

Ruiz-Berdejo es el “amado líder” de IU en Jerez, pero ¿hay algo que le haga odioso?

(Risas). Yo se lo digo muchas veces… Quillo, quién está hablando ahora, ¿tú o tu ego? Aunque es dentro de lo cordial y de la broma, es lo que pierde un poco a mi camarada y, sin embargo, amigo.

¿Qué debería de tener su tierra aparte de vino, flamenco y caballos?

Pues creo que debería tener justicia social, igualdad y feminismo. Y aparte de eso, Jerez es más cosas, tenemos 212.000 habitantes y debemos tener otros referentes culturales y tradicionales. El festival que ahora impulsamos en intramuros quiere demostrar que otra oferta cultural para la ciudad es posible, porque además la hay y tenemos muchos referentes y exponentes que se van fuera haciendo bandera de otro tipo de cultura jerezana. También pretendemos ofrecer cosas de fuera diferentes, que también es importante, esa es la otra pata. Es importante abrir un abanico intercultural y ser referente como ciudad moderna, intentar situarnos en esa clave, no anclarnos en el pasado y en los valores antiguos. Quien sale un poco de Jerez, no hace falta irse muy lejos, ve lo amplio que es el mundo y la cantidad de posibilidades culturales que dejamos escapar por anclarnos en los ejes de siempre. Cuesta mucho trabajo y costará mucho trabajo porque la ciudad tiene un relato muy casposo. Dar un paso más en este relato cuesta la vida, pero hay que perder miedo y prejuicios.

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