El ‘Merca’, levantarse a las dos de la mañana para que los tomates lleguen a tiempo a tu mesa

Raúl Franco lleva desde que era “chico” madrugando para descargar y preparar la mercancía para los minoristas. Al otro lado, Antonio y Francisco se encargan en sus tiendas de barrio de venderla al consumidor: “Con esto del coronavirus, la gente no se toma tapitas en la calle y compran más fruta y verdura”

El ‘Merca’, levantarse a las dos de la mañana para que los tomates lleguen a tiempo a tu mesa

MERCA_CORONAVIRUS-15
MERCA_CORONAVIRUS-15
MERCA_CORONAVIRUS-6
MERCA_CORONAVIRUS-6
MERCA_CORONAVIRUS-8
MERCA_CORONAVIRUS-8
MERCA_CORONAVIRUS-10
MERCA_CORONAVIRUS-10

Son las siete de la mañana, el cielo empieza a aclararse pero todavía no ha amanecido. Cuando lo haga, el sol no podrá quitar la penumbra. En la rotonda del polígono industrial de El Portal que linda con Mercajerez las gotas de lluvia caen cada vez con más fuerza sobre el asfalto. Los camiones y coches que salen y entran del centro que concentra la comercialización mayorista de frutas, verduras y pescado en Jerez esquivan los numerosos charcos de la calle principal. Este es el punto de encuentro entre mayoristas y minoristas, un eslabón fundamental de la cadena de distribución alimentaria. 

El parking del Merca, como se lo conoce popularmente, está lleno de pequeñas furgonetas de fruterías de toda la localidad. Unos sin guantes y mascarillas, otros con guantes, pero sin mascarillas, y algunos con el equipo de protección completo, cargan cajas de frutas y verduras a sus vehículos. Uno de ellos coge una calabaza gigante, que por su dimensión requiere de sus dos brazos para ser trasladada. "Vamos tirando, pero sí, sí que se vende más... nosotros vendemos más", reconoce a lavozdelsur.es mientras sigue llenando su coche de cajas.

Hemos llegado un poco después de la hora punta, el momento en el que se concentra el mayor número de comerciantes aquí. "Bueno, más o menos a las 6 de la mañana", dice Francisco Javier Román, que regenta una frutería en la calle Arcos junto a su esposa. "Hay que pagar gastos, las cuotas de autónomos, que son 600 euros, pero luego también el coche...", reconoce sin estar muy convencido de que el aumento de las ventas desde que se declaró el estado de alarma sea significativo. 

“¿La caja? 19 euros”, dice un mayorista a una frutera en otro de los pasillos del Merca, que se encuentra dividido en dos naves principales llenas de frutas y de verduras. En la actualidad Mercajerez tiene el 98% de sus instalaciones ocupadas, una cifra que no lograba desde hace casi 20 años. De hecho, la gestora de Mercajerez cerró el año pasado con los mejores resultados desde hace quince años. A la unidad alimentaria, que está a punto de cumplir medio siglo —fue inaugurada en 1973—, acuden comerciantes de toda la Bahía de Cádiz, de la Costa Noroeste y de la Sierra de Cádiz. 

Francisco, minorista de una frutería, comprando en el Mercajerez. FOTO: MANU GARCÍA.

"Lo que más molesta es la mascarilla, a los guantes te acostumbras y no molestan tanto", dice otro minorista que apila cajas de fruta a un lado, en el pasillo central del mercado. Antonio Ríos Burgos lleva más de dos décadas llevando tomates, cebollas y pimientos a su barrio, La Granja. "Mira cómo está el tiempo, hoy vamos a necesitar mucha berza porque la gente lo que quiere es puchero calentito", reconoce. Entre sus compras, también mucha fruta, aunque menos la de temporada. "Está la gente pidiendo mucha naranja, pero ya se va el tiempo, se pone más cara y empiezan a venir las guindas, los nísperos, los damascos y las nectarinas", aclara. Como su colega Francisco, ha notado una mayor demanda desde que el coronavirus apareció en nuestras vidas. "La gente le da por comprar, como no van a los bares y no toman tapitas, compran más fruta y verdura", comenta. El frutero prosigue con su trabajo y se despide para entrar dentro de una nave y abonar lo que le corresponde. “Claro, claro, vendo más, pero aquí estamos”, dice. 

"Hubo una generación que no comía fruta, solo quería cachondeo” 

En una de las naves de mayoristas, el ajetreo entre la caja de pago, la venta y la compra es constante. “¿Esto qué es... una entrevista? Pero ¿hay dinero?”, bromea uno de los comerciantes a este medio”. ¿No? Entonces no sé, compadre... mira, mira, este es el dueño”, ríe señalando a Raúl Franco, uno de los veteranos en la venta al por mayor de frutas y verduras en el Merca. "Aquí estamos como siempre, con la misma plantilla y vendiendo más o menos igual", dice en referencia a la crisis de la covid-19. No obstante, reconoce que lo que ha sucedido es un cambio en los patrones de compraventa. "Lo que ocurre es que el consumo de las barriadas se ha disparatado al no poder la gente desplazarse, sin embargo, la plaza está algo más jodida", explica. 

Raúl pertenece a una empresa familiar que fundó su padre, los Hermanos Franco, a la que ayudaba desde que "era chico". "Antes del Merca teníamos un negocio fuera, una nave del mercado, cuando lo hicieron nos venimos pacá", comenta. Este mayorista se levanta a las dos de la mañana para preparar las descargas, dar entrada a las mercancías y poner todo dispuesto para la venta. "Hasta las cinco de la mañana no empieza la venta a los minoristas", explica, haciendo hincapié en las dos o tres horas de trabajo que hay detrás cada día. Cuando los últimos minoristas se van, algo más tarde de las nueve de la mañana, siguen currando para hacer las gestiones de compra del día siguiente. "A mediodía rematamos, almorzamos y a dormir todo lo que no hemos dormido por la noche", ríe. ¿Es duro? "Hombre, te acostumbras, lo has vivido desde chico, pero esto es que te guste", advierte. 

Sobre el negocio reconoce que “aquí nadie se hace rico” pero que tampoco “se pueden quejar”. Afortunadamente, dice, la gente está hoy “más concienciada con el tema de la fruta y la verdura”. “Ahora se come más, pero hubo una generación que no comía fruta, que lo único que quería era cachondeo”, bromea. Una generación que no es la de los abuelos. “En la época de nuestros padres era diferente, en esa época sí que se comía fruta”, dice. 

En uno de los espacios más retirados de su nave, guarda varias cajas que va a donar a Costaleros por nuestros mayores, uno de los colectivos solidarios que han surgido a raíz de la crisis del coronavirus. “Les hemos dado calabazas y ahora tenemos más cosas para llamarles”, explica. En las cajas, hay kiwis, melocotones y manzanas. “A lo mejor hay dos o tres picadas en la caja, pero están buenas. Todo lo que le damos está a lo justo para vender, pero lo puedes comer tanto tú como yo, no hay ningún problema”, concluye. El mayorista, orgulloso, muestra su nave y posa para lavozdelsur.es con una caja de los que considera su mejor producto. “Aguacates pata negra”, dice. Raúl lleva cinco horas en pie. A sus aguacates todavía le faltan al menos un par de horas más para llegar a tu mesa.  

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído