Cultura

Alejandro Rojas-Marcos, el buscador de sonidos que no volverán a sonar

El artista sevillano, habitual junto a Israel Galván y profesor de piano en el Conservatorio de Jerez, tocará el clavicordio en una sesión irrepetible de improvisación libre, este viernes en La Quemá, junto a la violinista Luz Prado y el 'laptop' de Wade Matthews. "Lo que interesa a la industria cultural es vender, no importa el efecto que tenga en ti", lamenta

John Cage decía que en la música experimental solo hay sonidos, unos están escritos y otros no; y era Frederic Chopin, al parecer, el que dejo dicho que “la vida es una inmensa disonancia”; te empeñas en hacer unos planes y suelen salir otros. De ambos genios, y de otros muchos, bebe el músico Alejandro Rojas-Marcos, formado desde la infancia en la música clásica y amante, ya en su madurez artística, de los sonidos que están por escribir. O aquellos que, simplemente, proceden del silencio interior. “Soy un activista de la improvisación libre y de la música experimental“, se declara en un encuentro con lavozdelsur.es. Sevillano con 53 años, familia de los Rojas-Marcos, hace años que está afincado junto a su prole en Jerez, donde también imparte clases de piano en el Conservatorio Profesional Joaquín Villatoro.

Formado en Sevilla, Barcelona y Friburgo, lleva “toda la vida en la música”. “Llego a la música como la mayoría de niños que empiezan a estudiar: pronto y por indicación de mis padres. En mi familia nadie se había dedicado profesionalmente a la música, pero sí algunos tocaban instrumentos como el piano, había cierta costumbre de estudiar música. Fui formándome y mi medio ha sido siempre, y principalmente, la música clásica”. Hasta el cambio de milenio. Desde entonces, lo mismo ha tocado el clavicordio en una seguiriya del último disco del controvertido Niño de Elche que desde 2012, acompaña en sus viajes astrales al no menos controvertido Israel Galván. Entre sus clases, va de bolo en bolo por medio mundo con el Premio Nacional de Danza sevillano: “Con Israel intento satisfacer el rumbo que va cogiendo en cada momento su mundo interior”.

En su último montaje tocó El amor brujo “de pe a pa, tal como está, o sea que de alguna manera se puede decir que yéndome lejos, al final he vuelto al Conservatorio (risas)”. En todo caso, expone, “es un trabajo impresionante e interesantísimo, si uno aprende una barbaridad es en parte por los compañeros con los que trabajas, no solo Israel, sino todos esos grandes artistas. Llamarme para acompañar por soleá no sería correcto, en todo caso, si me llaman será para aportar otro tipo de ideas e historias”.

Rojas-Marcos descubrió hace ahora casi veinte años, en el contagio con otras artes escénicas como la danza o el teatro, nuevos senderos que explorar en la música y no ha parado de buscar. Este viernes, a partir de las nueve de la noche, en la Sala La Quemá, en Jerez, podrá verse por primera y última vez —hasta el siguiente encuentro— una muestra de por dónde van los tiros. Lo hará junto a la violinista malagueña Luz Prado y el brujo norteamericano del laptop Wade Matthews —este profesor de la universidad neoyorquina de Columbia también impartirá a mediodía del día siguiente una conferencia en el Museo Arqueológico de Jerez sobre La música y las ruinas—. 

Clavicordio inspirado en un modelo anónimo holandés del siglo XVIII. FOTO: MANU GARCÍA

¿Qué van a ofrecer? Ni idea. Y ahí estará la gracia, la disonancia o el sonido por escribir. “La cuestión de la improvisación libre en realidad lo que hace es poner el foco en el proceso, más que en el producto, en el resultado final. Al cambiar el foco, eso tiene muchas consecuencias realmente. La actuación del viernes es algo que ocurrirá y puede ser sorprendente para el público, pero también para nosotros, lo que estará escuchando el público también lo estaremos escuchando nosotros por primera vez, y eso es algo que te une al oyente porque también eres espectador de lo que está ocurriendo”. E insiste: “Ni tienes un plan, ni sabes qué es lo que van a hacer tus compañeros. No quiere decir que sea caótico, ni mucho menos, pero los tres que participamos somos músicos con una amplia experiencia en improvisación libre, nos conocemos, y a partir de ahí, de una premisa de relacionarnos en el momento presente con el sonido y los instrumentos, no hay guion, solo una duración aproximada”.

Él, que cambia el piano por un clavicordio que construyó junto a un amigo hace cinco años siguiendo un modelo anónimo holandés del siglo XVIII, no sabe qué pasará en este concierto, “pero sí garantizo que nunca ha ocurrido antes, ni ocurrirá después. Es como la vida, abordar algo como se abordan las cosas en la vida diaria, nada se repite igual aunque las cosas se parezcan. Hay ciertas costumbres, tiras de experiencia, pero saber lo que va a ocurrir es imposible. Eso es muy valioso. Realmente, un concierto es una sesión de escucha compartida entre los músicos que participan y el público que viene a escuchar”.

El músico, momentos antes de la entrevista con este medio. FOTO: MANU GARCÍA

Cage cambió el paradigma musical con una de las obras más simples jamás escritas, Rojas-Marcos usa el clavicordio como un instrumento con un sonido tenue, que llegó a vetarse para los conciertos, y que a él le provoca “una vivencia muy personal”. “Cuando el trabajo con el instrumento no es desde el punto de vista de una técnica estereotipada —desgrana—, como ocurre en el lenguaje de la música clásica, en el que tocas de la manera que tienes que tocar, con poco margen de libertad, tienes una aproximación experimental al instrumento; te enfrentas a un objeto que suena, pero que no tiene por qué sonar de determinada manera, no hay una exigencia de cumplir con características sonoras determinadas, ni una técnica concreta. Para mí, eso es algo muy especial”. “Me pareció muy interesante optar por un instrumento que no es habitual, que no se suele ver en salas de conciertos, y que requería buscar la manera de tocarlo para abordar una música que es plenamente actual”, reflexiona.

Sobre el clavicordio: “Me pareció muy interesante optar por un instrumento que no es habitual, que no se suele ver en salas de conciertos”

¿Un rupturista? “El planteamiento no es de ruptura, pero sí hay un momento que la mente se me va abriendo a otras posibilidades, hasta que llego al interés por la improvisación libre que es una forma de crear en el momento”, explica. Y abunda: “Es una faceta totalmente nueva para mí, que me lleva a pensar en hacer música no tanto intentando satisfacer algo externo, sino desde un proceso interno de búsqueda y de experimentación con el instrumento, y de buscar qué es lo que el instrumento propone. Porque, de alguna manera, propone cosas”. En ese diálogo con el instrumento, el artista sevillano se siente libre, desata su yo creador, algo que ya ha podido escucharse en dos de sus trabajos discográficos publicados hasta la fecha: Trails (Plus Timbre, 2017) yTrip Tracks (Luscinia Discos, 2015). “La música clásica es un mundo en el que siempre funciono como intérprete, y al acercarme a otras artes escénica he descubierto una manera de estar ahí como creador, muchas veces al servicio de la idea de otro, como cuando trabajo con Israel Galván, pero otras con mis propios proyectos”, remacha.

Rojas-Marcos, junto a Israel Galván y David lagos, en ‘El amor brujo’, en el pasado Festival de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA

Consciente de que su música “no es de consumo rápido, ni de consumo fácil, pues requiere compromiso y esa audición atenta”, reconoce que le gusta ir en contra “totalmente de lo previsible”. “El del viernes, por ejemplo, es un concierto y la gente paga una entrada, pero realmente no es algo preparado. La honestidad es total, no hay nada construido pensando en engatusar a nadie, sino que es realmente una propuesta de compartir el tiempo y el espacio con otras personas. Es muy diferente la propuesta al que graba un disco e intenta parecerse lo máximo posible al disco para venderlo”. El movimiento de la improvisación libre surgió muy paulatinamente entre los años 50 y 60 del siglo pasado, era muy minoritario y se fue extendiendo desde el mundo del free jazz y la búsqueda de la indeterminación en la música por parte de John Cage y algunos otros. “Está teniendo una vida larga porque realmente es la manera más primitiva de hacer música que puede haber. Es volver al origen de todo. Está Chopin y está todo el mundo porque todos están en mi historia personal, he llegado a esta música a través de ellos”, cuenta Rojas-Marcos.

“Sería interesante e importante que las instituciones promocionaran lo que no se conoce tanto, para que la gente pueda elegir”

Pero todo el mercado de la cultura navega contracorriente de la esencia, de lo que cala y trasciende. “Bueno, en cierta manera lo que interesa a la industria cultural es vender, no importa el efecto que tenga en ti. Muchas veces importa más que se compren los discos que se escuchen. Realmente, es lo que cuenta para la industria. Y lo que se vende generalmente es lo que no es exigente para el público. Por otra parte, yo también consumo música de todo tipo y me gusta ir a un concierto y tomar una copa, pero creo que, en este camino, es donde yo creo que aporto algo valioso a la sociedad. Por primera vez, es un tipo de música que creo que hace bien a los demás, no son solo mis ganas de tocar. Los que nos dedicamos a esto creo que influimos de alguna manera positiva en la sociedad, aunque no sé si esto es real”. En su caso, gracias a sus inquietudes, ha logrado mantener durante seis años un taller de improvisación libre en el Conservatorio de Jerez para los alumnos del último curso, el único que había en España junto con Barcelona, que impartía en la ESMUC Agustín Fernández.

“Dentro de una formación reglada, trabajar de forma sistemática la improvisación libre se está haciendo muy poco y es algo valioso. Siempre es bueno acercar a los jóvenes otras formas de escuchar y enfrentarse al arte, creo que es algo positivo. Eso, pese a que el currículo del Conservatorio está basado en un 99% en el repertorio clásico, pero eso tendrá que ir cambiando”. Llamativo, lo anterior, cuando la música clásica apenas nos llega por cosas como la publicidad. “Evidentemente, la música clásica fuera sigue siendo minoritaria, aunque no por vocación de serlo. La clave está en tener un acceso a las cosas, tener la oportunidad de convivir con otras formas de arte, de cultura. Ocurre con los alumnos del Conservatorio: la música clásica es casi lo único que existe dentro del Conservatorio y fuera, la música clásica casi no existe. Entonces, es muy significativo, les enseñamos una música que fuera del centro educativo no la encuentran tan fácil, a menos que la busquen. Es importante que la sociedad ofrezca la oportunidad de descubrir cosas nuevas en el arte, no insistir solo en lo que funciona. La gente va a reconocer más que a conocer, a escuchar todo lo que ya conoce, los estilos, los artistas…, y sería interesante e importante que las instituciones promocionaran lo que no se conoce tanto, para que la gente pueda elegir”.

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