La extraordinaria historia de Ana Navarro, la abuela de 94 años que dio tres veces negativo en coronavirus

Esta señora de Alcalá del Valle, que sufrió la Guerra Civil y el hambre, ha vivido en pleno foco de contagio en el geriátrico de su pueblo y ha permanecido aislada junto a positivos en el hospital de Ronda. Este domingo ha pasado a planta. Lucas Pulido, el hijo que nunca tuvo, desmintió en redes sociales que hubiese fallecido. "Es un milagro", reconoce a lavozdelsur.es

Ana Navarro junto a Lucas Pulido, juntos en Alcalá del Valle, en una imagen reciente. FOTO: CEDIDA
Ana Navarro junto a Lucas Pulido, juntos en Alcalá del Valle, en una imagen reciente. FOTO: CEDIDA

Esta es una historia extraordinaria en un tiempo inexperimentado, que diría el filósofo Emilio Lledó. Esta es una historia increíble de una mujer que nació antes de la Guerra Civil (febrero de 1926), sufrió la contienda, padeció los tiempos del hambre y la dieron por muerta, muchísimas décadas después, a sus 94 años, en plena pandemia global por el coronavirus. Este relato que parece de película —aún hay más— es el caso real de Ana Navarro López, una de las internas de la residencia de ancianos Dolores Ibárruri de Alcalá del Valle, donde 58 personas, entre internos y trabajadores, dieron positivo en una semana, donde han fallecido seis residentes, y donde la Junta de Andalucía acabó decretando la clausura temporal de las instalaciones el pasado martes, previo desalojo de los abuelos y abuelas a la residencia del Tiempo Libre de La Línea, a 125 kilómetros de allí y en contra de la voluntad de los familiares.

El cerrojazo se produjo después de tener al alcalde, a su equipo de gobierno y a los pocos trabajadores que resistieron el embate por el contagio cuidando de los abuelos durante cuatro interminables días. Pero esa es otra historia. Esta es la insólita historia de Ana Navarro López, a la que el pasado miércoles daban por muerta. Y no es que Ana haya fallecido, es que Ana ha superado tres test de coronavirus en menos de dos semanas y en los tres el resultado ha sido el mismo: negativo. Tal es así que, después de un primer negativo en la propia residencia de su pueblo, fue trasladada al hospital de Ronda, donde volvió a dar negativo en una prueba. Aunque siguió aislada en la unidad de infecciosos, este domingo, por fin, ha pasado a planta después de que el pasado viernes, en un tercer test, haya vuelto a dar negativo en SARS-Cov-2.

“Es un milagro”, confiesa a lavozdelsur.es, al otro lado del teléfono, Lucas Pulido Colchero, el hijo que Ana nunca tuvo, y que fue el encargado de difundir en las redes sociales que no, que Ana no solo no había fallecido, sino que a sus 94 años desafiaba al maldito bicho en su cara. “Es una amiga de mi familia por parte materna, muy amiga de mi madre, y me crie con ella en mi infancia, estuve la mayor parte de mi infancia con esta señora, cuidó de mí y le tengo un profundo agradecimiento y afecto, siempre la he considerado una segunda madre, por lo que quise dejar claro a mis vecinos que Ana, pese a los rumores y la confusión con todo lo que se ha vivido, no había fallecido. En los pueblos pequeños —Alcalá del Valle apenas supera los 5.000 habitantes— esas cosas corren como la pólvora, y por eso subí una foto que tenía con ella y dejé claro que Ana no había fallecido”, cuenta a este periódico.

Su publicación en la red social Facebook, que ya se ha viralizado, despliega optimismo y ternura por la suerte que ha corrido en los últimos tiempos una señora con una historia durísima a sus espaldas y que, como tantos otros abuelos y abuelas, no habría merecido un final tan terrible. Su padre murió muy joven y su hermana se fue a servir a la casa de una familia rica. Ana se buscó el pan trabajando y ayudando a la familia de Lucas. Profesor de Historia en un instituto de Granada, donde reside, este hijo de Alcalá del Valle, con 36 años, recuerda que “siempre le decía a Ana con sorna: con lo malamente que te has criado, los años que vas a vivir…”.

Los abuelos de Alcalá del Valle están en la residencia del Tiempo Libre de La Línea, donde vecinos han dejado estos mensajes.

“Esta señora pasó su niñez y su adolescencia de forma muy precaria, trabajando un poquito para ganarse el pan, limpiando, lavando la ropa, y siempre ha sido muy generosa, bondadosa, una señora que comía muy poquito, muy delgada, y ella sobre todo lo que siempre dice es que no quería portones, servir, su hermana era sirvienta y ella no lo quería. A ella le gustaba estar al sol, con su vaso de café y una rebaná de pan con morcilla. Y reír. Con eso es feliz. Por eso, en estas circunstancias, daba mucha pena que hubiera pasado por eso y tuviese ese final”. Pero de una forma extraordinaria, Ana ha resistido entre decenas de contagiados tanto en el geriátrico en el que residía como en el hospital en el que fue ingresada. “Ella no tiene familia, nada de familia, ni primos, ni sobrinos…, no le queda familia ninguna, no tuvo descendencia, y el único calor es el de mi familia porque siempre estuvo vinculada a mi familia, y a mi me tiene como un hijo”, manifiesta Lucas.

Aun así, este joven de Alcalá no consta como tutor legal, ni figura como pariente en ninguna parte, por lo que le preocupa qué será de Ana, de su segunda madre, cuando la trasladen desde Ronda a, presumiblemente, la residencia del Tiempo Libre de La Línea, donde conviven aislados desde el pasado martes el resto de abuelos de Alcalá del Valle. “Queríamos llevarla a otra residencia, pero en ninguna admiten ahora mismo abuelos”, explica, al tiempo que lamenta la “escasa” información que le brinda la administración sobre los mayores, una queja común a todos los familiares en el caso concreto de los abuelos de Alcalá del Valle.

En todo caso, Lucas asegura que Ana, como ya ha demostrado, “es súper fuerte y tiene que tener un sistema inmunitario increíble para poder resistir. Tanto los trabajadores como los residentes, insiste, “han estado muy cerca de ella, porque ten en cuenta que es una residencia muy pequeña, y ella, que no tiene movilidad, ha estado sentada junto a otros internos sin separación apenas, y ha necesitado que la lleven, la cambien, la lleven a la cama… Es extraordinaria. De una treintena de trabajadores, veinte han dado positivo. Es un milagro, una suerte que esta señora no haya podido contagiarse, ni en la residencia ni en el hospital”. En Cádiz, donde en el momento de escribir este texto el coronavirus afecta ya a 447 personas, y se contabilizan nueve víctimas mortales, Ana es la resistencia, la esperanza de que cuando todo esto pase, abrazar a nuestras abuelas cobrará, más si cabe, un nuevo,  emocionante e inexperimentado significado.

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