El cierre de la ruta por Libia motiva un crecimiento exponencial en 2017 que las ONG vaticinan que seguirá en ascenso.

Ajena a lo cerca que ha estado de la muerte, Zoe juega divertida con los voluntarios de Cruz Roja en Algeciras. Tiene tan solo dos años. Cuando sea mayor, seguro que sus padres le contarán cómo esa mañana del 29 de noviembre de 2017 el buque ‘Luz de Mar’ de Salvamento Marítimo les rescató, in extremis, a bordo de una patera que navegaba a merced de un furibundo temporal de viento y lluvia en el Estrecho. Zoe, sus padres y ocho compañeros de viaje, todos subsaharianos, consiguieron pisar suelo europeo justo el mismo día en el que el embravecido mar mató a tres inmigrantes e hizo desaparecer para siempre a otro número indefinido de personas.

Podrán contarle también a Zoe que llegó a España justo en un año que ya va camino de un triste récord: 2017 ya es el que ha registrado la mayor llegada de pateras de los últimos diez años. A falta de un mes para su fin, este año será recordado por estas cifras, pero también por unos cambios en las pautas migratorias en el Estrecho que hacen prever a las ONGs que la ruta española seguirá en constante e imparable crecimiento y desbordando los servicios de atención en la provincia. Concretamente, hasta octubre, los equipos de emergencias de Cruz Roja en Cádiz atendieron a 5.136 personas rescatadas de aguas del Estrecho de Gibraltar.

Ha bastado este recién terminado noviembre para que el número de rescatados ya ascienda “a los 6.000”, tal y como estima Iván Lima, técnico del ERIE (Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias) de Cruz Roja. “En solo la primera semana del mes superamos a todos los auxiliados en octubre”, reconoce Lima. A él y su equipo de voluntarios correspondió atender a Zoe y buena parte de los llegados en un año que difícilmente el técnico olvidará. “Llevo como voluntario desde 2005 y como técnico de la casa desde 2009 y puedo decir que este año es el que hemos tenido más inmigrantes”, remacha con firmeza Lima.Las estadísticas le dan la razón al técnico. De los registros que maneja Cruz Roja Cádiz de la última década no hay cifra tan abultada. A los 6.000 de este año le siguen, de lejos, las 1.931 personas atendidas en 2014 y los 1.509 del pasado 2017. Y eso son solo las personas atendidas por la entidad tras un rescate, sin contar las pateras que consiguieron llegar sin ayudas ni rescates, las que fueron devueltas por Marruecos o las que desaparecieron para siempre en el mar. Los datos nacionales tampoco invitan al optimismo. Ana Rosado, encargada de migraciones de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, estima que a toda la península ya han llegado 17.000 inmigrantes, sin contar los saltos de la valla de Ceuta y Melilla y frente a los 14.128 llegados en 2016.

Más en España, menos en Europa

Por su parte la agencia europea de fronteras Frontex calcula que, hasta el pasado mes de septiembre, llegaron a España por la denominada ruta del Mediterráneo Occidental 13.831 personas, mayoritariamente marroquíes (3.167), seguidas de originarios de Costa de Marfil (2.446) y de Guinea (1770). Aunque la vía española no es, ni de lejos, la que más migrantes mueve (la ruta del Mediterráneo Oriental por Grecia movió 33.779 personas hasta octubre), pero su crecimiento preocupa. “Mientras que se está reduciendo la llegada de inmigrantes a Europa, a España están llegando más”, reconoce Rosado.

De hecho, la agencia de la ONU para los Refugiados Acnur ya ha alertado de que la vía española “registró un aumento del 90% en las llegadas terrestres y marítimas durante el tercer trimestre de 2017 en comparación con el mismo período del año anterior”, según su último informe publicado el pasado 23 de noviembre. Y toda esta escalada se traduce en saltos de las vallas de las ciudades autónomas y llegadas masivas a las costas de Almería, Granada y Cádiz, donde un estrecho de apenas 14 kilómetros empuja a jugarse la vida por llegar. “Es como un caramelo en la boca, desde Tánger personas que llevan años esperando llegar a Europa ven las luces del puerto de Tarifa”, reconoce la activista de APDHA.

La vía española “registró un aumento del 90% en las llegadas terrestres y marítimas en el tercer trimestre de 2017 frente al mismo periodo del año anterior

Y el deseo ha sido capaz de obrar cambios en unas pautas migratorias que, en Cádiz, llevaban años inalterables. “Este año hemos tenido activaciones (por las atenciones de emergencias) en ciudades poco habituales hasta ahora como Chiclana, El Puerto o Cádiz capital”, relata Lima. A su vez, el Estrecho se ha vuelto a convertir en escenario de rescate de pateras de madera de mayor capacidad (unas 50 personas), donde viajan magrebíes mayoritariamente. Hacía años que no se veían este tipo de embarcaciones que, hace años, dieron su nombre a la forma de llegar por mar de los inmigrantes. “La media era de 10 personas en balsas de juguete, pero este año han vuelto a llegar pateras grandes. Incluso llegó una de 87 inmigrantes a Barbate”, explica Rosado.

La presión migratoria ha llevado a que ya no existan temporadas de pateras. Aunque los meses de primavera y verano siguen siendo los de mayor afluencia, el flujo ya se ha desestacionalizado, como advierte Lima. Y no solo eso, el afán por llegar también lleva a arriesgar más la vida. “Antes, los días de viento de levante decíamos que serían jornadas tranquilas, ahora es justo al revés”, explica el técnico. Los migrantes, ahora más coordinados y viajando con dispositivos como smartphones o teléfonos satélite, buscan estos días de mala mar para evitar ser interceptados por la guardia costera marroquí, con buques con menor capacidad de respuesta que los españoles.

Las políticas europeas

No es fácil determinar las causas del incremento que se vive en el Estrecho. Rosado descarta que los recientes conflictos del Rif hayan pesado en engordar el número de marroquíes que llegan a España ya que “son mayoritariamente de la zona de Kenitra”. De hecho, tiene claro que la respuesta no está a corto alcance. “No somos conscientes muchas veces lo importante que son las relaciones internacionales en estos movimientos”, detalla la voluntaria de APDHA. De hecho, en su entidad achacan el incremento al recrudecimiento de la vía de Libia con Italia que ha hecho esta zona mucho más peligrosa para los inmigrantes.“Son vías mucho más vigiladas dada la externalización en la vigilancia de la inmigración que Europa está haciendo con países como Libia, Turquía, Túnez o Sudán. La Unión Europea lo llama acuerdos de cooperación internacional, pero realmente lo hace para externalizar esta vigilancia”, denuncia Rosado. Frente a ello, la ruta española está regida por acuerdos bilaterales entre nuestro país y Marruecos, Argelia, Mauritania o Senegal. “El poder económico que tiene la UE no es el que tiene España, por tanto el control no es igual efectivo”, añade la responsable de APDHA que se pregunta: “¿Hasta cuándo se seguirán realizando acuerdos con países que no respetan los Derechos Humanos?”.

Lo cierto es que estas políticas migratorias a gran escala “hacen que exista un contexto favorable a las mafias”, como reconoce Rosado. Eso por no hablar de las consecuencias más cercanas en la provincia. Jose Carlos Cabrera, mediador intercultural en el centro de protección de menores Nuestra Señora del Cobre, en Algeciras, estima que este año acabará con una llegada de un 79% más, con respecto al año anterior, de menores extranjeros no acompañados a nuestras costas. Eso ha llevado a la total saturación de los centros de menores con complicadas situaciones que llevan meses denunciando sindicatos y trabajadores. De hecho, el pasado 24 de noviembre el centro de La Línea acogía a 45 niños, cuando tiene capacidad para 24. “La mala gestión es más que evidente”, añade Rosado.

El ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, ha anunciado la construcción de un CIE “del futuro” en Algeciras que tendrá capacidad para 705 personas

Y no solo con los menores. El Sindicato Unificado de la Policía (SUP) ya ha denunciado en varias ocasiones que el nuevo contexto migratorio y la falta de personal les está complicando realizar las devoluciones de los marroquíes a través de la frontera de Ceuta con las garantías adecuadas. Además, la estancia media en los CIE se ha reducido considerablemente y ha llevado a circunstancias extremas, como la conversión improvisada de una cárcel por inaugurar en un centro de extranjeros en Archidona. Todo ello, en una semana en la que el ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, ha anunciado la construcción de un CIE “del futuro” en Algeciras que tendrá capacidad para 705 personas.

Para Rosado, la solución es más sencilla que llegar a acuerdos con terceros países o la construcción de nuevos centros de internamiento. “Permitiéndoles llegar en un ferri, como podemos hacer tú o yo, se acabaría este drama. Es un derecho que no se les está permitiendo”. Mientras que esa u otra solución llega, lo cierto es que a familias como las de Zoe solo les quedará la vía de una patera a merced del mar. Por suerte, los padres de la pequeña podrán contarle algún día lo que pasaron para llegar a Europa. Por desgracia, Aimé Kabamba ya nunca podrá explicarle a su hijo Samuel por qué él y su madre Veronique fallecieron ahogados, en enero de este año, en un traicionero océano que les negó la posibilidad de encontrar un futuro mejor al otro lado del Estrecho. 

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