Jerez

Adiós a un clásico de los churros jerezanos

Fallece a los 67 años Juan Luis Cordero, veterano churrero de la plaza Doña Blanca, casi un año después de ganarse su merecida jubilación

Juan Luis Cordero González dejaba este mundo a los 67 años el pasado sábado. La noticia ha llegado como sorpresa desagradable para muchos de sus clientes habituales. Algunos leyeron la esquela el pasado domingo. Otros se han enterado por terceros o directamente por su sobrino Antonio, aquel que le tomara definitivamente el relevo hace casi un año, cuando una hernia le obligaba a jubilarse tras más de 40 años despachando churros en la plaza Doña Blanca.

Siempre se han dicho que los de Jerez son unos churros especiales, por su masa fina y crujiente, mucho más digeribles que las clásicas porras que pueden degustarse en gran parte de España. En el hecho de que este tipo de churro se haya convertido casi en una institución tiene mucho que ver la familia Cordero durante generaciones. Hijo y nieto de churreros, en su casa prácticamente no conoció otro oficio que este ligado al aceite, la harina y el agua. “Los suyos han sido los mejores de Jerez”, relata su sobrino Antonio, quien ha acompañado los últimos siete años a Juan Luis y que tras su jubilación se hiciera con el histórico puesto, más de un siglo en Doña Blanca, aunque en diferentes ubicaciones a lo largo de las últimas décadas.

El destino quiso que Cordero apenas disfrutara de una jubilación que se había ganado a pulso. “Tenía muchos dolores por una hernia y en marzo ya dejó esto. Se operó en noviembre, pero resultó ser un tumor”, explica Antonio mientras despacha un euro de churros a una clientela que acaba de conocer el fatal desenlace de Juan Luis. “Era muy querido. La gente lleva dos días preguntando por él. Verás cuando llegue el verano y se enteren los que están fuera”.

Los años de experiencia junto a su tío han servido para que Antonio prácticamente calque los churros de Juan Luis. “Él entendía mejor que nadie las masas y las harinas, y las meneaba mucho. Aquí hay que meter riñones, me decía. Y es que lo importante es que nunca quede harina sin mezclar”.

Juan Luis deja viuda y dos hijos, Marta y Juan Luis, quien también le echara una mano los fines de semana y festivos durante 16 años. Eso sí, el veterano churrero se fue sabiendo que su histórico puesto queda en buenas manos. Descanse en paz.

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