Laura y María, un mes sin ver a sus abuelos adoptivos

Dos voluntarias de la ONG Adopta Un Abuelo relatan su experiencia con Manolo y Lola, residentes de Puerto Luz Resort, un geriátrico de El Puerto al que no van desde que se decretó el estado de alarma

Lola y María Caparrós, abuela y nieta, en una foto de hace unas semanas.
Lola y María Caparrós, abuela y nieta, en una foto de hace unas semanas.

Manolo es un antidepresivo. Es vitamina pura”. Quien habla es Laura Mendoza, una portuense de 40 años que hace uno que “adoptó” a un abuelo, concretamente a Manolo, o él lo adoptó a ella. No se sabe quién aporta más al otro. Su nombre completo es José Manuel, pero todos lo conoce por Manolo, una persona “especial”, un torbellino de pasión y alegría. A sus 63 años, vive con su madre en una residencia de El Puerto, Puerto Luz Resort, cerca de Valdelagrana, una de las que colabora con la ONG Adopta Un Abuelo, que empareja a jóvenes con personas mayores, a las que hacen compañía y dan conversación, en la medida de sus posibilidades.

Laura iba a ver a Manolo una vez a la semana. Desde que se decretó el confinamiento, lo llamada varias veces en semana y hablan por videollamada, también. “Íbamos a dar un paseo o a tomar café, a la playa, que le encanta…”, relata Laura. Es responsable de una tienda, trabaja 40 horas semanales, y tiene marido e hijo adolescente. “Manolo ya es parte de la familia”, dice Laura, que celebró su 40 cumpleaños con él y se intercambiaron regalos por Reyes. “Le regalé un bolso y un reloj del Cádiz, y le encantó, es muy cadista”, dice ella.

“Manolo lo lleva bien, porque dice que lo más importante es la salud”, cuenta. Su madre, Pepi, cumplirá 90 años el próximo mes de julio, por lo que ambos se cuidan mutuamente. “Viendo cómo se ayudan te quedas embobada, la pasión que siente el uno por el otro es digno de ver”, explica Laura Mendoza, que describe a Pepi como una persona muy inteligente. Y gran lectora. “Siempre tiene un libro en la mano, con ella puedes hablar de cualquier cosa”. Manolo tiene un hermano gemelo. Durante el parto, a él le faltó oxígeno y nació con parálisis cerebral, aunque eso no le impide escribir, su gran pasión —tiene varios blogs—, hacer deporte, y todo lo que se proponga. “Es autosuficiente”, cuenta Laura, quien añade: “Aprendo mucho de él”.

Manolo es una persona “súper positiva”, dice su nieta adoptiva. “Me da vida, salgo del trabajo, voy a verlo y es como un antidepresivo”, insiste para describirlo. “La experiencia es maravillosa e increíble”, agrega en referencia a su trayectoria como voluntaria en Adopta Un Abuelo. “Debería probar todo el mundo, es muy gratificante”, señala Laura. “Yo siempre digo que no lo adopté a él, nos adoptamos mutuamente”. La portuense confiesa que “no era consciente del problema que supone la soledad. Cuando entraba en la residencia se notaba. Hay mucha tristeza. Todos quieren acercarse, quieren hablar”. Por eso cada vez está más convencida de que tomó la decisión correcta cuando se involucró en el proyecto.

Manolo, con Laura (derecha), celebrando su cumpleaños.

María Caparrós también acude a la misma residencia, pero para visitar a Lola, su abuela adoptiva desde hace unos meses. Ella es ginecóloga y vive en Cádiz desde mediados de 2019, cuando se decidió a probar. “Vivía en Madrid y vi un anuncio en el Metro, me encontró a mí”, explica. A María, visitar y hablar con Lola le sirve para “parar”. “La vida es vivir, no solo sacar la producción adelante. Me hace sacar tiempo, dejar de mirarme a mí, y ver que hay muchas más cosas importantes”, relata.

Lola tiene 83 años y padece demencia senil, por lo que a menudo le repite una y otra vez las mismas historias a María, aunque a ella no le importa. “Al principio me miraba y no me reconocía, pero luego caía y empezábamos a hablar. Agradece mucho que alguien esté pendiente de ella, que le preguntes cómo está… ese cariño lo nota”, dice María. Lola es “amiga de todos”. “Ella dice que es muy borde, pero es una bordería de Andalucía, es muy salada”, la describe su nieta adoptiva, que no la ve desde hace más de un mes y medio. “Decidí no ir cuando empezó a haber casos porque trabajo en el hospital y no quería exponerla a ese riesgo”, cuenta. Por eso la echa tanto de menos, “quizás yo más que ella”, dice.

María nació en Alicante, pero en su adolescencia se trasladó a Sevilla, y luego ha estado en Madrid antes de recalar en Cádiz. “Mi abuela biológica sigue en Alicante, y hablamos con ella todos los días, le conté lo de Lola y está muy orgullosa”, comenta. “Siempre he tenido mucha afinidad con mis abuelos”, relata, ahora que tiene dos abuelas, una biológica y otra adoptiva. “Lola siempre saca el lado positivo de todo, voy con todo el agobio y allí se para el tiempo, ves que yendo a la esencia de las cosas se puede ser feliz”, agrega.

Adopta Un Abuelo nació en 2014 y, desde entonces, viene emparejando a nietos y abuelos y abuelos adoptivos de todo el país. “El objetivo principal es que el abuelo pueda compartir tiempo con un voluntario, sintiéndose escuchado, acompañado y querido”, describe la propia ONG, que con el inicio del estado de alarma ha puesto en marcha el proyecto Minutos en compañía, destinado a hacer más llevadero el confinamiento a personas mayores que se sientan solas.

El teléfono gratuito 91 949 01 11 recibió en las primeras dos semanas de servicio más de 4.000 llamadas de mayores, que recibieron en ese periodo 72.000 minutos de compañía, dentro de la iniciativa Minutos en Compañía lanzada por Adopta Un Abuelo en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid y el apoyo de numerosas empresas colaboradoras. A pesar de lanzarse en la Comunidad de Madrid, el servicio lo han utilizado mayores de provincias como Zaragoza, Barcelona, Ciudad Real, Almería, Jaén, Alicante o Burgos.

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