Una marea andaluza contra los recortes sanitarios de la Junta inunda Sevilla

Unas 50.000 personas, según la organización, han recordado este domingo en Sevilla a Susana Díaz que tiene un problema político de primer orden en la sanidad pública que un día fue la joya de la corona del PSOE andaluz

Jesús Candel 'Spiriman' a la cabeza de la marea blanca andaluza en Sevilla en una fotografía de archivo. FOTO: RAÚL SOLIS.
Jesús Candel 'Spiriman' a la cabeza de la marea blanca andaluza en Sevilla en una fotografía de archivo. FOTO: RAÚL SOLIS.

Hace tres semanas, la malagueña Sara Montagut vio por redes sociales un cartel de la asociación ‘Justicia por la Sanidad’ del médico granadino Jesús Candel, más conocido como ‘Spiriman’ en redes sociales. Llamó al teléfono que se indicaba y la incluyeron en un grupo de whatsaap de defensa de la sanidad pública de la Costa del Sol. Hoy ha venido junto con 200 personas más procedentes de Mijas y Fuengirola en autobuses pagados a pulmón por cada manifestante. Sara, indignada sobremanera con el Gobierno andaluz porque las urgencias de la Costa del Sol en verano no tienen personal para atender a una población que con la llegada masiva de turistas se triplica, no pertenece a ningún partido ni tiene pinta de revolucionaria, pero canta contra la gestión sanitaria del Ejecutivo de Susana Díaz como si no hubiera mañana.

La sevillana Candelaria Alvear estuvo varios años acudiendo regularmente a su ambulatorio con problemas de infecciones de orina. Harta de que le mandaran a hacerse análisis y que el médico se negara a enviarla al especialista, se fue a una clínica privada, donde le descubrieron un carcinoma que de haber sido maligno “no estaría ahora aquí contándote esto”, dice en un tono relajado pero cargado de rabia. Mientras Candelaria cuenta sus quejas sobre la atención sanitaria recibida, una auxiliar de clínica del Hospital Macarena le dice a gritos: “No te mandan al especialista porque los médicos tienen objetivos de productividad por matar a la gente, que lo sepas, así de claro”. Puri Ramos, enfermera en el Hospital Punta de Europa de Algeciras, afirma que ha venido a pasar el domingo a Sevilla a preguntarle a Susana Díaz “qué hacemos con los pacientes de la planta de Oncología que van a cerrar en verano en Algeciras para no contratar personal”.

Un grupo de trabajadoras de cocina de diferentes hospitales públicos andaluces, que este domingo se han echado a la calle a defender una sanidad digna, pública y sin recortes, se protege de calor debajo de una pérgola enfrente del escenario donde terminará la jornada reivindicativa. La pinche Ángeles Cuaresma denuncia que en la cocina del Hospital Macarena de la capital andaluza han pasado de estar 32 trabajadores a 24, lo que ha provocado que en las cenas no haya segundo plato para los enfermos y, en lugar de una merluza a la plancha con verduras de guarnición, se haya sustituido por dos lonchas de fiambre de pavo; pero lo que de verdad quiere Ángeles Cuaresma que salga en este reportaje es que, para ahorrar en personal, se usan platos y cubiertos de plástico de un solo uso: “Con lo que esto contamina, hijo mío de mi vida. ¡Qué lo sepa Medio Ambiente, qué lo sepa!”.

Jesús Candel 'Spiriman' a la cabeza de la marea blanca andaluza en Sevilla. FOTO: RAÚL SOLIS.

Cerca de las cocineras, seis médicos residentes, insultantemente jóvenes y ataviados con las batas blancas, explican que “estamos siendo usados”, por sueldos de 1.000 euros, para sustituir a médicos titulares cuando su cometido es el de aprender “y no el de tapar los recortes” sanitarios en los hospitales andaluces. “En el Hospital de Motril (Granada) faltan nueve médicos titulares y somos los residentes quienes los estamos sustituyendo, con jornadas infernales y guardias y horarios insoportables”, se lamenta una joven médica que recuerda que “todo esto al final lo están pagando los pacientes”.

Pacientes como la madre de la sevillana María Jesús Lozano, a quien tardaron tres meses en operarla de un cáncer de riñón cuando la normativa indica que el tiempo máximo de espera para este tipo de intervenciones no ha de ser superior a 30 días. María José cuenta que, harta de poner quejas al gerente del Hospital Macarena sin que le hiciera caso, se fue a la Fiscalía de Sevilla a interponer una denuncia por el incumplimiento de la ley: “Dos días tardaron en llamar a mi madre después de poner la denuncia en Fiscalía, pero, -se pregunta-, ¿ y si el cáncer de mi madre hubiese sido muy agresivo y la espera la hubiera matado?”.

En el tumulto de una manifestación en la que no cabe un alfiler, otro grupo de enfermeras granadinas canta eslóganes reivindicativos en la céntrica Avenida de la Constitución de la capital andaluza, frente a la sede del Servicio Andaluz de Salud (SAS): “Ahí está la Cueva de Alí Babá”, repiten una y otra vez. De todas, la que canta con más brío es María Gámez, enfermera en el Hospital Clínico de la capital nazarí, uno de los hospitales incluidos en el decreto de fusión de la Junta de Andalucía que provocó las masivas manifestaciones en Granada que obligaron al Gobierno de Susana Díaz a derogar las intenciones de recortar por la mitad los hospitales granadinos.

Presentes en la marea. FOTO: RAÚL SOLIS.

María enumera todos los lamentos que la han levantado bien temprano de la cama para venir a manifestarse a Sevilla en su día libre: “En Granada es horroroso los recortes que estamos sufriendo. Somos 12 enfermeras y dos auxiliares para toda la planta de Obstetricia, sin contar las cunas de los bebés. Y en el turno de tarde, una auxiliar y una enfermera. Es insoportable, están matando nuestra sanidad pública y los pacientes lo pagan con nosotras”, manifiesta con la velocidad de quien parece que lleva mucho tiempo harta de penar por la situación del servicio en el que trabaja. “Antes de los recortes, éramos 40 personas, entre enfermeras y auxiliares”, apostilla.

Mientras la enfermera María Gámez canta delante de la sede del SAS, en la cabecera de la manifestación, decenas de manifestantes se saltan el cordón de seguridad para besar y abrazar a Jesús Candel, ‘Spiriman’, el médico granadino subido a los altares de la defensa de la sanidad pública, al que la gente besa casi con la misma devoción que si fuera una imagen de Semana Santa y que es aupado por los manifestantes para hacerse un selfie con un mar de gente de fondo que han llenado de blanco las calles de la capital andaluza y que señalan directamente al Palacio de San Telmo, donde tiene su despacho la presidenta andaluza, como culpable de todos los males de la sanidad andaluza que, según los últimos datos aportados por el Ministerio de Sanidad sobre gasto sanitario, es la que menos invierte por habitante. Además, por si fuera poco, según las cifras aportadas por la asociación Justicia por la Sanidad Pública, el total de recortes en la sanidad andaluza, entre el año 2008 y 2014, asciende hasta los 1.570 millones de euros y se han perdido más de 7.500 puestos de trabajo, entre otras grietas por las que hace agua el relato triunfalista del Gobierno andaluz.

“Nos vamos a casa, pero si no se arregla, guerra, guerra, guerra”, sentencia Elisa, una de las voluntarias que se ha encargado de ordenar el centenar de autobuses venidos de toda Andalucía y de la logística de una manifestación que ha llenado las calles de Sevilla de un grito unánime en defensa de lo público y que, a buen seguro, habrá llegado hasta los oídos de Susana Díaz, quien tiene un problema político de primer orden en la sanidad que un día fue la joya de la corona.

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