Yo dije 'adiós' a la Iglesia

A la Iglesia le preocupa que cada vez menos españoles sean católicos. Los apóstatas siguen creciendo

Yo dije 'adiós' a la Iglesia. Apóstatas jerezanos, ante el Obispado de Asidonia-Jerez.
Yo dije 'adiós' a la Iglesia. Apóstatas jerezanos, ante el Obispado de Asidonia-Jerez. MANU GARCÍA

“Señor obispo, quien suscribe este escrito, comparece ante usted a través de este medio a fin de manifestar que el hecho de haber recibido el bautismo, al poco de nacer, en el seno de la Iglesia católica, por una decisión familiar unilateral —sin duda presionada por la costumbre social que hace siglos impuso la Iglesia a pesar de ser contraria a los Evangelios que, tal como es de lógica, postulan el bautismo en la edad adulta y bajo la propia decisión y responsabilidad del bautizado—, implicó que se negaran a quien suscribe todos los derechos que jurídicamente le correspondían y corresponden y, de facto, se le obligó a formar parte activa de un determinado núcleo de creencias”. Este texto es solo un extracto del formulario que entregan las personas que quieren apostatar, es decir, dejar de pertenecer a la Iglesia católica.

Abraham y África son dos de ellos. Él formalizó su salida hace unos cuatro años, ella está a punto de cumplir una década. ¿Por qué? “No doy valor al bautismo”, dice África Ferrer, atea confesa prácticamente desde su infancia. A pesar de que estudió en “un colegio de monjas” y de haber sido incluso catequista, hubo un momento en el que decidió que no quería seguir perteneciendo a la Iglesia. Fue tras ver en redes sociales el procedimiento que había que seguir para apostatar cuando decidió que iba a dar el paso.

Entonces acudió a su parroquia para pedir la fe de bautismo, y luego al Obispado donde, después de esperar en una sala en la que “una monja me intentó convencer para que no lo hiciera diciéndome que el Niño Jesús se iba a poner triste”, y no obtener la documentación necesaria para procesar su baja, tuvo que denunciar ante la Agencia de Protección de Datos para que se efectuara. “Hubiera preferido que me excomulgaran”, dice África, “aunque es complicado”, añade.

Ella es de las que piensan que “la religión no tiene ningún sentido”, por eso decidió ser fiel a sus principios y concretar su salida de la Iglesia. Ferrer, que pertenece a la plataforma laicista de Jerez, asegura que los apóstatas que hay, en la provincia y en el resto de España, son pocos —al menos es lo que puede deducirse de las diócesis que publican estos datos—, y que a la jerarquía eclesiástica no le preocupan estos números y sí las encuestas del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) que reflejan que cada vez menos españoles son católicos. La última, de diciembre de 2017, recoge que el 68,7% se consideran como tal, nueve puntos menos que hace diez años; un 2,8% son creyentes de otra religión; un 16,9% no son creyentes; y un 9,3% son ateos.

De los creyentes, el 56,2% afirma que no acude “casi nunca” a misa

De los creyentes, el 56,2% afirma que no acude “casi nunca” a misa. Abraham Gil hace bastantes años que no va. Durante su adolescencia hasta perteneció a una hermandad de Jerez y llegó a salir de penitente, pero empezó a “dejar de creer”. Por eso en 2014 solicitó su fe bautismal en la parroquia donde lo bautizaron de pequeño, donde mantuvo una charla de una hora con el párroco. “Intentaba apelar a los sentimientos, me hablaba de la labor de las monjas en África, yo le decía que eran intolerables los casos de pederastia en la Iglesia… pero todo en un tono muy cordial”, recuerda.

Después de varias visitas al Obispado, consiguió el documento que tenía que firmar y que recogía los derechos que perdía al apostatar: “Queda fuera de la comunión eclesial, no puede ser recibido en asociaciones públicas eclesiásticas, no puede contraer matrimonio canónico sin licencia previa del ordinario del lugar, no puede participar en el sacramento de la eucaristía y deberá ser privado de las exequias eclesiásticas”. Abraham explica su decisión: “No quiero pertenecer a la misma organización que arzobispos que dicen tantas barbaridades”. Ahora, dice, vive “más tranquilo”, porque “tengo el respaldo moral de no pertenecer a ninguna religión”.

África, que escucha la historia de Abraham, se queja de que “la Iglesia no borra tus datos”. Una sentencia de 2008 del Tribunal Supremo avala que la Iglesia no tenga que anotar en los libros de bautismo las declaraciones de apostasía, como pedía la Agencia Española de Protección de Datos, ya que “no son un fichero de datos ni sus asientos prejuzgan la pertenencia actual a la Iglesia Católica” y, además, los acuerdos alcanzados por España y la Santa Sede en 1979 recogen que se garantizarán la inviolabilidad y la confidencialidad de los archivos y registros de la Iglesia.

De ahí el comentario de África, quien asegura que, en su día, estudió Química y descubrió que “el mundo tiene otras explicaciones”, aunque hay gente que no entiende que haya apostatado. “Tienes que respetar a los católicos, pero algunos el respeto que entienden es: cállate”. Ella dice que “las personas tienen derechos, las ideas no, por lo que son susceptibles de ser criticadas”.

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